“La biblioteca de Simon y Kirby: Science Fiction”

Artículo publicado en Faro de Vigo

La ciencia ficción de nuestros padres.
Cuando el cine aún no se podía permitir convertir los sueños en realidad (virtual) la fanta-ciencia tenía en los humildes tebeos su mejor escaparate.

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Hacer verosímil el vuelo de un hombre a través de paisajes marcianos con un horizonte de naves espaciales no es fácil para demasiados medios narrativos. La literatura los evoca, los describe, pero no los plasma. Y el cine, hasta la revolución que supuso “2001 una Odisea en el Espacio” (Stanley Kubrick, 1968), tenía el hándicap de unos efectos visuales precarios.

Sin embargo las baratas páginas de los comic-books a todo color eran un medio ideal para hacerlo. Los cómics ya abanderaron la imaginación futurista con “Buck Rogers” desde los años veinte. Y la ciencia ficción triunfó masivamente desde las viñetas de “Flash Gordon”. A partir de entonces fue un género recurrente. Nadie podía competir con un tebeo a la hora de imaginar historias en futuros lejanos y mundos imposibles, así que las revistas de historietas se nutrieron de mucha ciencia ficción para niños y adolescentes.

Un buen ejemplo nos lo sirve la editorial Diábolo con el libro “La biblioteca de Simon y Kirby: Science Fiction”, donde se recopilan historias del género de dos de los más importantes autores de cómic (basta recordar que ellos son los creadores de Capitán América para darnos cuenta).

El libro en cuestión es un lujazo, editado con gusto y acreditando perfectamente todo el material, prologando cuando es pertinente y sobre todo, reproduciendo un material con sensibilidad. Nada de recoloreados chillones, aquí se ha buscado ese color ya “vintage” que suele llamarse “color de puntitos”, y así es como hay que leer y entender estas historias. Cuentos breves, mayormente infantiles y cándidos, que repasan tres décadas enteras de producción. Es interesante en este sentido poder comprobar no solo la evolución autoral, sino la social del cómic entre los cuarenta y los últimos setenta. Y hay en el libro más firmas que las de Kirby y Simon, nombres capitales como Archie Goodwin o Al Williamson, entre otros que podrá descubrir todo lector que añore el sabor del tebeo norteamericano más clásico.

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Novedades editoriales: Dieter Lumpen Integral

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Dieter Lumpen tiene tanto la imagen del clásico aventurero como del que no quiere saber nada de aventuras. No es extraño, pues, que sea la propia Aventura la que se cruce en su camino y lo arrastre con ella. Con su imagen de tipo elegante y de modales amables, sin ofcio ni benefcio conocidos, Dieter Lumpen nos conduce de Turquía al Caribe pasando por escenarios tan clásicos de la aventura como China o Venecia. Aparecido por primera vez en 1981 en las páginas de Cairo. Esta edición contiene los cinco álbumes de los que consta la serie, incluyendo “El precio de Caronte”, el último de ellos no publicado anteriormenteen tomo recopilatorio en castellano. (NdP)

DIETER LUMPEN. Edición Integral.Jorge Zentner-Rubén Pellejero. Astiberri. Febrero.

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Novedad editorial: Ojo de Halcón

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Ojo de Halcón es el mejor arquero que ha conocido el universo. Es también uno de los más veteranos miembros de Los Vengadores… Pero nada de eso es aquí tan importante, porque en estas páginas te contamos lo que Clint Barton está haciendo cuando no está de misión con sus compañeros. Una tormenta que se convierte en desastre. Una chica con una pistola. Kate Bishop y sus problemas con las películas. Un perro que querrás adoptar. Un cómic imprescindible. (NdP)

Ojo de Halcón 2: Pequeños aciertos, de Matt Fraction, David Aja y Javier Pulido. Panini cómics. Marzo

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Novedad editorial, La gran guerra

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Este libro muestra los acontecimientos del 1 de julio de 1916, cuando Gran Bretaña y Francia comenzaron La Batalla del Somme. Ese día, unos 20.000 soldados británicos murieron -10.000 de ellos sólo durante la primera hora- y otros 40.000 resultaron heridos. La Batalla del Somme ha llegado a personificar la locura de la Primera Guerra Mundial y de la guerra moderna en general. (NdP)

La gran guerra, de Joe Sacco. Penguin Random House. Febrero

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Novedad editorial: Tiempo de canicas

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LA PRIMERA OBRA SEMIAUTOBIOGRÁFICA DEL APLAUDIDO BETO HERNANDEZ, AUTOR DE PALOMAR.

Huey, su hermano Junior y el pequeño Chavo son el trío protagonista de estas páginas en las que un grupo de niños se preguntan si un día les gustará ser mayores en ese mundo loco, loco, loco de los adultos. Entretanto, viven arrebatos de euforia, se pelean, otean la sexualidad que está por venir, celebran el tiempo de la amistad y comparten cromos, tebeos, G.I. Joes, dibujos animados y un puñado de canicas de las de tréboles, nácar y galaxias. (NdP)

 

TIEMPO DE CANICAS, de Beto Hernandez. Ediciones La Cúpula. Febrero.

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Novedad editorial: Come Prima.

Come Prima

“A comienzos de los años 60, tras la muerte de su padre, dos hermanos, Fabio y Giovanni, se embarcan en un viaje al volante de un Fiat 500. Marcado por los conflictos, silencios, recuerdos y reencuentros, este viaje les conducirá hasta su Italia natal, de la que se fueron hace varios años.
Poco a poco, el retrato de su padre aparece y los lleva a poner de relieve su tumultuosa relación.” (NdP)

Come Prima, de Alfred. Editorial Salamandra Graphic. Marzo 2014.

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Remar hacia la Torre del Vigía (o en respuesta a The Watcher and the Tower)

Esto fue una respuesta en comentarios de un post de Gerardo Vilches sobre el tema (ya tratado en este blog) de cómo está el patio de la historieta. Respuesta que puedes leer aquí.

Pero me ahorra un post, así que, con toda la jeta y un par de retoques e imágenes, lo traigo a mi blog.

El cómic no puede entenderse hoy como se hacía en los ochenta, por ejemplo. El modelo es otro ya, su papel de industria de entretenimiento popular ha caído estrepitosamente, con un agujero negro en los noventa ante el que, por comparación, el cómic nacional es hoy un sector positivo y esperanzador.

Ciertamente pocos autores viven de su actividad. Y ciertamente, dado que este panorama no es extraño ni sorpresivo, pocos son los que lo pretenden, o eso parece; desde Max hasta Álvaro Ortiz, raro es el autor que no diversifica su laboriosidad a partir de sus capacidades como creador o creativo. Ilustración, interiorismo, guiones televisivos, cine de animación, video clips… Pero de todos modos, es evidente que existen casos que sí, viven de la historieta. David Rubín lo afirma, y no tenemos por qué dudar de su palabra. Es un ejemplo, hay más. No muchos. Tampoco muchos cineastas viven exclusivamente de hacer cine, menos actores aún (el 72% de los actores españoles NO PUEDE VIVIR de su trabajo actoral, no lo digo yo) , y pocos son los escritores y músicos que viven de su arte. Poetas y bailarines, esos sí, todos forrados.

Pero quienes juegan al apocalipsis deberían consultar cifras de los que sí se acercan a un modelo de autor deseable (en el contexto que comento al inicio, claro… recordemos, esto-no-es-Japón), esto es, que vende moderadamente bien, no se quedan en 3.000 copias vendidas, ni mucho menos. Ah… No me he matado buscando o preguntando, casi todos los datos los recopila muy bien A. Serrano y los hace públicos, son accesibles.

  • Paco Roca ha salido con 10.000 ejemplares de Los Surcos del azar en Diciembre. Ya se ha impreso una segunda edición. Y más de 50.000 ejemplares ha vendido Arrugas.
  • Mauro Entrialgo ha vendido de Cómo convertirse en un hijo de puta 18.532 ejemplares.
  • La primera edición de Beowulf, de García y Rubín, gozó de una tirada de 4.000 copias, puestas a la venta el 22 de noviembre y ya agotadas. Vamos  por la segunda, en pocos meses.
  • Papel estrujado, de Nadar, ha agotado su primera edición. No sé la cifra. Pero agotar una primera edición en menos de seis meses es una buena noticia.
  • El arte de volar de Altarriba y Kim (Edicions De Ponent) rondaba en ventas los 7.000 en noviembre de 2010 (sumando las dos ediciones, eso sí).
  • El joven Lovecraft, más de 6.000 ejemplares vendidos.
  • De Simiocracia ya ni hablamos, 50.000 ejemplares vendidos hace años…
  • Etc etc.

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La “grapa”, por su parte, ronda ventas con un ancho de banda que va de los 17.000 (Spidermanes y títulos de ese rango) a los 3.000. Está genial, es importante que los superhéroes se mantengan, pues tienen algo de columna vertebral del sector. Me falta buscar datos sobre el manga, animo a completar el asunto en la charla, de haberla.

Pero el tema no es ser comparativos, grapa vs. manga, autores españoles vs. Spiderman… porque bueno, puestos a comparar deberíamos hacerlo con el total. Con la media de las tiradas nacionales en el sector literatura. En este sentido, en 2002 (ergo, antes de la crisis económica que tritura a la sociedad apuntando a su poder adquisitivo desde digamos 2008), según los datos del Instituto Nacional de Estadística, los libros de creación literaria son los que lanzan al mercado unas tiradas más amplias, con una media de 5.646 ejemplares por título. Se encuentra el dato en la red. Hagamos ahora un salto temporal: 2010. “la disminución de la tirada media por libro, que se colocó en 2010 en 1.734 ejemplares, no hace sino confirmar una tendencia a la baja que se ha mantenido constante en los últimos cinco años. Desde el récord positivo de 2005, una media de 4.420 copias por libro, nada ha podido evitar el descenso paulatino, año tras año, hasta el dato de 2010”. Fuente, El País.

Por tanto, y dado que en España evidentemente la literatura es un mercado mayor, y de más prestigio y alcance social que el de la historieta, creo que las cifras de venta de cómics aportadas no son tan malas y podemos entenderlas como claro signo positivo, cifras aceptables o directamente buenas (que son, repito, ejemplos de moderado éxito siempre puntual, pero que aleja el fantasma del catastrofismo, la mentira de los tres mil y, sobre todo acerca una idea… yes we can!). La cuestión es calibrar qué tipo de tebeo es el que potencia una curva ascendente para vencer tormentas perfectas (gran expresión que ya queda para el acervo comiquero merced a Antonio Martín, que con ellas expresó su sincera preocupación por la deriva del medio en nuestro país en marzo de 2013).

tormenta perfecta

Tormenta Perfecta.

Por otro lado, existe una cuestión: política editorial y autoral, vender es más que sacar el producto y dormirse en los laureles. Promoción, visibilidad en medios y en firmas autorales. Presentaciones, y venta de la obra al extranjero. Las ventas de “Cenizas” generarán beneficios a su autor, pero también la posibilidad de distribuir el cómic en Francia, por ejemplo. Y para que el cómic español pueda ser objeto de deseo en mercados extranjeros también hay que trabajar. Prestigio internacional (redes sociales, salones y eventos, y todo lo que ni se me ocurra, porque uno no edita, claro, ni es autor). Pero creo que parte del prestigio internacional deriva de la calidad bruta de las obras, así que, como opino que esta calidad hoy es mucha, tenemos un potencial claro.

Otro punto es el de las subvenciones. En Francia, ese paraíso envidiado pero incomparable como bien señalas en tu texto, se subvenciona al sector, claro que sí. Lo dice Tebeosfera y tengo el convencimiento de que lo dice bien: “La industria de los tebeos está considerada en Francia y Bélgica como un estimable patrimonio, de importancia no sólo económica sino (y sobre todo) cultural, amparada por ayudas y subvenciones estatales en muchos casos.” El entrecomillado no da cifras sino qeu habla, y es casi más importante, de “consideración” y cómo esta consideración revierte en el apoyo del estado a la historieta. Yo opino que las subvenciones no son malas, sino todo lo contrario. Un Gobierno que no puja por la cultura de su propio país es Mal, no Bien. Así que poco más añado. Solo que aquí, además, se subvenciona todo. Ejemplos: en 2013 el Gobierno de España destinó 70.000.000 de euros para financiar la compra de coches mediante el Plan PIVE 3. La patronal CEOE, disfruta al año de 400 millones en subvenciones. Y solo el PP se llevó 120 millones de euros públicos en 2011 (lo comenta en su blog Nacho Escolar, yo me fío de él y su gusto por las fuentes contrastadas). Pero miremos más cerca, que cómic y PP no tienen mucho que ver: las subvenciones al cine español en 2014 serán 50,8 millones de euros. ¿Cuántas se ha llevado las editoriales de tebeos nacionales en 2013? Ni idea, pero por mí ojalá fuesen las de la CEOE. Ahora, esto no deja de ser opinar sobre modelos de Estado y de sociedad. Yo lo tengo claro, y es respetable quien piense que todo sistema “subvencionador” es el mal. Dado que yo no pienso de ese modo, no hay más que hablar al respecto.

Algunas voces han propuesto la fusión como una posible vía planteando en cierto grado una sombra de oligopolizar el mercado como posible solución a una tormenta perfecta (exagero, lo sé, pero la fusión de editoriales puede llevar a un “mercado bipartito”, si se me permite la coña). Yo no lo veo ni lo veo interesante, más bien me horroriza la idea. Entiendo (como han sucedido) uniones puntuales o estratégicas para comprar y sacar determinado producto, pero el método absorción (y al final las empresas son personas y unas terminan cortando el bacalao más que otras, ergo, alguien absorbe) no me convence nada.

Pero es que además, soy muy defensor del do it yourshelf, no puedo evitarlo. Es una oción ética. Para que exista, bien es cierto, se precisa de una parte robusta, competitiva, competidora y comercial del sector. La que sea. Pero hablar de Fulgencio Pimentel y plantearlos en el rasero Panini o RH Mondadori es capcioso. Porque Fulgencio, amigos míos, son Ian MacKaye. Son los Dischord del cómic nacional. Su aspiración debe ser el auto sostenimiento (más allá de frases medio en serio en una red social, y conste que desconozco las cifras reales de venta de esa casa). No, el sostenimiento no debe ser su aspiración, digo mal. Eso será lo que les permitirá existir y mantenerse, y estoy seguro de que sudan para vencer a las pérdidas Manuel Bartual lo comentaba en Graf, y también Rubén Lardín espetando que “somos 3.000 en España los que leemos este tipo de cosas” –hablaba de los libros del Butano Popular, creo recordar, y del modelo Caramba!). Fulgencio, Caramba, los libros del Butano Popular (¿atacamos al mercado literario por sus ventas modestas en comparación con lo que vende Planeta? Absurdo, ¿verdad?)… no pretenden mantener un sector o darle empuje y posición de ventas masivas, no es su meta y atacar al sector pretendiendo que las modestas ventas de (digo a boleo) Apa-Apa, son el signo de la debacle, es desde mi punto de vista, equivocado. El problema será si Planeta no vende, o Panini, o una editorial que busca un lector masivo. Vengaaa… ¿cómo vas a pretender vender miles de ejemplares de Olivier Schrauschen si ni siquiera yo (que lo leí y lo difundí en Faro de Vigo) sé escribirlo sin darle al Google (“Olivier Schrauwen”, eso) ? XD.  Su aspiración es otra. Me gustaría ilustrarlo volviendo a Ian MacKaye, a sus siempre sabias palabras relativas al mundo (mucho más lucrativo) del rock, que en el fondo también definen con sabio romanticismo a casas como los Pimentel, Apa-Apa o Entrecómics Cómcis (floten o se ahoguen en la coyuntura del mercado actual).

“Lo que siempre le digo a la gente cuando me preguntan cómo se puede ganar uno la vida haciendo música, contesto [inciso propio: música, no historieta, música, y en EEUU]: ‘Olvídate, no es un puto trabajo’.  No se trata de plantearte si quieres ser camarero, abogado o músico. Es tu propia voz, algo que debes hacer si de verdad lo sientes. Y entonces me preguntan ‘¿Y cómo puedo llegar a ser famoso?’ No sé cuál es el secreto, no lo sé. Es simplemente algo que pasa o no pasa. Lo más importante para todo lo que uno haga es amarlo. Si lo haces, nunca te plantearás la importancia del éxito al cabo del tiempo.”

MacKaye, las cosas claras

MacKaye, las cosas claras

Ian MacKaye, sabiduría y belleza. La historia del hardcore y del alternativo americano. Una de las figuras más importantes de la historia de la música . De la creación y el negocio sabe más que tú y que yo. Más que todos nosotros juntos.

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VAMPIR, de Joann Sfar

Publicado en Faro de Vigo

Los monstruos también se enamoran.

En “Vampir” vamos a dejarnos llevar por una imaginación desbordada que abreva de los mitos del terror europeo para rejuvenecerlos con humor.

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La portada más bonita de 2013

Joann Sfar es un poeta del lápiz. De su imaginación brotan historias llenas de lirismo que son expresadas con un dibujo hermoso, vivaz, en una planificación austera pero que siempre otorga un aire de dulce libertad a sus páginas. Joann Sfar es una máquina expendedora de historias. Vidas de artistas, aventuras en una prehistoria imposible, relatos gulliverianos, cuentos de músicos judíos ambulantes, tebeos para niños pequeños, alambicadas gestas de espada y brujería protagonizadas por animales al estilo Disney… uno, cuando se acerca a un título surgido de la imaginación sin fin de este francés licenciado en filosofía y en bellas artes, nunca sabrá a ciencia cierta qué se va a encontrar.
Esto es así si nos ceñimos a lo argumental. Pero como el arte de Sfar es completamente autoral, sí podremos imaginarnos varias cosas. Su obra está siempre perfumada con un aire ligero, de humorada intrascendente casi gamberra (o enteramente gamberra en ocasiones), sus historias se bañan en los géneros clásicos para desmenuzarlos y utilizarlos a su antojo, y su mundo interior es tan personal que siempre brota luminoso. Da igual que hable del pintor Pascin o que fabule sobre su propia vida en un mundo prehistórico, los temas del amor, el sexo, la fe y sus mecanismos, estarán ahí. Siempre. Es la trascendencia bien entendida. La trascendencia que divierte.
Así que ya sabemos algunas cosas que podemos esperar de “Vampir”, editado por Fulgencio Pimentel, una joya de edición (sin exagerar, una belleza como objeto). Vamos a leer una historia aparentemente ligera, donde el humor es un ingrediente importante para ligar un plato sobre el amor y el desamor, los celos, la vida y la muerte, el mal, la bondad y las creencias en lo divino. Para entrar en detalles, diremos que “Vampir” viste todas estas temáticas de terror gótico. El tomo reúne los cuatro primeros libros de la serie original francesa (vendrá un segundo tomo para cerrar la obra), y en sus páginas asistimos a la vida de Fernán, un vampiro de aspecto “nosferático” (ese modelo poco sexy de vampiro lampiño y cabezón, vamos) pero de modales deliciosos, asustadizo, enamorado y rechazado, voluble como un niño y sabio como un inmortal. Poca sabiduría, porque en los mundos de Sfar todo son dudas existenciales. Dudas para encontrar la felicidad, que llega en forma de amor, o de la búsqueda del amor, al menos.
Nunca sabemos dónde estará el amor verdadero, y en el universo monstruoso de “Vampir” menos aún… ¿en una mujer fantasma, una chica árbol, una humana víctima del vampiro, una exnovia vamp sacada de un cuadro de Munch? Para descubrirlo, debemos perdernos el estas historias llenas de mitos arcanos, golems, fantasmas y Baba-Yagas. Disfrutar el relato, porque Sfar es ante todo un cuenta cuentos capaz de atrapar con las dos primeras viñetas (“Alguien llama a la puerta del castillo, y el vampiro Fernand se inquieta”, ¿quién no quiere seguir leyendo un relato que comienza de esta forma?).
Como hemos apuntado, la forma ayuda, con un dibujo que mejora en cada aventura, muy libre, expresivo, exacto en el detalle necesario para la narración. Las páginas son sencillas (sofisticando su esquema hacia el tercer capítulo, “Transatlántico en solitario”) y la lectura fluida. Mejor, vertiginosa.
Además, el lector descubrirá porqué a un vampiro le gusta ir, con furtiva nocturnidad, a visitar el Museo del Louvre.

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Alan Moore y los superhéroes hoy

Qué grande el barbudo.
Qué listo, inteligente, el chamán.
Hablamos de un tipo que es tenido por el más grande guionista de todos los tiempos, así que para una vez que quiere dar una entrevista, se viste de Black Emperor y, Godspeed you!, la arma buena.

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Señor de las tormentas

Veamos las frases que recuerda El País en el artículo de la polvareda:

... abrazar lo que son sin ambages personajes infantiles de mediados del siglo XX indica una retirada de las abrumadoras complejidades de la existencia moderna.

nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural y negándose a permitir que esta era sin precedentes desarrolle una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren

Encuentro preocupante que el público de las películas de superhéroes esté ahora prácticamente compuesto por adultos, hombres y mujeres en sus 30, 40 o 50 que se apuntan ansiosamente a ver personajes expresamente creados hace medio siglo para entretener a chavales de doce a quince años.

Así que ahí lo tenemos, un Moore icono engrandeciéndose por una sabia y diletante actitud como entrevistado. Y el gallinero, aquí abajo, todo revuelto… Pero realmente ¿Ha dicho Moore algo que no sea bastante cierto (paso por alto que cada sentencia suele comenzar con un “para mí” bajo el cual toda discusión debería apagarse… esto va de gustos personales)?

Que los superhéroes son en origen, y es su naturaleza serlo, fantasías para niños y adolescentes no me parece ningún secreto, sino una obviedad. Y que la industria del entretenimiento los ordeña hoy, pues también es evidente. Por cada creación nueva, ¿cuántos reborns vacíos hemos leído/visto? Pues eso.

Pero además, si analizamos un poco los acercamientos más claros a lo superheróico de Moore, caramba, es que creo que claramente es un autor que nunca ha “apoyado” el género. Miracleman es una barbaridad que viene a demostrar el terror de alcanzar la semi divinidad. Watchmen no solo se centra en personajes tremendos sino que parece venir a reírse de las edades Golden y Silver. Quizá Supreme (que no leí entero, de hecho, leí poco porque me aburrió) sea el más “cariñoso”, aunque intuyo que también tiene mucho d crítica hacia la deriva del género en cambios de siglo. La ABC va más allá de ser género sin más, y digamos que llega a él a partir de sus referentes previos en el tiempo (mitología, ficción pulp, novela decimonónica…)

Yo personalmente me he criado leyendo Marvel, y DC-Zinco, que me pilló con la bisagra de Moore y Miller cuando yo tenía la edad adecuada, 16 años más o menos. Así que disfruto el género pero sí, pocas veces lo veo como algo más que un divertimento… lo que ya es mucho, por cierto. Que vamos, no le pido a Hawkeye de David Aja y Matt Fraction que me hable de la corrupción del sistema capitalista y del modelo posible de nueva sociedad para el s. XXI,  o de las relaciones de pareja con un seropositivo a tu lado, sino algo que me divierta y entretenga. Si además resulta que sus aspectos técnicos son superlativos, pues no me empacho nada al decir que fue uno de los mejores tebeos del 2013, por encima de, no sé, Playground de Berliac, una maravilla (tomen nota) donde se analiza la función del arte a través de la figura del cineasta Cassavettes. Pues mira, por su impacto “gramatical” me parece superior lo del super-arquero y sus cuitas con mafiosos de barrio y chica-quiere-a-chico.

Por otro lado tenemos el tema del reciclaje. Que es algo preocupante, que Marvel y DC pueden perpetuar sus iconos, pero es una operación carente de sentido. Oye, ¿que en la nueva tanda de revisionismos Marvel aparecen cosas aceptables o más que aceptables y que la peli de vengadores da el tebeo de Sh perfecto, en su media hora final? Pues bien, me alegro, pero como novedoso, dar una vuelta de tuerca a Power Man o llevar al cine a Iron Man, no va a serlo. Ojalá me equivoque, pero temo que los tiempos de hacer algo nuevo con el género han pasado hace mucho. Ahora solo queda el posmodernismo, y el oficio. Yo si hay oficio, aplaudo.

Moore, más radical, piensa que con eso no basta, que hay otros temas a los que el cómic debe atender. Lo que por otro lado ya sucede, y más que nunca, diría.

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LOS SURCOS DEL AZAR, de Paco Roca

Publicado en Faro de Vigo. Un texto que merecía una ampliación fecunda y amplia para este blog, pero voy loco de tiempo, mal es poco, así que, bueno, disfruten la versión publicada.

Un tebeo para reivindicar la historia y la memoria.

El último trabajo de Paco Roca ahonda con maestría en hechos del pasado de nuestra historia contemporánea, en una reivindicación de la memoria tan valiente como emotiva.

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Los hechos son inamovibles, precisamente porque no son sino las acciones sucedidas en el pasado. La Historia es la disciplina que interpreta esos hechos para, en cierto sentido, buscar su significado. El dato, por objetivo que sea, siempre es proclive a ser interpretado. Por suerte.
Paco Roca no es historiador sino un ciudadano de España con un oficio, contador de historias. Su medio es el cómic y su última historia trata de los años en que el republicano Miguel Campos (Miguel Ruíz en la novela gráfica) escapa de la España de vencedores y vencidos el 28 de Marzo de 1939, conoce los campos de trabajo franceses en Argel, la guerra de África y finalmente cierta gloria como parte integrante de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, o “La Nueve”, nombre popular de esa compañía integrada por españoles republicanos en gran medida, y que es la que encabezó la liberación Parisina en 1944.
Cuando Roca decide que ese será el hecho de “Los surcos del azar” (Astiberri ediciones) está siendo valiente en tanto que sabe (y así enfoca su obra) que este cómic no se leerá como un relato del género histórico más, sino también como una carta autoral a nuestro presente social y político. En este sentido algunos debates que ya han surgido respecto al cómic y sus contenidos podrían entenderse como un éxito, al lograr que esta novela gráfica trascienda la mera obra documental para convertirse en un postulado a favor de la memoria, y de entender que hay heridas abiertas por querer ningunear esa memoria.
Y además Roca toma un partido. Si en toda guerra hay heridas en ambos bandos, la victoria levantisca del fascismo en nuestro país se puede traducir en vencidos y vencedores. Esta es la historia de los primeros, no la de los segundos, una historia que capitanean aquellos que partiendo de la derrota (“El fin”, se titula significativamente el arranque del libro, situado en esa fuga de una España a punto de proclamarse fascista) consiguieron una victoria heroica (París arrebatado a los nazis).
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A partir de esta doble idea (un tebeo rescata el pasado para pensar el presente, y el autor es libre de tomar partido) podemos entender la enorme categoría de “Los surcos del azar”: con forma de entrevista en presente del propio autor a Ruíz, con un aire periodístico pero lleno de una sensibilidad observadora propia del narrador puro, Roca desmenuza los hechos. El pasado se detalla, los colores naturalistas y atmosféricos nos llevan, como lectores, al sofocante desierto, al hacinamiento inhumano en un barco o a acciones bélicas secas y carentes de glamour o épica. Es sintético pero naturalista, a la manera de la línea clara (a la que no adscribiría a Roca totalmente, puntualizo). El presente, sin embargo, libera aún más al dibujo, y acude a tonos sepia. Los hechos están ahí, pero desde el presente solo cabe interpretarlos. Por tanto el presente, en eterna construcción, es menos concreto que el pasado. Es una posible lectura. Otra será la clara intención de poner el acento en la Historia y no en el “falso documental” sobre Paco Roca y su encuentro con Miguel Ruíz. Pero ese ardid es engañoso, porque, como digo, el presente es el fondo en la obra. El juego de significados se intensifica cuando sabemos que la entrevista de Roca con el republicano es en sí misma ficticia.

En el presente además tenemos más puntos de interés de “Los surcos del azar”. El mayor, que resulta un fascinante análisis del compromiso creativo y el proceso creador. Roca se dibuja practicando su oficio (aunque pocas veces lo vemos dibujando en la ficción… el oficio de autor de cómics es más que eso, claro) y también los cambios sutiles pero profundos en quienes rodean y conocen (creían conocer, ya que era reservado respecto a su vida) a Miguel Ruíz. Es exquisito así en el detalle, en la caracterización de personajes, gestos, miradas, actitudes y diálogos. La empatía lograda a través de pequeños detalles de puesta en escena, un silencio, una mirada, un diálogo inesperado, ponen en relieve la categoría del autor.

Paco Roca ha encontrado en “Los surcos del azar”, en fin, su obra más lograda, una que aprovecha la libertad del formato del libro para extender su compleja historia lo que es necesario, de modo que nada sobra, nada falta y nunca se pierde ritmo. Porque la lectura de esta novela gráfica documentada con rigor y narrada con ligereza resulta fascinante, desde su primera y terrible escena hasta las últimas y emotivas despedidas que cierran la obra. Posiblemente estamos escribiendo sobre un cómic que va a quedar como un hito de nuestra historieta, y como la obra más importante de su autor, uno que ojo, ya había hecho el superventas “Arrugas”, nada menos.

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