Publico en Scriptor.org una entrada más bien larga, que también tiene un título más largo (Juicios fáciles sobre fotografías instantáneas: publica, vende, opina sin datos, aunque produzcas víctimas (muy lejos de la justa presunción de inocencia) con el siguiente arranque:

En la prensa italiana ha tenido bastante relieve de comentarios y juicios más o menos editorializantes la publicación por parte de algunos diarios de una serie de fotografías de la Senadora Finocchiaro, bien conocida en la vida pública italiana como jefe del grupo parlamentario del partido PD, socialista, de centro izquierda. Los diarios mencionados -inúltil señalarlo- no tienen la misma tendencia política que la senadora Finocchiaro, por supuesto.

En Twitter ha aparecido de inmediato el hastag #finocchiarovergogna, con algunos comentarios más bien feroces: «gli agenti usati come domestici», «ritirate la scorta alla Finocchiaro», «vergogna, usare le braccia della scorta per andare a fare la spesa» y cosas así.

En esas fotografías -una, sobre estas líneas- puede verse cómo su escolta policial -en efecto- le ayuda a hacer las compras en Ikea, e incluso a elegir una sartén, etc. Pero -sobre todo- ha causado cierto escándalo que los tres encargados de su seguridad personal hayan sido empleados por la senadora para hacerse cargo de su carrito de la compra, y -como puede verse-, al prestar atención a esos menesteres domésticos, dejan precisamente desentendida la tarea policial asignada de velar por su seguridad personal.

Inmediatamente han saltado periódicos acusando a la senadora del PD por dar semejante trato a (o usar de) unos funcionarios públicos. Por su parte, la Finocchiaro se ha apresurado a decir que la escolta le viene impuesta incluso en sus vida ordinaria, y que el que lleva el carrito es su chófer y lo conoce desde hace 20 años, sin aclarar si por eso deja de ser policía; y ha insistido que ella no ha pedido esa escolta, sino que le ha sido impuesta en razón de sus ocupaciones políticas…

Otros, como Pierluigi Battista, que comenta el asunto en las imágenes bajo este pçarrafo, del Corriere-TV, más bien dicen -alejándose de la postura crítica respecto de la Finocchiaro- que lo principal en este caso es que hay que desconfiar de las fotografías, antes que usarlas como evidencia para el ataque o la denuncia por la primera impresión que ofrecen de la realidad, reflejando sólo el instante en que fueron tomadas. Y eso puede generar equívocos, si no mentiras…

(Sigue aquí…)

 

Millán Berzosa me hace llegar noticia de la reciente sesión de Café&Periodismo, su Utopic_Day. Durante el encuentro -más bien festivo- se fué haciendo un collage de ideas en 140 caracteres recopilando los temas que -según los asistentes- resultan más candentes en periodismo.

Millán Berzosa (@mberzosa) y Bárbara Yuste (@byuste) hablan en el video realizado por Acens.com (ver aquí) sobre el planteamiento, mientras Francine Gálvez Djouma ofrece su perspectiva. Ahora, no estaría de más que unos cuantos pusiéramos cabeza y manos a la obra, pensando en el medio y largo plazo, además del inmediato, visto que ideas y ganas no faltan.

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Por si resulta de interés releer entradas antiguas: Cuestiones inquietantes (1): falta(s) de profesionalidad [*] y también Cuestiones inquietantes (2): “print the legend” [*]

 

De igual modo en que se producen fusiones empresariales, este nuevo blog “Repensar la Comunicación” es fruto de la convergencia de otros cuatro blogs que yo mismo mantenía abiertos, con contenidos y características relativamente similares.

El propósito de este blog reside en prestar atención primaria a las personas, en cuanto que -además de participar en la comunicación pública- todos gozamos de una dignidad personal nativa y cívica, que conviene siempre mantener presente, destacada sobre los restantes aspectos de nuestras personalidades, quehaceres y circunstancias.

Este blog nace con 360 entradas publicadas y más de 150 comentarios, si bien las conversaciones sobre los contenidos se mantienen muchas veces, como hoy es corriente, a través de Twitter o Facebook.

La dirección de acceso directo en la red es tanto http://repensarlacomunicación.com, como http://gentedigital.es/comunidad/cotufas/, que era la dirección del blog que se amplía y sustituye aquí, y que hemos preferido mantener siguiendo el bien fundado consejo de los expertos y sobre todo amigos de Gentedigital.es. En cualquier caso, tecleando “repensarlacomunicacion.com” se llega directamente aquí.

En principio pienso que no hay que dar muchas explicaciones sobre los antecedentes, porque interesa sobre todo mirar hacia adelante con el propósito del blog, aunque conviene evitar las sorpresas o extrañezas que puedan confundir a algún lector. Por esto paso a comentar los blogs previos que aquí se integran:

Repensar la Comunicación, del que toma nombre, era un sitio destinado pensar de nuevo la situación y las perspectivas de los modos y medios con que sale adelante la Comunicación pública. Volver a pensar en el fenómeno, sin quedarse o entretenerse demasiado en asuntos de poder, mercado, tecnología, globalización, etc., para poder tomar en cuenta a las personas como núcleo central de la Comunicación. Es decir, a quienes trabajan profesionalmente la Comunicación, a quienes son mencionados y aparecen de una u otra forma en los medios, y desde luego a quienes reciben y participan activamente en esos mismos medios.

Cotufas en el Golfo, era el nombre (y sigue siendo la url referida a /cotufas/) del que “Repensar la Comunicación” toma el lugar entre los de “Gentedigital.es”. Tenía una premisa clara, tomada del Quijote: Sancho Panza dice que “el pobre debe de contentarse con lo que hallare y no pedir cotufas en el golfo” (Quijote, Parte II, cp. 20). La cotufa (la chufa) es un fruto que de ordinario “no se da en el golfo”: no se encuentra en el mar. Sancho se inclina por quedarse con lo que hay, sin mezclarse en aventuras que enseguida llama imposibles, mientras Don Quijote ve las cosas de otro modo. Parece prudente pedir y buscar mejoras en los oficios profesionales, entendidos como un servicio cívico entre personas, antes que como asunto técnico o comercial.

PostWikileaks era un lugar dedicado a recoger y reflejar el giro que toma la comunicación pública a medida que se expande el efecto de Wikileaks. Básicamente ocupado en asuntos de transparencia informativa, dada la creciente necesidad de información y de civismo en la comunicación pública.

Patologías de la Comunicación era un lugar especializado en señalar y observar algunos de los achaques entre bastidores del periodismo, la propaganda, las relaciones públicas y las ficciones destinadas al entretenimiento.

De este modo, Repensar la Comunicación se convierte en un blog de corte profesional, mientras que el otro blog, Scriptor.org, mantiene un aspecto más bien personal. Sin duda habrá reenvíos entre uno y otro, dado que -salvo ocasionales tareas estrictamente técnicas- es difícil separar las profesiones de comunicación de la propia vida de quien las practica.
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cc James Field, para la imagen de las hojas de Gingko biloba en la cabecera.

La afición al Gingko biloba (el árbol más antiguo de los que existen hoy en día en el mundo, originario de China, desde hace unos 270 millones de años), nace del recuerdo del ejemplar que hay frente a la puerta principal del Edificio Central de la Universidad de Navarra, y que dió nombre al libro de la promoción en que, con muchos y muy buenos colegas, allí me gradué.

 

Parece que Arcadi Espada sabe mucho de figuras retóricas en teoría, pero ignora lo que son -en la práctica- los pactos de lectura. Que tienen de suyo un tanto de relevancia en esa misma retórica de la que él mismo habla en estos días.

Ha sucedido que el periodista Arcadi Espada publicó un texto (Making of de Aguirre y su valet) en el que -sin avisar con claridad que se  trataba de una “antífrasis”, aunque esta palabra técnica y raramente conocida en su significado fuera la última de su artículo- hacía ver cómo un personaje público (Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid), tiempo antes de participar en una tertulia radiofónica, solicitaba de un tertuliano -presunta su afinidad política con la señora Aguirre- que le hiciera determinada pregunta de claro contenido político cuando estuviera en el programa radifónico de Carlos Herrera.

Lo curioso del asunto está en que fué el mismo periodista Arcadi Espada quien le hizo una pregunta (que coincide con el contenido político determinado que plantea en su posterior artículo periodistico) a la señora Aguirre en ese mismo programa radiofónico.

De todos modos, el escándalo ya estaba montado (con los comentarios en prensa digital, desde el propio sitio web de la interesada, etc.), cosa que quizá es lo que esperaba y en lo que pretendía regocijarse Arcadi Espada.

Así lo da a entender Julia Otero, periodista: “Pues bien, esta mañana el sr Espada se ha levantado guerrero y ha publicado en su blog cómo se pacta una pregunta. Los que no conocen a Espada, se han escandalizado“.

Está incluso bien dar por sentado -como hace Otero- que Espada tiene un perfil profesional de escritura definido, claro, reconocible por todos, fruto de un peculiar y característico modo de hacer, que quizá podría denominarse periodismo-ficción. Pero el problema está en que no existe tal cosa en el hacer de Espada, excepto quizá para Otero y unos cuantos amigos suyos. Si tal peculiar y característico estilo periodístico existiera, habría que interpretar en esa misma clave casi la totalidad de lo que Espada escribe. Y eso es imposible, incluso para Otero.

Cierto que Espada protagonizó otro asunto similar de periodismo-ficción, hace un tiempo, situando sin más entre los hechos una noticia cierta a una persona de carne y hueso -no precisamente amigo suyo- que ni por asomo estaba allí (Arcadi Espada lanza el bulo de que Cercas fue detenido en un prostíbulo). En este caso, Espada quiso quizá forzar la mano en el terreno en el que Cercas había escrito un artículo (Rico, al paredón), mencionando aquello de Vargas-Llosa de que la ficción literaria es algo que permite “mentir con la verdad”, es decir “contar una mentira factual para decir una verdad moral“…

En ambos casos, a mi entender, lo que falla no es ni la presunta “antífrasis” retórica que Espada esgrime como justificación en el caso de la señora Aguirre, o el presunto “sentido del humor” en el caso de Cercas. Cosas, ambas, imposibles de presumir en ambas ocasiones por un lector normal y corriente, e incluso por uno que sepa de estas inexcusables -en cuanto ciertamente insultantes para los implicados y quizá judicialmente perseguibles- formas extravagantes de concebir el periodismo por parte de Espada.

Y todo está en que no sabe o no quiere saber de los “pactos de lectura” que cada medio, cada sección y cada firma, suponen para un lector normal y corriente. No es lo mismo leer El Mundo o El País que La (desgraciadamente difunta) Codorniz. Los “pactos de lectura” no son asuntos de quita y pon, asuntos sólo sujetos a la voluntad y las pretensiones de jugueteo de quien escribe como periodista.

En un mundo en el que la comunicación pública tiende a un diálogo 2.0 que se quiere civilizado, no cabe jugar con las cosas de entenderse entre las personas como ha hecho Arcadi Espada. Y si le gusta jugar entre las fronteras borrosas del periodismo y la literatura, entonces tiene que saber muy bien escribir como literato y como periodista, y ser conocido con explorador de tal frontera. Cosas ambas que -a tenor de lo visto- no sólo no logra practicar, sino que tampoco es conocido como pretendiente de tan difícil y costosa aventura.

A lo mejor o a lo peor sólo se trataba de una humorada o un capricho de salir al escenario, para gozar del débil y pasajero calor de algunas luces de candilejas digitales.

 

Quizá puede parecer que no viene a cuento de nada específico de actualidad, pero el caso es que -hablando con unos colegas- he recordado el artículo que Mario Vargas Llosa publicó hace casi dos años, “La era del bufón“.

Era un artículo escrito a propósito de un despropósito ya olvidado, y en él decía que “los medios ahora no deben dar noticias sino ofrecer espectáculos, y detrás de ellos se desbaratan las fronteras entre la verdad y la mentira”. Dejando de lado el despropósito que le brindó la oportunidad de escribir, estos que siguen son unos párrafos que sin duda siguen teniendo interés:

(…) La información en nuestros días no puede ser seria, porque, si se empeña en serlo, desaparece o, en el mejor de los casos, se condena a las catacumbas. La inmensa mayoría de esa minoría que se interesa todavía por saber qué ocurre diariamente en los ámbitos políticos, económicos, sociales y culturales en el mundo, no quiere aburrirse leyendo, oyendo o viendo sesudos análisis ni complejas consideraciones, llenas de matices, sino entretenerse, pasar un rato ameno, que lo redima de la coyunda, las frustraciones y trajines del día. No es casual que un periódico como Le Monde, en Francia, que era uno de los periódicos más serios y respetables de Europa, haya estado varias veces, en los últimos años, a las puertas de la bancarrota. Se ha salvado recientemente una vez más, pero quién sabe por cuánto tiempo, a menos que se resigne a dar más espacio a la noticia-diversión, la noticia-chisme, la noticia-frivolidad, la noticia-escándalo, que han ido colonizando de manera sistemática a todos los grandes medios de comunicación, tanto del primer como del tercer mundo, sin excepciones. Para tener derecho a la existencia y a prosperar los medios ahora no deben dar noticias sino ofrecer espectáculos, informaciones que por su color, humor, carácter tremendista, insólito, subido de tono, se parezcan a los reality shows, donde verdad y mentira se confunden igual que en la ficción.

Divertirse a como dé lugar, aun cuando ello conlleve transgredir las más elementales normas de urbanidad, ética, estética y el mero buen gusto, es el mandamiento primero de la cultura de nuestro tiempo. La libertad, privilegio de que gozan los países occidentales y hoy, por fortuna, un buen número de países del resto del mundo, a la vez que garantiza la convivencia, el derecho de crítica, la competencia, la alternancia en el poder, permite también excesos que van socavando los fundamentos de la legalidad, ensanchando ésta a extremos en que ella misma resulta negada. Lo peor es que para ese mal no hay remedio, pues mediatizar o suprimir la libertad tendría, en todos los casos, consecuencias todavía más nefastas para la información que su trivialización.

Las secuelas no previstas de la entronización de la cultura del espectáculo -sus daños colaterales- son varias, y, principalmente, el protagonismo que en la sociedad de nuestro tiempo han alcanzado los bufones. Ésta era una nobilísima profesión en el pasado: divertir, convirtiéndose a sí mismo en una farsa o comedia ambulante, en un personaje ficticio que distorsiona la vida, la verdad, la experiencia, para hacer reír o soñar a su público, es un arte antiguo, difícil y admirable, del que nacieron el teatro, la ópera, las tragedias, acaso las novelas. Pero las cosas cambian de valencia cuando una sociedad hechizada por la representación y la necesidad de divertirse, su primer designio, ejerce una presión que va modelando y convirtiendo poco a poco a sus políticos, sus intelectuales, sus artistas, sus periodistas, sus pastores o sacerdotes, y hasta sus científicos y militares, en bufones. Detrás de semejante espectáculo, muchas cosas comienzan a desbaratarse, las fronteras entre la verdad y la mentira por ejemplo, los valores morales, las formas artísticas, la naturaleza de las instituciones y, por supuesto, la vida política. (…)

vía La era del bufón | Edición impresa | EL PAÍS.

 

Arcadi Espada publica la primera entrega de lo que promete ser una serie de consideraciones acerca del periodismo, observado y estudiado a partir de datos estadísticos tomados de los mismos archivos de los periódicos, que indican tendencias o querencias.

Como él mismo dice, mejor no tomar su trabajo como "científico", sino más bien como una reflexión a partir del panorama que ofrecen los datos.

Dice así en Un nuevo periodismo (I):

Hace un par de meses y con el objetivo de preparar una conferencia en Valencia hice una búsqueda hemerográfica en el archivo del diario El País. Elegí ese diario por su carácter de referencia intelectual para mi generación y porque los resultados se extendían desde el principio de la transición política española hasta nuestros días. Busqué una serie de nombres característicos de la cultura de letras y otros tantos de la cultura científica.

Entre los primeros estaban Gabriel García Márquez (2.156), José Saramago (1.943), Günter Grass (853), Graham Greene (491), Truman Capote (470), Marguerite Duras (345), Norman Mailer (328) y Doris Lessing (264). Entre los segundos, Richard Feynman (59), Richard Dawkins (95), Stephen Jay Gould (100), Mario Bunge (107), Francis Crick (130), Carl Sagan (159), Luc Montagnier (159) y Stephen Hawking (444).

El lector habrá adivinado que los números entre paréntesis reflejan el número de veces que cada uno de esos nombres aparecen citados en la hemeroteca digital del periódico. El resultado, aunque fiable, no debe considerarse exacto, porque las hemerotecas digitales distan de ser precisas. Debo añadir un par de líneas sobre los criterios de selección. Se observará un predominio de los nombres anglosajones. Esto se debe a las obligaciones impuestas por la ciencia, cuyos nombres más prestigiosos y populares ofrecen un claro dominio de las nacionalidades anglosajonas. De ahí que para equilibrarlo eligiera escritores de la misma área geográfica, aunque en las letras el dominio anglo no sea tan evidente.

He de confesar que esperaba unos resultados decantados, pero no hasta ese punto. Baste comparar algunos de los más significativos. Que un científico de la talla y de la popularidad de Stephen Hawking consiga menos menciones que Truman Capote o Graham Greene y muchísimas menos que Gabriel García Márquez roza lo asombroso. Pero que el descubridor del ADN, Francis Crick, tenga la mitad de menciones que Doris Lessing roza lo grotesco. Los números de Richard Feynman, Richard Dawkins o Stephen Jay Gould son incomprensibles desde la perspectiva de una persona culta. Por no hablar de cómo se han traducido periodísticamente las aportaciones a la humanidad de Luc Montagnier, el descubridor del virus del sida.

Cometeríamos un error, sin embargo, si creyéramos que los resultados reflejan alguna particularidad específica del diario El País. La misma consulta en el archivo del New York Times ofrece resultados similares y el mismo décalageentre los hombres de letras y los hombres de ciencias. Y estoy convencido de que la consulta de Le MondeThe Guardian o La Repubblica no daría resultados distintos.

Los motivos de esta abismal diferencia de trato no son específicos de ningún país y se insertan en lo más profundo de la cultura periodística. Es probable que alguno piense que en realidad se insertan en lo más profundo de la cultura a secas. Los tres milenios de civilización, contados a partir de la invención de la escritura, ofrecen una ventaja considerable a la cultura de letras, asociada inexorablemente con la religión y el mito. Durante todo este tiempo la ciencia ha sido un modo de conocimiento subordinado y absolutamente elitista.

Pero la mención del periodismo tiene sentido contemporáneo porque la apreciación colectiva de la cultura, y ya no digamos el concepto de popularidad, son inseparables del desarrollo de los medios de comunicación de masas. Cuando Charles Percy Snow pronunció en 1959 su famosa conferencia sobre las dos culturas, donde abogó por la superación del foso abierto entre las ciencias y las letras, estaba aludiendo a un problema si no creado, al menos tremendamente amplificado, por el periodismo.

En una próxima entrega veremos hasta qué punto la identificación del periodismo con la literatura no se limita a la onomástica, sino que nutre lo que podríamos llamar, aun incurriendo en el abuso, la epistemología periodística dominante.

(Muy Interesante, mayo de 2012)

 

 

No estoy seguro de que el mundo que presenta la película "Juegos del hambre" (The Hunger Games), tan exitosa hoy (y en el próximo futuro con sus dos o tres nuevas partes, siguiendo las novelas), haya tenido semejante éxito por la crítica que ofrece de los manejos totalitarios de la vida y desde luego de la televisión en ese mundo.

Tampoco se trata de hablar aquí de esa película. Más bien se trata de hablar de un suceso en el que la vida de cada día imita o recuerda esa misma penosa o distópica realidad.

PANTOJA
No sé si Isabel Pantoja tiene hambre, ni sé si su contrato con Telecinco implica abandonar su vida, en lo que tiene de personaje público, en manos de la dirección de contenidos de Telecinco.

En todo caso, me parece penoso que lo que esté en juego sea la comercialidad del personaje que lleva el mismo nombre que la persona Isabel Pantoja.

Penoso por la manipulación comercial a que se somete, y penoso por la consciente y calculada manipulación o manejo en clave de entretenimiento por parte de Telecinco.

Penoso que sea la estricta razón de mercado lo que incluso domine -más allá de las relaciones personales- en las relaciones profesionales de comunicación.

¿Es el mercado el sol que da luz y calor y vida a las profesiones de comunicación? Si así se entiende, aunque sólo sea por un instante, me parece que habrá que comenzar a repensar bastante en serio qué tenemos entre manos cuando hablamos de comunicación pública.

Entre tanto, esto puede leerse en El Confidencial Digital:

Según ha podido saber El Confidencial Digital, la relación entre Isabel Pantoja y Telecinco se ha normalizado. Atrás quedan las disputas entre ambas partes, donde hubo una gran tensión que estuvo a punto de provocar una profunda crisis. Ahora, Pantoja hace caso de los que le dicen los directivos de la cadena.

El ejemplo más claro sucedió hace tan solo unos días. Isabel Pantoja estaba en su domicilio cuando pudo ver que en Telecinco estaban criticándola en directo. No le gustaba el tono. También hablaban de su hijo, Kiko Rivera y de su pareja, Jessica Bueno.

La cantante descolgó el teléfono y llamó a la dirección de Contenidos de Telecinco. Hay que recordar que el directivo que más trato tiene con ella es Leonardo Baltanás, director de Producción de Contenidos, que fue quien la convenció para firmar un contrato de cadena con Mediaset.

Pantoja quería entrar en directo por teléfono para defenderse de las críticas que estaba recibiendo. Sin embargo, según las fuentes consultadas por ECD, la dirección de la cadena no se lo permitió. Aseguran que no quieren ‘quemar’ su imagen, por lo que tomaron la decisión de que no participara en el programa.

Hay que recordar que no es la primera vez que Pantoja quiere defenderse personalmente de las críticas de un programa. La última vez estuvo a punto de provocar un terremoto: telefoneó a la competencia, Antena 3. Concretamente, al programa de Susanna Griso. La cinta con la grabación la conserva la cadena de Planeta en un cajón. Aseguran que algún día la emitirán.

Esta llamada de Pantoja a Antena 3 provocó que Telecinco sacara del cajón la ‘tv movie’ que tenía sobre la vida de la cantante. La cinta, que relataba con crudeza aspectos íntimos de la cantante, como su amistad con Encarna Sánchez, fue emitida por la cadena como represalia por la traición con la cadena de la competencia –léalo aquí-.

Al final, ambas partes firmaron un pacto para que Isabel Pantoja no tuviera que pagar dos millones de euros a Telecinco –amplíe aquí más detalles-.

 

El PP siempre confunde comunicación con propaganda y ante la crítica que merecen sus medidas sobre educación y sanidad piensan que una campaña publicitaria lo arreglará. Parece que no han aprendido nada ni del Prestige, ni de la guerra de Irak, ni del 11-M ni de los ocho años en la oposición. Da la sensación de que o no se dejan aconsejar o los que les aconsejan no saben nada de comunicación. Hoy, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, les da unos consejos al final de su carta semanal. El último párrafo es el que sigue:

Esa labor de pedagogía es la que brilla por su ausencia en un gobierno percibido, según el propio Toribio, como «poco proclive a explicar». Y pretender sustituir lo que debería ser la constante comparecencia del presidente Rajoy en todos los foros y formatos por una campaña de publicidad como la anunciada por Cospedal, sólo servirá para añadir agravio a la dejadez. El jefe del Gobierno está obligado a explicar de forma articulada por qué subió el IRPF, por qué no les cantó las cuarenta a Zapatero y Salgado por el engaño del déficit, por qué pospuso los Presupuestos a las elecciones andaluzas, por qué dijo una y otra vez que no habría copagos y ahora los ha impuesto, por qué excluyó la Educación y la Sanidad de su programa de recortes y ahora las ha incluido, por qué descartó la subida del IVA y ya la tiene programada, por qué a pesar de las reformas sube otra vez la prima de riesgo y baja otra vez el rating de España, por qué el aumento del paro está superando las previsiones más pesimistas y no se vislumbra alivio en toda la legislatura o, ya puestos, por qué se lanza un nuevo plan penitenciario que rebaja las exigencias para el acercamiento de etarras a cárceles vascas. Mientras no conteste todas estas preguntas, no existirá el clima de confianza imprescindible para seguir empeñados en cruzar el Delaware.

Aquí está empezando a crearse un gran equívoco. Como decía Callaghan, «gobernar no es ceder» y ¡ay de los pusilánimes que se arredren ante las dificultades! Pero gobernar sí es responder y de eso no parece terminar de darse cuenta el señor Rajoy.

vía Cuando Jesús despertó en la barca, de Pedro J. Ramírez en El Mundo | Reggio’s.

El PP y Rajoy en concreto, viven empeñados en que sus interlocutores son el PSOE y el resto de la oposición, por eso eluden responder a los periodistas, dar entrevistas o explicar claramente los motivos de sus medidas y el futuro de sus acciones. Es como si los ciudadanos españoles no merecieran una explicación y, en caso de merecerla, ésta vendría en formato slogan, nunca en un diálogo de intercambio mutuo de inquietudes y desconfianzas. A mí, como ciudadana, me da la sensación de que el Gobierno se piensa que soy una oveja a la que pueden transportar, esquilar o vender; no hay necesidad de que me expliquen por qué hacen lo que hacen y no otras cosas y qué tienen pensado en caso de que sus planes no funcionen. Tampoco me explican por qué, si hay consenso general en que la culpa de la situación española es el pésimo comportamiento de bancos y cajas, la cosa se arreglará en cuanto los ancianos paguen las recetas.

Es decir, el Gobierno se ha olvidado de que la democracia no es ganar unas elecciones y legislar sino que es gobernar no sólo para el pueblo sino con el pueblo.

 
<blockquote class=’posterous_long_quote’><p>Desconozco por qué Posterous no funciona bien: el caso es que &nbsp;desde hace semanas&nbsp;no logro ver mis blogs patologiascomunicacion.com&nbsp;y&nbsp;paraescritores.com, ambos en Posterous, aunque -curiosamente- sí que puedo seguir haciendo anotaciones en ellos.</p> <p>Quizá se debe a que la dirección es la de un sitio registrado y no del tipo “loquesea’s.posterous.com”. Por eso he creado el blog&nbsp;patologías’com.posteous.com, esperando que funcione. Sucede que he comentado y preguntado por escrito en Posterous y no he tenido respuesta.&nbsp;</p> <p>Por eso he creado esta nueva dirección. Pero no puedo tampoco ni importar aquí las anotaciones de&nbsp;patologiascomunicacion.com, ni exportar las de éste último hacia otras plataformas, según me informa el sitio de Posterous. Y en la red tampoco hay informaciones de ayuda para el no iniciado. Encuentro en todo caso prevenciones acerca del futuro…</p> <p>Así de precarias están las cosas en Posterous tras su adquisción&nbsp;por parte de Twitter. Esperemos que sea un problema pasajero y que algo pueda hacerse cuanto antes, en algún sentido… Porque, al menos en mi caso, tengo interés en mantener recogidas en un mismo lugar (accesible) las entradas publicadas en&nbsp;patologiascomunicacion.com.</p> <p>Mientras tanto, publicaré también en esta dirección (patologías’com.posteous.com)&nbsp;lo que envío a&nbsp;patologiascomunicacion.com.&nbsp;</p> <p>[Desde luego que agradeceré la ayuda y el consejo que algún experto pueda brindarme sobre estos asuntos]</p></blockquote>

 

Cierto que, como bien dice el arranque del post que sigue a continuación, resulta que en USA dicen las encuestas que el periodismo se encuentra entre las "menos útiles" licenciaturas ("majors"), junto a filosofía e historia, entre otras.

Si ese es el criterio, quizá basta utilizar un clásico argumento de autoridad para repensar un poco las cosas. Dice Aristóteles -y no tengo noticia de que haya sido contradicho en los últimos 24 o 25 siglos- que "el buscar en todo la utilidad es lo que menos se adapta a las personas magnánimas y libres" (Aristóteles, Política, 1338, b).

Escribe Katy Ryan Schamberger:

The Daily Beast recently published a photo gallery detailing the 13 most useless majors. On the list? Philosophy, commercial art and graphic design, history, and journalism, among others. 

I just so happen to be a journalism graduate—and a proud one at that. I graduated from the University of Missouri-Columbia (Go Tigers!) with a magazine journalism degree in 2004. And although I can’t speak to any of the other majors on the list, I adamantly disagree that journalism is useless. 

Why a journalism degree still matters 

The publishing industry has experienced what can only be described as an upheaval. From the explosion of online media sources to the steady disappearance of classified ads, there’s no denying that print media is nowhere near what it once was—and will continue to diminish as more users opt for digital, mobile content sources. 

I’ve witnessed the change firsthand. I’ve built my career in Kansas City, having worked for theKansas City Star and later as a regional magazine editor—a job from which I was laid off as a result of declining revenue. I tried valiantly to make a go of it as a freelance writer and author, and although the work was (somewhat) steady, there wasn’t enough of it. 

Enter Shelly Kramer, founder of V3 Integrated Marketing. A few blogging assignments quickly turned into project management and other digital marketing-related duties, and voilà—just a few months later, I accepted Shelly’s offer to become V3’s chief content officer. 

Although I now reside fully in the digital marketing realm (except for some occasional freelance work), not for one second do I regret my pursuit of a journalism degree. Skills such as writing, researching, and interviewing have been invaluable assets as I create a variety of content for clients

I rely on other journalism-related benefits, too, such as knowing AP style and having (and maintaining) a voracious appetite for knowledge and information. I think anyone who works in creating digital content could benefit from taking a few fundamental journalism classes, if not going all out and pursuing a journalism degree. The industry is changing, but that doesn’t mean that we can’t change with it. 

Pursue a useless major 

If you’re disheartened because your major of choice happened to fall on The Daily Beast list, cheer up! I passionately believe that you should study (and learn) what you really love instead of letting a few statistics make life-changing decisions for you. 

Because here’s the thing: No career is guaranteed. Following the path to your dream job won’t be easy. You’ll probably encounter unexpected obstacles and consider opportunities you wouldn’t have dreamed of just a few years (heck, even months) ago. 

Trust me—I’m living proof. 

I’m not ashamed to say that Facebook, LinkedIn, Twitter, and MySpace weren’t around when I was in college. I’ve had to learn a whole lot about the social space and digital marketing since I started working for V3. But the foundation of skills and knowledge established by my journalism degree are assets that I couldn’t have otherwise developed—and that’s why I advocate the pursuit of schooling that you think will best prepare you for what you want to do. I may not have predicted that I’d wind up in digital marketing, but I did know one thing: I had to write. And that’s what I do—every single day. 

One more piece of advice? Embrace change. If you had told me just two years ago what I would be doing now, I would have laughed in your face. By taking a risk, following my instinct and trusting a support network comprising my boss, husband, family, and friends, here I am—busier, more fulfilled, and happier than I imagined I could be. 

That’s exactly what I want for you, too—and why I think the Daily Beast list is a load of crap. Whether you dream of pursuing architecture, music, or political science, that’s your prerogative—and it’s up to you to make it happen. Doesn’t seem so useless now, does it?