El texto ha sido levemente recortado, para hacerlo menos dependiente del contexto de 2005 en que fué escrito. La fotografía de la nueva redaccion del diario parisino Libération no alude precisamente a su falta de profesionalidad. Justo hace unos días (en 2011), hemos podido saber del caso del periodista Denis Robert, ejemplo de coraje cívico y honradez inquebrantable, algo que contrasta con alguna de las inquietudes que pueden verse a continuación, en las que también quedan incluídos los lectores, oyentes o espectadores, cuando son más bien pasivos y quejosos que activos ante la comunicación pública.

(…) [Quisiera] recordar algunas cuestiones inquietantes que hoy encontramos en el mundo de la comunicación. Trataré ahora de una de ellas. Más adelante podrán venir otras.

La primera cuestión inquietante nace al corroborar que se pierde la perspectiva diciendo que en la historia de la comunicación hay tantas “innovaciones radicales” (sobre todo en las herramientas técnicas), que parece natural que esa historia esté plagada de sucesos “apocalípticos”. Cosa que sucede cuando se mira sólo la superficie de las cosas, haciendo luego tremendismo para conseguir audiencia. Viene a ser como hablar cada semana de la “boda del siglo”.

Es cierto que a muchos nos gustaría ser románticos protagonistas o testigos de grandes sucesos revolucionarios, pero bien vistas las cosas, en el mundo de la comunicación hay más evoluciones que revoluciones. Y las primeras exigen de ordinario más preparación profesional y ganas de trabajar que las segundas, alimentadas sobre todo a base de buena voluntad, ilusiones y corajes.

Lo que resulta inquietante es ver -en el mundo de la comunicación pública- abundante(s) falta(s) de profesionalidad.

Inquieta ver demasiada mentalidad de espectadores y demasiado poca actitud de actores en la vida profesional, que es lo que hoy da vigor a la vida social. Inquieta lo que dice un amigo filósofo: que la nuestra parece una época de gentes bloqueadas e indecisas, entre un pasado que no termina de pasar y un futuro que no termina de llegar. Gentes que esperan que sean otros quienes hagan pasar ese pasado que parece que nos lastra y traigan un futuro, siempre visto como liberador. (Se trata de una nueva modalidad de aquel “¡que inventen ellos!”: ¡que decidan ellos!). (…)

Es inquietante que en el mundo de la comunicación pública haya quienes, en efecto, no están ni en los “medios tradicionales” ni tampoco en los “nuevos medios”, porque a fin de cuentas resulta que no están realmente “en los medios” y en las necesidades concretas de la comunicación en cada día. Miran y hablan de ellos, pero inquieta comprobar que lo hacen desde fuera: están, quizá en “los negocios”, o quizá en “la política”, o simplemente en “la gestión”, cosas más cómodas, egoístas e impersonales de lo que parece a simple vista.

Y esto no sucede solo a profesores en Facultades de Comunicación (que sucede), sino a profesionales de las redacciones y los talleres (y sobre todo de la gerencia) de los “medios tradicionales”, lo mismo que de los “nuevos medios”.Es inquietante ver profesionales de la comunicación pública que viven en un “¡ay!”, en un continuo sobresalto desconcertado. Y -lo que es mucho peor- provocando efectos desconcertantes en quienes esperan de ellos saber cómo están las cosas.

Es inquietante ver falta de profesionalidad en un mundo que sale adelante a base de las profesiones y los profesionales. Sean éstos arquitectos, médicos, jueces, conductores de autobuses o comunicadores.

Ante una cuestión inquietante como ésta, produce sosiego lo dicho por José Luis en la anotación que da pie a ésta. Y también causa sosiego, por ejemplo, ver la profesionalidad de James Bone, corresponsal de The Times en NY, poniendo ayer las cosas en su sitio (Where Is the Car?, en el Wall Street Journal) acerca de su profesionalidad periodística ante las narices de Kofi Annan, quien dijo que no era un “periodista serio” por insistir en una simple pregunta que le resultaba incómoda. Como causa sosiego leer [via 24/7] a Julián Gallo en La Nación, hablando de los presentes desafíos de Un nuevo periodismo. O a Dan Gillmor anunciando su Center for Citizen Media, en colaboración con UC Berkeley y Harvard. (…)

[Publicado en eCuaderno, 28-12-2005]

 

4 Responses to Cuestiones inquietantes (1): falta(s) de profesionalidad [*]

  1. Carl Thiem dice:

    Cito: «hay más evoluciones que revoluciones. Y las primeras exigen de ordinario más preparación profesional y ganas de trabajar que las segundas». Ignoro cómo funcionan las redacciones en la actualidad; las conocí a finales del siglo pasado. Entraban los cables de agencias, y con buena voluntad se esperaban cables de otras agencias para contrastarlas y redactar. Por ejemplo, ver qué decían AP y UP sobre un hecho acaecido. O como leer uno mismo Time y Nwsweek para sacar una conclusión mínimamente válida. cuánto más interesante si además se filtraban Reuters y la AFP. No se encabezaba la noticia con la advertencia (Agencias). Ahora veo esto -cuando lo veo- con más frecuencia. Hay fuentes. ¿Hay acaso periodismo profesional sin fuentes? ¿No son las fuentes las que dan más sentido a la realidad -contada-? Tal vez me engañe, pero basta acercarse a Google para descubrir fuentes, casi con mayor velocidad que cables de agencias. Pero para que esto se convierta en un quehacer cotidiano -recurrir a fuentes- se requiere leerlas en su lengua o idioma original (donde están los matices e información entre líneas). Tampoco está de más que un ámbito sobre el que un profesional informa, lo tenga ya estudiado -todo en su contexto- recurriendo a un par de newsletters de think tanks -hay centenares de ‘fundaciones’ que brindan información más fundada de modo ideológicamente heterogéneo. No comprendo a un comunicador que no recurra a estas herramientas de modo habitual. Vuelvo a la cita: ganas de trabajar (no es falta de tiempo), y profesionalidad (estudio, rigor, honradez).

  2. noblejas dice:

    Carlos, mil gracias por el comentario. De entrada, las fuentes han sido un elemento esencial en asuntos de periodismo. Con todo, pienso que hoy esas fuentes andan medianamente contaminadas por intereses, digamos, bastardos, si queremos hablar en términos de legitimidad periodística. Visto que las fuentes eran primordiales en la fiabilidad, quienes han pensado y piensan más en sus intereses particulares que en el bien común, han ido convirtiéndose -por métodos y con modos de diversa calaña- en fuentes, pero ya decididamente interesadas. Por ejemplo, simplificando un poco las cosas, interesadas en «su verdad», y del todo desinteresadas de andar en busca de «la verdad», cosa que consideran o inexistente o inalcanzable.

    Me parece que, como bien dices, hay todo un camino por delante, hecho de ganas de trabajar y de profesionalidad (no sólo en periodismo, también en el resto de profesiones de comunicación pública) que conviene recorrer de nuevo, en los tiempos actuales. De entrada, pienso (por señalar, no un chivo expiatorio, sino una piedra en el zapato, por aquello del camino por delante), convendría lograr que los empresarios de comunicación fueran eso: estrictos «empresarios de comunicación», que es una cosa profesional muy específica, y no «empresarios en general» que -entre otras empresas- también tienen medios de comunicación a su servicio (en vez del servicio público) y por tanto al de sus otras empresas: comerciales, políticas, etc.

  3. […] si resulta de interés releer entradas antiguas: Cuestiones inquietantes (1): falta(s) de profesionalidad [*] y también Cuestiones inquietantes (2): “print the legend” [*] […]

  4. aues dice:

    Gracias.

    =================================
    ¿Está disminuyendo la profesionalidad de los trabajadores?
    =================================

    A mì me parece que la profesionalidad es una virtud en descenso.

    Como causas, relacionadas entre sí, se me ocurren:

    * Aumento de la complejidad de la sociedad humana, así como la velocidad de los cambios (relacionado con el aumento del caos al que se supone que se dirige la vida).

    * Precariedad laboral: contratos temporales, sueldos a la baja, …

    * Mucha gente trabaja sólo por ganar dinero, sin que le guste lo que hace durante su jornada laboral.

    * Sistema socioeconómico desorganizado, ahora mismo bastante patas arriba y posiblemente todavía empeorando.

    * Sistema educativo que no forma personas conscientes, críticas, autónomas, con iniciativa ni voluntad de mejora … sino más bien personas con mentalidad de esclavo(s al sistema socioeconómico).

    * Aumento de las diferencias entre las personas en múltiples aspectos, especialmente en su nivel intelectual y cultural, habiendo cada vez más gente con menos cultura y tal vez inteligencia (o la posibilidad de su expresión, debido al aumento de la contaminación, enfermedades, educación idiotizante, …).

    ¿Qué opináis al respecto?

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