ÑAM

Hay veces que un evento comiquero apetece, y otras que no. El caso de Ñam es d elos apatecibles, y a priori, muy bien pensado.

Nota de prensa:

 

 

 

Del 30 de Septiembre al 5 de Octubre se celebrará en Castilla y León la primera edición de ÑAM, Festival Internacional de Cómic y Novela Gráfica.  

La ciudad de Palencia acogerá durante 6 días una cita imprescindible para los amantes del cómic y la novela gráfica, un sector que atraviesa una época de esplendor creativo en España    

El Festival ÑAM recibirá primeras figuras internacionales y nacionales Ofrecerá talleres, encuentros, intervenciones colectivas, exposiciones y actividades para el público en general.  

El 30 de Septiembre en Palencia comenzará una nueva cita para creadores, aficionados y lectores de cómic y novela gráfica. Una propuesta diferente y única que está llamada a convertirse en un encuentro imperdible. Por la semana ÑAM pasarán alrededor de 20 invitados, prestigiosos profesionales de España y del mundo. Habrá actividades orientadas a profesionales y aficionados al cómic y a la novela gráfica como talleres, conferencias, master-class y sesiones de networking y actividades abiertas al público en general, para amantes del dibujo, de la lectura, o para los curiosos que quieran acercarse a participar de esta experiencia.

Una de las fuertes apuestas de esta primera edición será, sin lugar a duda, la presencia del controvertido divulgador y teórico del cómic, Scott McCloud. Con sus obras Entender el cómic, La Revolución de los cómics y Haciendo cómics, Scott McCloud ha llenado el vacío que existía en teoría del cómic. Fue pionero en el webcómic e ideó  propuestas innovadoras como el Cómic de 24 horas. Con todo esto, McCloud ha contribuido a lograr el respeto y la consideración que tiene en la actualidad el noveno arte.

El taller Cómics: teoría y práctica que impartirá en el marco de ÑAM, forma parte de la sección Entreviñetas del festival. Entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre se desarrollarán, en el recientemente renovado e inaugurado Centro Cultural Antigua Cárcel de Palencia, cuatro talleres intensivos impartidos por grandes referentes del sector a nivel internacional, con estilos muy diferentes.  Al taller de McCloud (Estados Unidos) se sumarán: el premiado castellano leonésDavid Aja (España), uno de los referentes españoles del cómic norteamericano. Trabaja desde hace años para la editorial Marvel y ha ganado cuatro premios Eisner – los Oscar del cómic. Aja ofrecerá un taller en el que mostrará cómo se diseña y compone una página de cómic, desde el desarrollo de la idea hasta su realización. Jorge González (Argentina) reside en España hace más de 10 años y es un habitual invitado de honor a muchos festivales de BD en Francia. Impartirá su taller sobre novela gráfica, se centrará en trabajar a partir de un guión para obtener el manejo de herramientas básicas para la construcción de una historia. Matt Madden (Estados Unidos) viajará desde la casa de artistas de Angoulême – donde reside desde hace más de un año- para impartir un taller muy original y experimental – fiel a su estilo – en el que introducirá los participantes en el mundo de los recursos poéticos, para construir un cómic diferente.

Durante el fin de semana, del 3 al 5 de octubre, tendrán lugar el resto de las actividades programadas. A los cuatro autores de los talleres, se sumarán más invitados del ámbito nacional e internacional. Contaremos con la presencia de David Rubín, co-autor de la aclamada obra Beowulf. Alfonso Zapico, Premio Nacional del Cómic de 2012, quién actualmente vive en la Maison de Angoulême.  El Colectivo Ultrarradio, un grupo auto-gestionado de ilustradores que además han montado su propio sello editorial. José Jajaja, un artista diferente, que utiliza su formación de arquitecto a la hora de dibujar.  LaGrúa, el tándem creativo de Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou.ÑAM recibirá, además, por primera vez en España, al noruego  Bendik Kaltenborn. Un autor audaz, referencia de una generación de artistas nórdicos. Desde Francia, vendrá Chloé Cruchaudet, joven autora que ha deslumbrado al público francés con su última obra Degenerado.

Todos estos autores participarán de Encuentros, un ciclo de conferencias  con un formato poco convencional. En ÑAM se dará importancia al contacto y al diálogo entre los invitados y los participantes, por eso tras una intervención de los autores de 30 minutos, muy dinámicos y con una importante presencia de lo visual, luego se dedicará un tiempo al intercambio entre el público y el autor.

Con el fin de contribuir a la profesionalización del sector, ÑAM también será un lugar de networking y capacitación profesional. Conectando será un espacio dedicado a citas entre participantes, creadores, editoriales y profesionales del sector. Un encuentro profesional pero en un ambiente informal. La sección Bocadillos serán master-class  dónde los participantes podrán aprender o perfeccionar herramientas relevantes para impulsar el perfil profesional. En esta primera edición, contaremos con la experiencia de Fernando Fuentes, rotulador de cómic, Álvaro Pons, crítico, teórico y autor de uno de los blogs referentes sobre cómic  y Jesús Moreno, arquitecto, comisario, editor y apasionado del cómic y la novela gráfica.

A los participantes e invitados se sumará el público general, quiénes podrán acercarse a las exposiciones e intervenciones colectivas.

Para hacer llegar al público este arte y que conozcan la potencia del cómic y la novela gráfica como herramientas para contar historias, ÑAM contará con exposiciones que se inaugurarán el fin de semana. El Museo Arqueológico Provincial acogerá la exposición Viñetas de Vida, un proyecto de la ONG Oxfam –Intermón. Se expondrán los cómics que han realizado referentes del sector luego de los viajes que han realizado – invitados por Oxfam- a países donde España colabora con políticas al desarrollo. El Centro Cultural Provincial exhibirá alrededor de un centenar de originales de Juan Berrio, sobre su libro Cuaderno de frases encontradas.  En ambos casos, podremos ver también bocetos, cuadernos de notas, cuadernos de viaje y material de documentación que han utilizado los ilustradores para conocer mejor su proceso de creación.

El paso de ÑAM por Palencia no pasará desapercibido y los participantes e invitados que se atrevan, dejarán su huella en el MURAL ÑAM, en la Biblioteca Pública. Una creación colectiva en vivo, dónde el público también podrá disfrutar, observando el proceso de trabajo de los artistas.  Otra de las actividades participativas abiertas al público será Viñetas por la Ciudad. Una invitación a dibujar y crear viñetas, siguiendo la temática de la exposición de Juan Berrio. Participarán invitados, público y todo aquel que se anime a ir captando por las calles frases encontradas.

El Festival ÑAM nace de la iniciativa de la Junta de Castilla y León , la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Palencia quiénes han apostado por la cultura, por la creatividad, por el talento local y por las propuestas diferentes. Palencia, el lugar elegido, es una ciudad pequeña, con un gran bagaje histórico-cultural  y que tiene todas las condiciones para alojar un festival de estas características.

Entre el 30 de septiembre  y el 5 de Octubre se celebrará durante 6 días la primera edición de ÑAM. Una apuesta a construir un evento con futuro y trayectoria que contribuya a revalorizar el sector y ofrecer un espacio de encuentro profesional entre los distintos actores. Una posibilidad de encuentro para un sector que está atravesando un gran momento.

Para más información www.festivalnam.es   Lucía Arnaud lucia@festivalnam.es

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HABITACIONES ÍNTIMAS, de Cristina Spanó

Del Faro de Vigo al Blog

El arte de recordar la vida.
untitled“Habitaciones íntimas” es una de esas obras uqe apuesta por contarnos poco y mucho al tiempo, una vida común, con la que nos identificamos.
OCTAVIO BEARES
Cristina Spanó es italiana, residente de Barcelona, y como autora de cómics (de este, al menos) demuestra ser también una observadora sutil y detallista de la vida, esta cosa que nos pasa por encima sin darnos cuenta. Las pequeñas cosas no se escapan a su mirada, las retiene, las mima sin idealizarlas (solo lo justo) y las macera para convertirlas en material creativo.
“Habitaciones íntimas” es ese material, un tebeo delicado, y delicadamente editado por Bang Ediciones en el que se narra la vida de una mujer desde su infancia hasta que ya es una adulta independiente. Como tú y como yo, sin sorpresas, ni demasiados aspavientos. Lo interesante es que en su mirada a la vida y su transcurso, Spanó elige las postales más universales: la relación de una niña con sus padres, el descubrimiento de la sexualidad con la mirada furtiva de un niño, el enamoramiento, el descubrimiento de la sexualidad ya propia y adulta… Todo centralizado en la planta de la casa materna, ese lugar de, efectivamente, habitaciones íntimas desde el que se crece como persona. Desde el balcón vemos algo alborozados, y aún niños, a una parejita magreando en un banco del parque. En el baño la pre púber se pinta para conquistar el mundo, en la habitación propia, se da un primer beso, y en una cama se ama.
Cristina Spanó es hábil con las elipsis, potentes, que vertebran esta historia de grandes hiatos y pequeños hurtos a la narración. Un cuento donde hay que detenerse en cada gesto dibujado, en cada palabra que el protagonista decida no emitir, antes que en lo qu es expresa enfáticamente. En estos pliegues se esconde toda la verdad de “Habitaciones íntimas”.
No cabe entender sin contemplar el dibujo, este experimento (u ocurrencia, si no nos parece que estemos ante algo necesariamente experimental, pero sí travieso, cuanto menos, en la forma). Spanó crea una figuración vaporosa, dulce, naive y amable (recuerda algo a Marjane Satrapi, o a la española Laura Pacheco) que no olvida lo principal: en cómic narramos con dibujo, también con el estilo elegido para dibujar. Por eso hay que aplaudir estas viñetas sencillas, estos retratos de acabado acuoso y las gamas cromáticas empleadas, expresivas y, sí, narrativas, comunicativas, en fin.
Delicadeza, universalidad, lectura adulta, fácil pero con poso, ¿hay que decirlo más claro? Este tebeo es sencillamente una perfecta lectura estival, porque nos refresca con su mirada, pero al tiempo nos hace sentir que, tras su lectura, se nos han contado grandes cosas, importantes, universales. Y las reconocemos, además.

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Aquello me conmocionó 01: El eclipse azul, F. Bourgeon

Aquello me conmocionó con 18 años. Provenía yo de los supehéroes Marvel, la revisión adulta de Miller y Moore en DC (y sus imitadores de segunda), y alguna cosa del cómic nacional que avanzaba nuevas fronteras para este lector que, abandonando la edad de lectura lógica de los “pijamas” (que realmente siempre he seguido leyendo) buscaba nuevas experiencias sin dejar los cómics.
Descubrí este segundo álbum de la serie Los compañeros del crepúsculo de Françoise Bourgeon en su primera serialización en CIMOC, y fue como entrar en un mar de nuevas posibilidades. Frente a la aparente simpleza del dibujo medio de Marvel o DC, un acabado realista sofisticado, y frente a las historias supuestamente sencillas de Spiderman y compañía, un relato difícil en su seguimiento, combinando géneros literarios (histórico y fantasía) y rechazando toda tutela hacia el lector durante la narración.

Relectura hoy, 25 años después.

Lo primero es imposible de calibrar, mi afecto por el arranque, esas tres viñetas panorámicas y su texto, la única vez que aparece en todo el libro un narrador literario, siguen pareciéndome magníficas y evocadoras: “Cien años, dicen, duró esta guerra… nada la diferencia de las que la precedieron, ni tampoco que las que se desencadenaron después. Como el pedrisco o la peste, llega la guerra cuando menos se la espera, por lo general cuando las espigas están granadas y las mozas de buen ver…“. Un arranque que se repite en el primer álbum de la serie y en el tercero y último (y triple, de ciento y pico páginas).

La historia, resumamos, narra las aventuras de un singular grupo: un caballero desfigurado, un escudero cobarde, mediocre y claramente contrapuntístico, y una muchacha sexy (según el estereotipo occidental del siglo XX). En este álbum su devenir se entrecruza con el de ancestrales magias, ciudades misteriosas, criaturas monstruosas y leyendas druídicas. Quizá todo en sueños. El libro, en fin, es un canto lleno de simbolismo a esa época (la guerra, la de los Cien Años duró de 1337 a 1453) , en que la civilización pagana convive con la cristiana en forma de creencias ancestrales.

La historia arranca a lo bruto tras el prólogo, en un signo de su época: Bourgeon trabaja para un mercado concreto que exige álbumes de 48 páginas donde, en fin, si quieres contar algo denso tienes que saber ir al meollo. La relectura me deja claro que Bourgeon sabe hacerlo, y sabe además manejar el ritmo, la densidad, y los desahogos necesarios tanto en la variabilidad de profusión de textos como en el abarrotamiento de la página, la mayoría basculando entre las diez y las quince o más viñetas. La lectura suele ser fluida pese al handicap, y eso es así porque, creo, Bourgeon es consciente de las necesidades que su historia y su estilo precisan para ser, ante todo, una eficaz lectura de cómic.

Volvemos a la primera escena tras el prólogo introductorio: unos campesinos confunden a los héroes con ladrones, toman a la mujer prisionera y se desarrolla un diálogo entre el señor feudal y la plebe. El primero quiere justicia blanda, los siervos una carnicería, literalmente. Interesantísimo, en este punto, ver cómo aborda Bourgeon el género histórico. Fiel hasta extremos enfermizos, documentado, minucioso gráficamente, su discurso es sin embargo capaz de desafiar los clichés. Ejemplo, esta inversión del tópico mal amo y pobres pero bondadosos siervos. El Señor, ojo, es un capullo y un pusilánime, aquí bonito en la foto, nadie, pero “la chusma” madre mía, da miedo, festejando con cánticos populares la tortura venidera:

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Esta página me sirve para comentar otro ardid que en su día me impactó. El empleo de varios puntos de vista o de acciones simultaneas/paralelas alrededor de los hechos principales de la narración. La primera viñeta muestra un entierro en primer plano mientras al fondo continúa el desarrollo de la acción principal (una petición de muerte con tortura). A lo largo de la escena y a partir de ese momento, ambas acciones se entrelazarán. La misma página lo muestra, pero es solo el inicio. Es más, este enfoque se lleva al nudo de la historia, que en realidad trata un mismo hecho desde dos momentos en el tiempo diferentes. Por un lado los protagonistas y la niña enterradora de la imagen de arriba, por otro un druida (¿trasunto de Merlín? creo recordar por textos o entrevistas, que sí) y su joven aprendiz, en los tiempos de otro choque de civilizaciones: bárbaros/Roma, siglos antes de la Guerra de los Cien años.

A ver, Bourgeon no inventa la pólvora pero sus formas, creo, son muchísimo más sofisticadas ya no que la del cómic de género de su tiempo, sino, desde luego, respecto a los cientos de seguidores del “padre del género histórico”. Porque para empezar juega con ese género y con otros, y lo hace con bastante salero. Es más, y en esto lo veo muy “ochentas”, hace de la lectura de algo nada complicado una experiencia más compleja, al prescindir de toda explicación. Tú, lector, te debes “coscar” de qué está pasando.

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Tiempos diferentes, mismo mugar, misma narración.

Esta manera, enrevesar por el placer de hacerlo, me recuerda a casos de su tiempo muy distantes, de Chaykin o Moore a Tezuka (luego cada cual dentro de su mercado, industria y sociedad, claro), y creo que es de justicia ver aquí un esfuerzo en la línea de la Bd clásica por “no tomar al lector por tonto”, frase muy manida en tebeolandia a principios de los noventa, quizá consecuencia de aquellos ochenta de laberintos narrativos. Eso sí: Bourgeon es de su tiempo y ni se atreve a, supongo, ni sabe, imagino, sobrepasar la lectura adulta de los géneros, o simplemente ni le interesa. Maus aún no había estallado en la cara de la civilización occidental y el camino de hacer madurar al cómic todavía pasaba por hacer madurar a los géneros, llevándolos a cotas de estilización y contenido nunca alcanzadas, sean los superhéroes, sea el thiller, o el relato hisórico. Y en esas brega el autor de este cómic.

Esta estilización provoca un notable esmero literario, que me alegra comprobarlo hoy, no busca engordar con textos de narrador omnisciente cargado de metáforas, esdrújulas y epítetos sin fin, sino de caracterizar el habla de la obra conforme a su tiempo narrativo. “Tanto tiempo ha que mis mastines y yo recorremos el bosque, que me sé el nombre de toda la salvajina“, dice un personaje para decir, pues eso, que se conoce a todo bicho viviente del bosque en que vive. También podemos acudir a la escena de la página arriba propuesta, con la recuperación del cancionero tradicional . El recurso es sin duda poderoso, aunque a veces se recrea y cae en lo que quiere evitar, amanerarse en pro de un pulso literario. Del mismo modo a veces sus parlamentos resultan explicativos en exceso, algo que arrastra el autor en toda su carrera.. Pero con sus momentos más débiles, el ardid no deja de parecerme fabuloso (a la vez que difícil de realizar -intuyo que en francés la cosa es soberbia, conociendo el escrúpulo historicista del autor-) y meritorio.

En definitiva lo que me encuentro es con un exquisito artesano (ojo al dato, de profesión anterior, maestro artesano vidriero) que cuida formalmente su objeto y mima el acabado genérico del material con que trabaja. Es difícil ver al autor detrás, el mundo interior de Bourgeon, atrapados sus personajes en el cliché (el enigmático caballero, el bufón, la sexy arrojada…). En el fondo los géneros precisaron siempre del estereotipo, si bien en francés no se molesta en desarrollarlos psicológicamente demasiado. En este sentido, es curioso confrontar la evidencia (mucho arquetipo) al título que generalmente se da a Bourgeon, “el autor de mujeres”, el guionista que da prioridad a personajes femeninos ajenos a estereotipos. Las mujeres de Bourgeon intentan escapar al estereotipo, y desde luego se alejan del modelo de secundarias, pero caen demasiado en lo carnal, más de lo lógico en el relato. Parece que cualquier motivo sea bueno para enseñar nalga o pecho, si bien la nudez en esta saga se aprovecha del concepto pagano medieval versus la moral pudiente del cristianismo, una idea muy presente en el discurso de “Los compañeros del crepúsculo”, que lleva a la alegría de la piel en los personajes… femeninos, claro.

Visto este tema de lo femenil desde 2014 creo evidente que no, Bourgeon no es “el autor de las mujeres” del mundo del cómic, sino un esforzado amanuense que estiliza todo lo que le viene dado por la tradición del cómic adulto de su tiempo. Esto no es malo por ser un pequeño logro en su día, pero sí el punto sobre el que más pesan los años en su obra.

No pesa sin embargo el ligero humor que impregna el relato, la ironía, incluso el gag burdo que se reserva, con inteligencia, al personaje del escudero, como ya he señalado, bufonesco sin más matices.El humor se beneficia, en fin, de la mejor característica de “El eclipse azul”, ese saber hacer desde un gusto exquisito. Ejemplo, en el momento más grave de la trama, un juglar debe tocar música con un instrumento mágico a las puertas de lo ominoso como m¡único modo de poder seguir adelante, pero para a cambiar un bordón del instrumento por otro suyo (carente de magia, claro). Increpado por el caballero, contesta, “Antes morir en armonía que sobrevivir en discordancia”, ¿no es delicioso?.

Así, como algo entre lo estilizado para su tiempo y lo naive para el nuestro, abordado con una técnica portentosa para el dibujo realista de pura maestría artesana (insisto, es la palabra), veo hoy aquel álbum que, leído por partes en una revista mensual, me hizo pensar que el cómic podía ser el más completo de los artes afanados en el equilibrio de contar historias. No me equivocaba demasiado.

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Ancho/estrecho

“pensó que iba a ver el tipo de pintura que se ve en todas partes, buena y mala, más mala que buena, pero no hostil a las buenas maneras artísticas, a la devoción a la forma, y el respeto a los maestros.” Louis Leroy “Exhibición de los Impresionistas,” 25 de Abril de 1874

El cómic es un arte. Eso es así como en toda forma de expresión que trasciende lo meramente artesanal. El cómic es una industria. Esto es así como lo es en el cine o en la literatura o en la música o en… bueno, en toda actividad artística. En lo que es la gran tarta del PIB de España, la posición de la industria del cómic es mínima, tanto que me parece risible pensar que “hay industria” en el sentido más capitalista del término, que es el que se tanteó (quizá con éxito… efímero) en los ochenta y desde luego se alcanzó sobradamente en la posguerra. Hoy el cómic en España no es eso. Si digo que es industria es porque se maneja y desenvuelve en un mundo industrial, capitalizado y que sin el poderoso parné no puede prosperar. Pero hay quien no ve que el nivel de prosperdidad de la historieta no podrá ser ni siquiera el de hace tres décadas. El cómic es un arte. Y como tal su camino pasa por investigar sus mecanismos expresivos, llevando las cosas más allá del punto en que se encontraban, como han hecho en su día Buñuel, Turner, Stravinsky, Henr Miller o Pollock. Me parece curioso que aquellas personas (no bandos, cada cual será dueño singular de su opinar público, supongo) que porfían por un mercado “industrial” en el sentido mass mediático, sean las que se obcecan en no ver la cualidad de arte del cómic, y reverenciar el pasado, como todos, ojo, pero abocando al medio al inmobilismo. Pasado que ya ha fallado, ya ha muerto, no podrá volver porque solo puede interesar a cuatro degustadores con nostalgia. En la “era whasapp/Wii-U/Spotify/HBO en streaming”, nuestros queridos tebeos son el caviar de la pirámide alimenticia de la cultura. Una delicatessen antes que una droga masiva de toda una generación de coleccionistas bakalas adolescentes compulsivos (permitidme la broma, dejadlo el “coleccionistas compulsivos” si os ofende). Su camino entonces me parece otro, no “las masas” sino la visibilidad general. O generalista. Ampliar el espectro antes que el número, porque eso será bueno para ese número, claro, y para redefinir y consolidad el papel del cómic en la sociedad wi fi. Creo que en eso cada vez vamos mejor. Sin embargo, tenemos otra cuestión entre manos, cómo quienes quieren apostar por un arte más visible pretende atarlo a un canon férreo. Y desde esta vía, la de acudir al dicciopinta de la RAE como si fuese palabra de Yahveh, se desacredita no al cómic, sino a cualquier arte. Todo esto me ha venido así de sopapón, al volver a leer esta viñeta:

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Manel Fontdevila, No os indignéis tanto (Astiberri)

Manel diserta brillantemente sobre Georges Brassens en esta página, y cómo rompió moldes. Podemos aplicarlo a Picasso, a “Cabeza borradora” o a… bueno, a “Culto Charles”. Yo no sé si bofetadas como el tebeo mencionado caerá en el pozo de los experimentos sin fundamento pero tengo dos cosas clarísimas.

  1. CIMOC fue una revista fantástica, me encantaba en 1988 y sus páginas atesoran tebeos maravillosos de su tiempo.
  2. Pero hoy solo pueden ser dos cosas: el modelo para un tebeo convencional (que debe existir, está bien, pero como arte ya no aportan nada al cómic, porque ya se han hecho inmejorablemente) o el puerto de montaña desde el que avanzar y seguir subiendo, a golpe de pedal (y tristemente, sabiendo que en el camino te lanzarán agua a la cara). Esto es, el pasado sobre el que seguir construyendo a base de hacer el sendero a transitar… más ancho.

No creo que volver a esto en 2014, en fin… cimoc97cimoc …pueda asegurar el futuro del cómic como arte aún habiendo sido el pasado y contener un buen montón de obras maestras (ya que como “Industria”, con “I” mayúscula, sostengo que no volverá hasta que sobrevenga una tercera guerra mundial que acabe con la electricidad-para-todos). Y bueno, si me equivoco, como CIMOC me molaba un huevo, pues tan contento. O no. También tengo la impresión, conste, de que muy poca gente ve las cosas con reverencia hacia el retrovisor, y que el lector de cómics en general aprecia la investigación, la búsqueda y hasta el fallo, frente al inmobilismo, pero carezco de estudios estadísticos para asegurarlo… es un pensar en cosas, nada más.

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Breve historia del cómic

Gerardo Vilches es uno de los divulgadores y estudiosos de la historieta más activos del presente decenio. Esto es matemáticas, objetiva ciencia. Además, su conocimiento del medio y su capacidad para reflexionarlo con un lenguaje directo lo convierten en la perfecta firma para este libro para lectores generalistas. Por todo ello solo puedo recomendar esta futura publicación, bajo un sello que posee una afamada línea de ensayos históricos para todos los públicos: Nowtilus.nowtilus
Dicho lo cual, todo el mundo sabe que Vilches y yo dirigimos una revista teórica sobre el cómic al alimón, bien revueltos, y eso, claro, indica que evidentemente la mirada y la manera de entender el cómic de Gerardo y la mía son bastante similares. Por eso también, defiendo este libro del que sabía ya, claro, pero hasta que fue público no tocaba más que esperar.

Puedes leer un avance aquí

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Con dos huevos en Faro de Vigo

con dos huevos (1)Hacemos excepción y colgamos directamente una imagen con un texto mío para Visado, suplemento del Faro de Vigo. Así también veis qué bonico lo hacen con las tipografías y las imágenes. “Con dos huevos” no es cómic, claro, aunque hay lazos estrechos. Pincha en la frase y verás la captura del texto (archivo cortesía de la editorial Astiberri). Con dos huevos en El Faro de Vigo

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Corrientes subterráneas a flor de piel: AUTOBÁN

autoban

Autobán el viernes 8 y el sábado 9 de agosto en A Coruña. No puede ser mejor noticia. Recuerda mucho (me recuerda mucho, digamos) al espíritu del Graf. Una iniciativa que, durante los días del siempre obligado Viñetas desde o Atlántico, reúne paralelamente al festival coruñés el espíritu autoeditor y el ánimo autoral en un espacio cercano. En varios, en realidad, para hacer de buen pulpo gallego: una cabeza grande y vistosa (un lugar para la feria de stands), y brazos: para albergar una “Guerra de dibujantes” (parranda alrededor del dibujo y por lo que vi en la red ciertamente divertida), fiestas de clausura con grupos sorpresa, “Pekakuchas” y mesas redondas a las que asistirán autores tan importantes como Emma Ríos o José Domingo (entre otros). Pero para ver todo el mondongo Autobán (por cierto, cartelazo del mencionado Domingo) mejor pinchas aquí y te informas.
Lo que me interesa ahora no es tanto explicarla…como aplaudir esta iniciativa, porque huele como olía esa energía fluyente, blanca y con ánimo de empujar hacia adelante, que emanaba de cada esquina del Graf (y del GROPO GROPO, evento pontevedrés bianual a atender).
Por allí me perderé el sábado lo que pueda, por allá nos saludaremos. Soy el de la camiseja del ojo del cuco (acompañado de familia, que asistirá asombrada a tan magno evento, sin duda).

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TERRY, vvaa

Publicado en Faro de Vigo.

Terry”, un bufet de canapés de luxe.
La editorial Fulfencio Pinentel brinda un volumen recopilatorio, de intenciones periódicas, con trabajos de la vanguardia artística de la historieta.

Como diría el comandante Bowman (en “2010: Odisea dos”), va a suceder algo maravilloso. En realidad, ya ha sucedido. Se llama “Terry”, tiene una carita preciosa (en su portada, la firman Los Bravú), 192 páginas a todo color, y en la báscula nos ha pesado casi 600 gramos.
“Terry” es un recopilatorio de historias cortas, autoconclusivas (aunque abre un primer capítulo, tiene sus formas bastante cerradas y puede leerse como relato), entre inéditos o trabajos nunca publicados en castellano. Recuerda a aventuras parecidas habidas en nuestro territorio (“Nosotros somos los muertos”, nave-oasis capitaneada por Max en el secarral de los noventa y que navegó hasta el 2007) y en costas extranjeras (“Kramers Ergot” —editada por Sammy Harkham— o la revista de la editorial británica Nobrow). El espíritu de “Terry” es evidente, se trata de editar con gusto (eso siempre, con Fulgencio Pimentel) material de tanteo, de reivindicación y de futuro. Nombres consagrados compartiendo espacio con autores jovencísimos, de todas latitudes, y juntos enarbolando una bandera: la del cómic como arte por encima de todas las cosas.
No se puede entender “Terry” (primer volumen de “Pilón”, colección de libros recopilatorios) sin esta premisa. Aunque podremos entretenernos y divertirnos mucho con sus páginas, estas son ante todo un grito de satisfacción plena, orgullosa, del cómic como salto sin red, un brindis (de un buen brandy de Jerez, claro) por romper, hacer cosas sin mirar atrás ni a los lados, como buena Babieca de la historieta. Por supuesto no todos los nombres pueden cabalgar con el mismo tronío, pero no hay ningún Rocinante rezagado. Jim Woodring, Olivier Schrauwen o el japonés Seiichi Hayashi son el trío mayor, tres autores maestros y en estado de gracia que justifican el desembolso y la apuesta por este tomo. Pero hay más, claro, la juventud es valiente, y Los Bravú preparan algo grande de lo que nos ofrecen un aperitivo (“Porto Louro”), José Ja Ja Ja epata desde su nombre y deja asombrado con sus páginas, más intrincados puzles que narraciones secuenciales. Simon Hanselmann es el autor del momento, el nombre (impronunciable) de moda, y aquí lo tenemos con otra bofetada cruel con forma de telecomedia burra de sus personajes habituales.
Y en fin, hay más autores y propuestas y todos merecen la pena, porque en todos ellos se siente que aquí se le toma el pulso al asunto, al cómic, que es afortunadamente un hervidero de vida, transgresión y energía creativa. ¿Brindamos por ello? ¡Camarero, un Terry!

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Rerflexionando la exposición “Do cómic á novela gráfica. A banda deseñada en España no século XXI

Bueno, mañana el Museo de Pontevedra cerrará sus puertas en su horario habitual de domingo, a las 14’00 horas. Y entonces se acabará, fin de la exposición sobre historieta nacional que he comisariado y que el Museo ha tenido a bien montar y promover.

A título personal, diré que fue una experiencia extenuante, apasionante, y de aprendizaje (mi primera expo, chispas) que se salda, entiendo, con un éxito de asistencia (el pasado viernes se habían agotado las entradas impresas, papeleta testimonial de un visita gratuita y libre, pero que sirve, cuanto menos, para censar el evento). El discurso que propuse para la expo (porque toda exposición es un discurso y un trayecto, o así lo entiendo yo) es el de recorrer la magia intangible del proceso creativo. Más que en otras artes, y dado que el cómic es un proceso industrial que deriva en la reproducción masiva para la venta del producto, es fácil disponer de una muestra de las diferentes etapas del camino atístico: bocetos, originales a lápiz, originales a tinta, color… y los cómics editados. Diez obras y diez autores. Originales y reproducciones expuestas en un espacio diáfano (dominando el blanco y los grises), con una holgura entre las obras de unos sesenta centímetros. Evitando el efecto acumulativo y propiciando un tránsito reposado que culminaba en unos bancos donde se pudo leer cada libro del que se exponían originales.

Pero toca dejar las descripciones y hablar del hecho en sí. Es importante en estos tiempos revueltos y, aventuro, de cambio sistémico para el statu quo de la historieta (como industria, como arte, desde la percepción social respecto al cómic…) apostar por los tebeos. Si se tiene la oportunidad, es mejor hacer cosas que no hacerlas. Yo he tenido la suerte y el honor de poder introducir al cómic en un museo, y no uno cualquiera. Hablemos del Museo de Pontevedra.

Hablamos, pues, de un entramado de seis edificios sitos en el casco antiguo de Pontevedra, cinco de ellos expositivos (incluidas las ruinas de la iglesia y entrada al capítulo del convento de Santo Domingo, fundado en torno a 1282). El Sexto Edificio (nombre que me parece muy gracioso, por cierto, y ya icónico) es “el nuevo”, el edificio moderno que atesora tres amplias plantas de exposición permanente (23 salas) y espacios en su planta baja para eventos temporales como el que nos ocupa (bueno, y hay más espacios para temporales, en otros edificios). En esas salas se exponen, generalmente por un mes más o menos, opciones abiertas que escapan al corsé más “decimonónico”: adornos navideños manufacturados en la Europa del Este, retrospectivas a autores consagrados del arte gallego, exposiciónes de nuevos valores, fondos de joyería del propio museo… y cómics del siglo XXI.

Bien, me consta que todas las partes implicadas (Diputación de Pontevedra, dirección del museo, y la persona que apostó por un novato como yo, Fátima Cobo) han tenido un interés sincero por esta exposición. El cómic se ha entendido no simplemente como “una cosa más” para llenar un espacio en una programación anual de exposiciones temporales, sino como algo de gran interés, que es arte y al tiempo algo muy distinto a lo que generalmente atiende el centro. Algo que es popular y puede ser un atractivo para el visitante.

Y eso es importante, pienso. En su escala, claro, pero un signo de que el camino se sigue andando. El camino de llevar a la historieta por nuevas veredas, de, sí, respetabilidad, porque si no hay respeto por algo, no tendrá futuro. Cavernas de autogestión, sí, muy bien, me encantan, pero un futuro airoso precisa de la aceptación y la visibilidad. Si el cómic vive hoy su curva de retorno a otra cosa que ya no podrá ser el ocio mass- media, industrial, “popular” y masivo, deberá ser otra cosa. Y para serlo y no morir en ese contragiro de estos tiempos chungos, deberá ganarse el respeto de la sociedad en términos generales.

Esta exposición ha sido aceptada, se ha abrazado a un museo que expone tímpanos góticos y originales de Castelao, algún Tapies y retablos renacentistas, porcelana China y petroglifos de la prehistoria de Galicia. Y se ha codeado con otras exposiciones temporales radicalmente distintas al mundo “tebeil” (en estos días, con una asombrosa muestra de arte egipcio, procedente de Florencia). Y creo que esto es muy bueno. Porque todo ello, además, es de acceso libre, gratuito. Así que quien entre para ver sarcófagos con miles de años provenientes de la ciudad de los Médici, posiblemente se pasee ocasionalmente por entre las páginas de Max, Roca, Valenzuela, Kim, Domingo, Rubín, Prado o Zapico (y la ideas de Altarriba y García).

Y esto es bueno, y en su pequeña escala, hasta importante, pienso. Y es lo que más me ha gustado de todo, hacer interactuar al cómic con otras artes en un espacio de arte de los más reseñables de Galicia (y España, en serio, visita obligada), y ver que mi idea de proponer las novelas gráficas para su lectura en la sala no ha caído en saco roto, (todo o contrario, nunca he paseado por las salas sin que alguien estuviera sentado leyendo alguna obra).

Pero todo esto, ¿sabes? no sería posible sin un eslabón: autores. Diez, con ocho he mantenido contacto permanente para conseguir obras, los he sumergido en la burocracia ineludible, han sufrido mis titubeos de novato y sobre todo, me han ofrecido 26 originales y 18 reproducciones de color informático alucinantes, arte puro, noveno, radiante y vivo, de una excepcionalidad técnica colosal (la limpieza del trazo, el concepto depurado, la absoluta belleza de cada original… esto prácticamente ya se ha acabado, ya hablo como fan, no como comisario: estas obras son la hostia). Si el cómic es arte no lo será porque lo griten los fans o lo expliquen los libros, sino porque los autores y la historia del medio lo demuestran con su trabajo. Yo solo puedo intentar convencer a quien no lo vea, y espero que con esta exposición más de un visitante lo haya comprendido.

Mañana se cierran las puertas.

Mañana se apaga la luz.

Fin de una exposición sobre historieta.

Gracias a los que han venido.

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CULTO CHARLES de José Ja Ja Ja.

cultocharles_portadaJosé Ja Ja Ja. Vale. Pues empezamos bien. ¿Quién es el loco que se bautiza artísticamente “Ja Ja Ja”?. Ni Alan Moore en medio de un sortilegio y bien puesto de LSD tiene los huevos.
En realidad es el mejor nombre posible para esconderse del mundo y crear uno a tu propia imagen y semejanza. José Quintanar ha decidido emplear el cómic para crear el suyo y enmascararse con un alias jocoso, pero su trabajo no es ninguna broma. Es algo muy serio.
Aunque fogueado en fanzines varios y en el en el colectivo Ultrarradio, yo lo conocí en “Terry”, esa mina de la que hablaremos pronto (porque hablé en prensa, y eso ya se sabe, es volcado en este blog vago) y allí ya me impresionó mucho. Me dejó con la risa tonta, ja ja ja.
Y claro, me faltó tiempo para hacerme con Culto Charles, su primera obra larga para Fulgencio Pimentel a la que espero sigan como diez mil más. Porque con su marchamo bien rotundo de excepcionalidad y casi de marcianada, yo ya encajo este cómic en lo mejor de 2014.
Para empezar, goza de todo el atractivo editor de Fulgencio Pimentel, que se responsabilizan de este artefacto en comandita con el susodicho Ja Ja Ja (y podría ser que tras beberse unas buenas cervezas Salvaje, marca que el propio José Quintanar produce y distribuye junto con sus hermanos -los “Ja Ja Ja bros.”, entonces-). La editorial describe el libro como “parcialmente intonso, con pliegue superior dentado y marcas de corte”. Lo cual ya es una pirada de cuidado, pero que, seré caprichoso, yo veo totalmente lógica y en cierto modo como parte del discurso de Culto Charles. Porque este cómic que desafía a la historia de los cómics te pide un esfuerzo para asimilarlo. Qué digo para asimilarlo, ya simplemente para entrar en él. He aquí la enorme diferencia de la hisotrieta y, por ejemplo, la ilustración. Cada plancha de José es, como mera ilustración, un portento, embriaga o como dice la muchachada, mola. Pero leer esa página, ah, amigo… eso es otra cosa. Porque no viene con manual de istrucciones, y porque es algo (al menos en mi empírica experiecnia de lector de tebeos) muy novedoso o cuanto menos inusual.

José Ja Ja ja gusta de páginas orgánicas, enormes ilustraciones que escapan del modelo de viñetas para ofrecer un mural con reminiscencias al arte arqueológico (y seguramente a novísimos artistas…bueno, Picasso ya se miraba en el arte africano).

Culto versus Sumeria

El culto hoy, y el culto en Sumeria.

Escenas de espíritu mural, que se miran en la narratividad ancestral que impregna al arte en su historia, pero que no renuncian a ser cómic. Por eso no solo hay que poner en valor el discurso de la propia edición como ya hacemos arriba, sino que dentro del libro tenemos “páginas-tímpano” alucinantes, celosías de viñetas apelmazadas y escenas en clara secuencia temporal. Eso sí, todo atado con el espíritu libre de una ruptura radical y muy gozosa. Por otro lado no es una elección ociosa, la retícula y el orden obedecen a un estado (por lo general, de trauma), las escenas más alucinadas, a otro (de viaje, de trascendencia y delirio).

Una ruptura brutal que casi se escapa del corazón narrativo que le suponemos a los tebeos y sin embargo Culto Charles se lee, es narración, argumento, nos cuenta algo y ese algo no es nada baladí. Aunque nos lo cuente en… inglés. Nadie se asuste a estas alturas: asumamos su vocación internacional de producto de vanguardia y  avisemos de que emplea textos concisos (salvo la portada, que tampoco es ningún exceso), frases breves de lenguaje directo y sencillo. ¿Y además de epatar por cada esquina, qué nos cuenta el libro? Pues lo que cuenta es de traca. El culto Charles fue (o así nos lo cuela José, cual verdad verdadera) una secta fundada por el poeta A. S. Brandon en los años sesenta, que aseguraba la existencia de una pararrealidad superior a la que todos accedemos en ese instante en que antes de morir estamos entre la vida y su fin. Blanco y en botella, un brindis al suicidio.

Por tanto de lo que se habla es de la vida trascendente, de otra realidad posible, a medio camino del misterio de toda religión, la charlatanería sectaria y el discurso tácito sobre la sociedad que hemos creado, mediocre y escapista, con ansias de encontrar esa trascendencia que la vida real le ha escatimado. Todo muy de fondo, porque en primer plano solo tenemos hechos, muertes y ese tránsito en medio, alucinante, mural, cargado de humor (más o menos ácido) y de signos y símbolos. Se podría al respecto escribir mucho, pero solo quiero enumerar algunas imágenes que se me han clavado, y que el lector concluya qué demonios significan: muchos hombres obesos, cuerpos cortados en dos, jardines mozárabes, Cristos crucificados decapitados, barbas, batallas, peleas y deportes de grupo. Todo esto aparece en el delirium Charles, en las breves historias de diversos individuos que, poco antes de morir, acceden a esa otra realidad trascendente.

Mucho discurso, y contado con un estilo de línea clarísima, entre la cartografía y el proyecto arquitectónico que puede recordar a Miguel Calatayud o incluso a John Swarte y al loco de Shintaro Kago, si nos empecinamos en buscar referentes para asir algo. Yo solo diré a modo de cierre que si a alguien me recuerda, y como sucede con los autores poderosamente personales yúnicos, es a otro creador libre muy diferente (o no tanto, bueno…) a José Ja ja Ja: Gabriel Corbera. Espíritus inquietos de arte insobornable. Comprad su obra, hacedles ricos, se lo merecen.

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