Fermín Solís

ASTRO-RATÓN Y BOMBILLITA, de Fermín Solís

“Astro-Ratón y Bombillita: parece que chispea”, de Fermín Solís, es un trabajo fresco, desenfadado, algo gamberrete, un, adivino, trago dulce para su autor, embarcado a menudo en obras de enjundia y seriedad, novelagrafismos de esos, y que aquí se nota también encantado y a sus anchas, dejando libre su imaginación y su gesto autoral, ese dibujo que aquí es, directamente, tan precioso como eficaz, sencillo y cargado de personalidad. No es una obra menor, esta del ratón, por ser pensada y dirigida a lectores a partir de 6 años.

De hecho el logro es intenso y eficaz, pero esto no va a ser mi crítica del cómic. Pueden aprovechar lo ya vertido por otros en este post, o acudir a críticas más elaboradas y que comparto al 100%, como esta.

Porque dado que “Astro” no fue mi lectura (aunque ayudé en ella) y que Astro no está pensado para mí, con mis más de cuarenta bien plantados… damas y caballeros, déjenme presentarles a la Nueva Sabia de la crítica de historieta, un nombre de futuro pujante que se estrena aquí y ahora y que, sin duda, dejará a las plumas más señeras en nuestro negocio encantadas de saber que su buen oficio ya tiene herederos.

Con todos ustedes, mi hijo, de 6 años, a quien on line llamaremos Punchito (y servidor tras la cámara, poniendo voz rara porque todo esto lo grabé en la biblioteca pública):

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MI ORGANISMO EN OBRAS, de Fermín Solís

Artículo publicado en Faro de Vigo el 2 de Septiembre.

Contándonos cómo pasó.

Mi organismo en obras” es el último trabajo de Fermín Solís (realmente, penúltimo ya, pues el autor ha iniciado por venta directa la distribución de otra novela gráfica, sobre Francisco de Orellana y el descubrimiento del Amazonas). Lo edita La Cúpula y supone el reencuentro del dibujante con su alter ego Martín Mostaza. A través de este personaje el autor recupera de su propia memoria y experiencia vital esa época delicada que es el paso de la infancia a la edad semi adulta, y que generalmente convenimos en llamar adolescencia. La de Fermín/Martín se sitúa en los ochenta y queda inevitablemente impregnada de un fuertísimo sabor generacional: por las páginas de “Mi organismo en obras” desfilan recuerdos colectivos como el juego de tablero “El Imperio Cobra”, el Calcio 20, los cómics de Lucky Luke, la revista Micromanía o la educación ultrarreligiosa que aún, en la primera democracia, estaba fuertemente implantada en España.

El tono es ligero y encantador, pero el fondo resulta profundo y agridulce, ya que escarba en los signos casi dolorosos que nos llevan del niño al hombre a través de la asunción de un paquete de inseguridades casi patológicas (¿no lo son siempre en la adolescencia?) y las maneras diversas, contradictorias, para enfrentarlas y superarlas. El capítulo final enfrenta finalmente a Mostaza con sus propios recuerdos en un colofón tan sensible como certero, de moralejas implícitas pero sin subrayados, y cierra una obra madura y deliciosa.

Fermín Solís, aunque ya podemos hablar de autor con marcada personalidad propia, sigue no obstante bebiendo de referencias como la escuela Bruguera, la sofisticación de los dibujos animados de los estudios UPA (los de “Mr. Magoo”) y la escuela francesa más actual (de Dupuy y Beberían a Blutch, a cuyo magnífico “El pequeño Christian” este “organismo” recuerda no pocas veces). El dibujo es expresivo y vivaz; su diseño de página resulta elegante, funcional pero también repleto de recursos expresivos que asumimos con toda naturalidad, como si las cosas hubiera que contarlas precisamente así, haciendo fácil lo difícil; y el color abunda en un acabado delicioso a la vista.

Obra exquisita, recomendable como lectura para quien recuerde los ochenta con cierta añoranza por un tiempo propio

 

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