CuCo 4

Desde hace unos días ya está disponible el cuarto número de CuCo, Cuadernos de cómic, la revista que Gerardo Vilches y el que firma aquí codirigimos para solaz y reflexión de todos vosotros.

Gratuita como siempre, y remodelada su web para poder descargar no solo el número completo si no también texto a texto, los contenidos de este cuarto cuaderno pasan por dos estudios muy jugosos donde aparecen nombres mayores: Hal Foster, Paco Roca, Gallardo o Altarriba y Kim. Nombres a los que se añade una entrevista tamaño XXL a Manuel Bartual (Sexorama, ¡Caramba! Orgullo y Satisfacción…) que completamos con un texto a cuatro manos de menda y Gerardo, centrado en la editorial ¡Caramba!

Y por supuesto, críticas, un buen puñado, en el estilo ya característico de nuestro proyecto, de análisis riguroso que va más allá de la aproximación meramente informativa )o, por supuesto, del “me gusta/no me gusta”).
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La portada de Frank Miller

“Una simple locura, sin principios serios y sin alcances; […] para diversión de los papanatas en los residuos de las escuelas”

Arsène Alexandre (1859–1937), columnista de “Le Figaro”, a propósito del Impresionismo.

Lo  primero que quiero que tengas claro es que a Frank Miller se la pelas. Y yo. O no. Lo primero que hay que entender es que Miller sabe lo que hace y porqué lo hace. Evidentemente es un creador y es consciente de ello, crea para nosotros, pero el autor puede tener unos objetivos que no son un remolque de las expectativas de su público. Esto, que en otras artes es un elogio al artista, parece no ser asimilado por la cueva fandom del mundo del cómic. Parte de la cueva, al menos, la que ha macerado su “canon” en el tebeo comercial estadouidense donde el naturalismo gráfico es la base del dibujo del género, en la línea de Neal Adams, John Byrne, Barry Windsor-Smith, George Pérez o Michael Kaluta. Curiosamente siempre hubo otra línea no naturalista que fue alegremente rechazada, la de Kirby, Ditko, Simonson, Mignola… bueno, no rechazada, pero eran los “autores estilizados”, los arties, digamos. Muy admirados, pero a menudo acompañados de sentencias como “sus limitaciones como dibujante las compensa con una estética, puesta de página, soluciones narrativas etc etc”. Pero no, porque dibujar cómics no es hacer ejercicios de primero de Bellas Artes en las plazas del pueblo, sentado con tu cuaderno de bocetos copiando a sanguina un balcón, un vendedor de castañas o una fuente. El cómic no es eso, no es copia o naturalismo (que en todo caso, son opciones, para el punto de partida gráfico del autor de historieta).

Miller siempre jugó en esa liga de los “señalados”. Los que hoy critican al último Frank Miller olvidan que ya en sus tiempos como autor de Daredevil le llovían por “Mal dibujante” y que toda su carrera arrastró ese tipo de san-benito como dibujante. No me explico al respecto: el dibujo de cómic es lo que es, e incluso saliéndonos de las márgenes del noveno arte, el dibujo es lo que es, y supera los códigos academicistas del realismo o la mera habilidad, claro, y se adscribe a una primera necesidad expresiva, desde hace muhcos años. Más de cien.

Attrazione

Munch, 1896

Miller, lastrado por una enfermedad severa, la ha montado, muy conscientemente, con su regreso tras bastantes años de ausencia. Y lo ha hecho rompiendo la baraja:

miller

El retorno del caballero que nos ciega

La realidad es que esta portada/contraportada me parece brillante, no por sus logros académicos, de perspectiva, proporción etcétera (vuelvo a Munch para abundar en el tema, y es verdad que ahí “falla”), lo es por actitud, porque con ella su autor ha logrado lo que pretendía: ser, con un único dibujo, el centro del universo de la historieta a nivel mundial. Cuarenta años rompiendo barajas obra tras obra (alguna fallida, claro, pero siempre en el ojo del huracán) y aquí lo tenemos de nuevo con un dibujo feísta, que se pasa por el arco del triunfo cualquier amago de corrección, cualquier “ética del buen dibujo”, pero que vuelve a ser potente como un tsunami, provocador como Detritus, el personaje-cizaña de Astérix. Y del lector más anónimo al autor de Marvel más respetado, todo el mundo gira alrededor de ese Hombre de Acero que nos revela su pene tras el calzón, que exagera icónicamente sus puños como explicándose con el dibujo sin más, que es todo locura, un elogio de lo irracional. Locura en la praxis del oficio por parte de Miller; también locura y rabia y fuerza como icono, en el discurso que la propia imagen ofrece. Y es también un elogio de la debilidad, porque insistimos, Miller, muy enfermo, es un cuerpo muy vencido. Pero un alma muy rebelde aún. Los twitts que le acusan de acabado soportan un ideal conservador del arte, mientras que el bueno de Miller demuestra que está aquí para morder y reírse, para azotar, para follaros vivos, con su cuerpo debilitado pero con su espíritu aún en llamas de creatividad loca.

Por cierto, Atom muestra, sin desdecir del estilo alocado, unas proporciones mucho más “lógicas”, nadie lo dice.

atom

Del mismo modo un nuevo dibujo (de Batman) filtrado muestra que el autor de Ronin sabe y aún puede, si quiere, moderarse:

batman miller

Se ha leído también que si no se supiera que lo ha hecho Frank Miller, muchas de las opiniones arrojadas -las positivas, claro- “tendrían a un sentido contrario”. Pero no podemos desligar obra/artista. No podemos comprender a Goya ni a Boticelli sin conocerlos, esto lo sabe cualquier alumno de primero de historia del arte. Y por supuesto que no podemos opinar de una portada de cómic (si creemos en la naturaleza artística del cómic) sin entender lo que su autor pretende con ella. Porque no, claro, no hay un canon que aplicar ni una norma matemática. No es cuestión de medidas y plomadas, reglas de oro y recetas magistrales.

Y por otro lado, por supuesto que no opinamos lo mismo de esto…

DK I

Miller, Jackson y Varley, El retorno del Señor de la Noche (como se llamó en la edición de Zinco)

…que de este chiste.

RISSO

100 Balas. Azzarello (guión) y Risso (dibujo), desconozco el capítulo concreto de esta imagen, los coloristas de la serie son Grant Goleash y Patricia Mulvihill, según la wikipedia

 

 

En fin… como siempre, todo el revuelo sirve antes que para juzgar a Miller, para conocer posiciones del lector y ubicar a cada quien en un lugar.

Y puede que DK III resulte una castaña. Pinta mal, un trabajo quizá no de encargo puro y duro pero sí de coyuntura para sacar más pasta (realizado casi en tercer plano por salud, asistido por dibujantes y guionistas). Lo comprobaremos cuando salga. Pero mira, es Miller, sin él el cómic no sería lo que es hoy. Es el autor más importante que ha dado el medio, posiblemente (o uno de los diez más importantes, seamos flexibles, tampoco importa mucho la boutade, me entiendes). Y hace bien en darle a la manivela de nuevo, para lo que le salga de los huevos (¿sacar pasta? ok, Miller, lo que quieras, estás de vuelta tras ir y volver unas diez veces, tú puedes) , y además, es evidente, va a lograr también ese objetivo, va  asacar bastante calderilla con DK III, olé él.

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La pazienza ha un limite, Pazienza no!

La carrera de Andrea Pazienza cabe en un arco que va de 1977 (Le straordinarie avventure di Pentothal en Alter Alter) a la fecha de su temprana muerte, 1988. Hoy, 2015, podemos disfrutar del primer volumen de una edición integral de su personaje Zanardi, lo cual nos retrotrae a la lectura de historietas de hace, groso modo, treinta años.

Zanardi en sus cinco portadas

Zanardi en sus cinco portadas

En las páginas de Pazienza se advierte sin duda el peso y el poso de su tiempo y lugar, un cómic de vanguardia ochentera afilada que se mira en el underground americano de los sesenta y en los exploradores europeos de los setenta. Que se inserta cómodamente en la ola de experimentales italianos que desde los últimos setenta hicieron de “la bota” un lugar de referencia para el cómic.
Hablamos de historia del cómic… y sus páginas abigarradas, su búsqueda de estructuras abiertas, su aire de improvisación y sus juegos metalinguísticos podrían recordarnos a un ramillete de historietas que ya huelen a polvo en el camino que dejamos atrás. A pasado, en fin. Basta venirnos a nuestra España de la transición para encontrar obras que, efectivamente, dan lecturas a las que los años han puesto en un sitio demasiado focalizado. Sió, Maroto, Luis García, por ejemplo, son (grandes) autores que en algunos casos han entregado obras absolutamente trascendentes para su momento y para el devenir de la historia del cómic español, pero cuya lectura, hoy, descontextualizada, puede hacer aguas, porque inevitablemente son de su tiempo y precisan de su tiempo, para su completa y compleja asimilación.

Pero leyendo a Pazienza no ocurre eso. Ojo, insisto en que Zanardi es un producto de su época y sus páginas, su especial locura, nos retrotraen a los ochenta sin ningún tipo de duda. Pero hay algo, una vibración determinada, que nos hace sentir también en ellas una verdad atemporal que se sobrepone a los ejercicios de estilo, a las soluciones de ruptura, a los ánimos de búsquedas y al reflejo de su tiempo-lugar. Lo trascendente de Pazienza está en eso que cada vez, afortunadamente, vemos más en el cómic (y que siempre hubo, claro, pero acosado por el interés entrópico de las editoriales en vender un determinado producto a un determinado target lector en unos determinados puntos de venta).  Lo importante en Zanardi es la porosidad de la obra, que nos filtra a medida que vamos leyéndola en el espíritu íntimo del autor.Zanardi-Andrea-Pazienza-03 Zanardi es la tortuosa, ególatra, cachonda, desmitificadora, inquieta cabeza de Pazienza. No cabe comparar Zanardi con otras obras porque lo importante no es su contexto, sus referentes o sus consecuencias como obra de arte. Lo vital es cómo sus páginas apelotonadas, sus ideas como un regurgitar de viñetas, sus atrevimientos con la forma y con el fondo, son el reflejo fascinante de una persona fascinante. Leyendo el libro no necesitas acudir a la “wiki” para conocer o cuanto menos intuir a Pazienza, ¿no es evidente tras la lectura que este precioso libro (otra vez “precioso” se asocia a Fulgencio Pimentel, es así) nos retrata un autor inquieto, versátil, tortuoso, autodestructivo, salvaje, intenso, contradictorio y muy, muy divertido?¿No es el de Zanna un retrato fascinante de su creador, antes que un argumento bien templado o una batería de alucinantes juegos con la página y el estilo?
Claro, lo es (y de paso, lo de la batería de juegos alucinantes también). Y aquí está el gran logro, pienso, de este joven que falleció por un pico pasado de rosca, una mala  noche del 16 de junio de 1988 en Montepulciano. O quizá, según fuentes, no falleció por sobredosis pese a un pasado yonki (que logró superar, en principio), parece que no está 100% claro el motivo de su muerte a los 32 años. Cabe la leyenda, y eso vuelve a hablar de la fuerza de su obra, capaz de contarnos entre pliegues argumentales más de su creador que de sus personajes de ficción… pese a constituir al tiempo un acertadísimo retrato generacional de la juventud de los ochenta… si es que tiene tela, Zanardi.

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PIES DESCALZOS, de Keiji Nakazawa

Simplemente, en mi opinión, uno de los mangas más importantes de la historia.

Por cierto, no acredito la autoría de “Maus” (Art Spiegelman) y “Paracuellos” (Carlos Giménez) en el original.
: Visado : Página 6 Cómic Pies descalzos

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Los niños no leen tebeos

Las historias de papá: os voy a contar una. Ayer “Punchito” (vamos, mi hijo, cuarto de primaria, que viene siendo como mi cuarto de EGB) discutía en el cole con amigos. Ellos le decían que Iron Man (no, ya no es El Hombre de Hierro, claro) puede levantar el martillo de Thor porque lo vieron en una de las pelis (por cierto, que me busquen el fotograma, por favor). Mi hijo mantenía que imposible, y apelaba a los cómics (por charlas con servidor, no por leerlos), donde el asunto quedaba meridianamente claro: imposible, por la magia de Odín, salvo un caso en toda la historia Marvel (Bill Rayos Beta). Pero los contertulios (aka, mocosos de la clase) le contestaron rápidamente que los tebeos son malos (TODOS, desde el nº 1 de 1963, bendita infancia) y que lo que vale son las pelis, que son las buenas.

El papel defitidor de las características del universo Marvel, en fin, se ha trasladado, socialmente, del papel al celuloide. La peli es la que marca, describe y dice la verdad. Los tebeos son Tierra-2.
Al mismo tiempo mi hijo ha recibido un regalo, un jugoso billete a gastar en lo que quiera. Y quiso un vídeo juego de Vengadores Lego.

wiiiiiiiiii

Mi hijo en su tiempo de ocio

Pues bien. El chaval lo flipa con ese (y otros del palo) juego de superhéroes. El chaval flipa con la franquicia vengadora de Disney en el cine, y flipa con la serie de animación de 2010 (y seguramente con la nueva de 2013, y lo que le echen). Pero apenas ha leído los tebeos  de Los Vengadores que le he comprado (los pensados para su edad, de formato álbum y estética cartoon). Y esto es general, no solo cosa de esta casa. El producto cómic no atrae ya a los niños. Quizá, no sé, a los más talludos, adolescentes, a algunos al menos, pero hoy me temo con base en mi experiencia empírica (por tanto es un temor, no una aseveración) que la batalla está perdida y es difícil.
Porque el cómic ya no es un producto mass media si no un regalo digamos de élite, la curiosa aportación de un invitado al cumpleaños, el simpático y curioso tío hipster, que se saldrá del esquema general (arramblar con lo que tengas en la cadena comercial adecuando el regalo, cualquiera, a tu presupuesto). Porque ya no es un producto de masas para infantes, porque se ha descolgado la venta de cómics de el auge de determinadas series televisivas. Aunque hay esperanzas como el éxito de Hora de Aventuras de Norma, pero es la excepción, me parece.
Ojo: hay una generosísima oferta de cómic infantil, olvidemos los tópicos y rastreemos los catálogos de manga, los específicos de editores y sellos como ¡Bang!, Barbara Fiore, Ediciones B, Dibuks o directamente acudiendo a la reedición de clásicos incontestables como Astérix y Spirou. El tema no es de oferta, es la penetrabilidad del cómic en el (amplio) espacio cerebral que los niños tienen para su ocio.
Pero ¿he hablado antes de “batalla perdida”?¿Batalla? No lo veo, no compro el concepto “batalla”, el “deber”, la necesidad de promover lectores infantiles. No veo tampoco la pertinencia de vincular el lector niño al futuro lector de cómics adulto o, como rezaba aquel, futuro lector a secas. Ni que la España surgida de la tradición del tebeo (la generación lectora masiva de brugueras y cuadernillos de aventuras a mediados del siglo XX) haya revertido en el país más lector de occidente y una comunidad protectora de su cómic como arte, industria y lo que sea… no, que se lean tebeos o no en cierto rango de edad solo tiene una consecuencia: que se leen tebeos en cierto rango de edad. Y eso, claro, me parece fantástico y una oportunidad de diversificación para los editores. Pero las cosas vienen y van, y lo importante es aceptar el momento (malo para la expansión del medio como mass media, y más si hablamos de los niños).

Y el momento es el que es: lo que ahora está “penetrando” es, por moda si quieres, la novela gráfica adulta con formato libro. Es visible y es lo que, en fin, toca en nuestro tiempo. Si un editor quiere apostar por el lector infante me alegro, y le deseo suerte, aunque lo tiene duro. Los tebeos no van a ser objeto de culto infantil, no pueden competir con la consola, punto, fin de la tesis. Si por designios del destino surgiese un cómic que rompe ciertos muros y se convierte en tendencia en los patios de colegio (sustituyendo a gogos, cartas de Invizimals y neo-trompos de plástico con luces de colores) será porque algo extraño, circunstancial y muy puntual rompe alguna barrera. Del mismo modo que en su día lo hizo, en el mercado adulto, Arrugas de Paco Roca, puede pasar con una portada infantil. Pero frente a la revolución de la novela gráfica (temática, de estilo, de puntos de venta, de formato, de percepción socio mediática) veo muy difícil que, de darse el caso (de tener, en fin, un Hora de aventuras, el cómic de éxito multiplicado por diez), esta circunstancia singular se convierta en tendencia de mercado y de percepción social o preferencia de ocio generalizado entre los niños hoy.

Así que a ser realistas, sin renunciar a soñar con el infinito y más allá pero sin nostalgias ni naftalinas excesivas, que empañan el cristal de la nave y no dejan ver el exterior.

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RORK, de Andreas

Este texto amplía lo que publiqué en Faro de Vigo, donde por espacio hube de podar un buen párrafo o dos.

El enigma Andreas.

Se edita por primera vez una integral en castellano de uno de los títulos históricos del cómic europeo, la serie Rork del alemán Andreas.

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Andreas Martens (Düsseldorf, República Federal Alemana, 1951) cursó estudios en la Academia de Artes de Düsseldorf y más tarde, en Bruselas, ingresará uno de los más reconocidos centros de estudio de la historieta en Europa, el Instituto Saint Luc. En 1978 inicia en el seno de la revista belga Tintín la serialización de su obra más famosa, Rork, cuyos primeros episodios irán apareciendo de forma muy espaciada.
Rork es un título atípico pero al tiempo importante del cómic europeo de los años ochenta (pese a que su trayectoria exceda esta década). Es atípico por su renovadora construcción formal y por una trayectoria errática. La serie se divide en dos etapas o ciclos, motivados antes por las contingencias editoriales que por intereses creativos de Andreas. Sus inicios, historias cortas de misterios digamos paranormales, protagonizadas por un enigmático albino (Rork), se publicaban en la revista Tintín. Crearon un cómic en progreso, por así decir, cercano al espíritu de la literatura folletinesca, pero el descontento tanto del autor con la editorial como de esta con los resultados de la obra (alejada de los patrones conservadores de la revista) llevan a Andreas a cancelar el proyecto en 1982.
Prosigue la carrera del dibujante con otros títulos, y al tiempo la editorial Lombard recopila aquella primera etapa en dos álbumes: “Fragmentos” y “Pasajes”. El éxito de ventas inesperado es el estímulo para el nuevo acuerdo: en 1988 comienza la segunda etapa de la serie, que se inicia con el álbum “El cementerio de catedrales” y prosigue cuatro títulos más, el último de 1991. En 2001 añadirá una precuela a la saga (que es, en versión blanco y negro, la historia que inicia el volumen ahora editado en España).
ECC Cómics ha editado un primer volumen de dos, que reunirán todo el material de la serie, siendo la primera etapa inédita en castellano. El primer libro adolece de una reducción de tamaño que no beneficia al meticuloso dibujo de Andreas, pero por otro lado aporta todas las portadas, información extra en un prólogo, y busca un precio menos gravoso que una edición en tamaño álbum europeo y un formato, el libro de tapa dura, afín al mercado de la novela gráfica.
Sin embargo Rork es un producto de su tiempo, no una novela gráfica contemporánea, y como tal hay que leerlo. Andreas fue un autor completo que se revela un eslabón importante en la tradición del álbum tradicional francobelga, en su evolución y superación de los signos clásicos del cómic europeo de los ochenta. Afín a las historias de acción y misterio, con referencias casi pop (lo mistérico, la aventura decimonónica a lo Conan Doyle, el terror clásico norteamericano ―especialmente, H.P. Lovecraft―), y si bien resulta esquemático en tramas, desarrollos de personajes y sobre todo en unos diálogos almibarados, resulta jugoso por su apuesta formal de ruptura (insisto, en el marco de la Bd francobelga clásica).

Andreas, en fin, es un autor que cabalga entre influencias europeas y americanas. Su dibujo evoca el trabajo minucioso de la técnica del grabado, se impregna de romanticismo gótico y evoca al modelo detallista de autores de cómic galos (ese gusto por el acabado virtuoso tan Bd-80’s, que por ejemplo le acerca en cierto grado a la obra de su contemporáneo Schuiten). Pero sus modelos más directos son norteamericanos. La viveza de su diagramación de la página, sus encuadres vehementes y su estilo dinámico beben directamente de nombres como Mike Kaluta, Barry Smith, Neal Adams o Bernie Wrightson. En sus primeras aventuras todo ello tiene más de artificio, de ensayo en probeta, que de natural combinación en pos de un estilo propio.

"El cementerio de catedrales"

“El cementerio de catedrales”

Con todo es de justicia entender que ya en esta recopilación vamos a enfrentarnos a dos Andreas separados por aquello de la evolución y el aprendizaje. El primer ciclo de las aventuras de Rork es titubeante, animoso (quiere experimentar y se lanza a ello, con sus influencias, las ya marcadas, muy claras), pero es un producto lastrado por las tradiciones, antes que liberado de ellas. Sin embargo la relectura de “El cementerio de las catedrales”, que cierra el tomo, es mucho más satisfactoria . Y claro, también la de “Los fantasmas”, que aunque inaugura el libro es la última incursión de Andreas en su personaje, pero a mi juicio el resultado es mucho más amanerado que en el cómic “catedralicio”.
En “El cementerio de catedrales” Andreas ya muestra un dominio de su lenguaje sin caer en barroquismos. Basado en composiciones de página dinámicas (que juegan con lo vertical y lo horizontal para expresar un dominio del tiempo y del lapso, de lo que duran los momentos que en ellas se describen), maneja con soltura las yuxtaposiciones, el estilo gráfico (magnífica esa parte en que adopta maneras del miniaturismo medieval), y como narrador domina ya o por fin, el sentido del misterio, en un batiburrillo que se sirve tanto de El mundo prohibido como de Lovecraft, la literatura pulp o la tradición narrativa del cómic de misterio europeo (el primer Tardí, las historias de Comés… ese sentido casi victoriano del relato clásico franco belga se percibe en cierto grado en Andreas).
Así lo más destacable hoy en Rork es su condición de cruce (entre Europa y EEU) y de puente (entre el cómic más clásico y cierto nivel de ruptura), un documento de un tiempo y también de un autor único.

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MANDINGO de vvaa.

mandingo

Mandingo tiene algo de circunstancial, al tratarse de un fanzine creado casi ex proceso para el festival No Tengo Mamá, en el que se vendía como parte del merchandishing del evento (esto es, una fuente de recursos económicos que revertirá en los gastos, o de la finiquitada edición, o para la que viene, no sé).

El artefacto es un cómic donde cada autor aporta tres viñetas (unos pocos alguna página entera) y cede el bastón del mando a un colega. ¿Resultado? Bueno, cuando en estas cosas concursa la categoría de autores que participó en el nº 2 de ¡Caramba! el artefacto se convierte en algo mágico. Pero Mandingo es otro tema, y ejerce más bien de presentación de una posible nueva escena del cómic más “artie” (muchos nombres gallegos, claro, e invitados del resto de España). catálogo de sangre joven.

Variedad de estilos, ganas de hacer un poco el ganso sobre una premisa ya bastante gansa, y lo dicho, un pequeño cuaderno que merece la pena conservar, porque ahí dentro hay muchos de los nombres que podrían sonarnos mañana.

La edición, como siempre en Fosfatina (coeditan, en este caso, con la productora musical Seara records que organiza el festival Mamá), muy correcta. En su web puedes pillarlo: http://fosfatina.tictail.com/

En esta página: Begoña García-Alén, Julia Huete y Jorge Parras

En esta página: Begoña García-Alén, Julia Huete y Jorge Parras

Participan en el experimento 36 autores: Óscar Raña, Alicia Muñiz, Carlota Juncosa, Jose Jajaja, Nuria Figueiredo, Begoña García-Alén, Julia Huete, Jorge Parras, Sandro Kevin, Pelucas, Juarma, Josemi te lo pinta, Tabaré Santellán, Roberto Massó, Los Bravú, Guillermo Mayo, Roberta Vázquez, Marc M. Gustá, Lois Costas, Irene Vidal, Tayone, Arturo Mosquera, Alejandro Gaudino, Inés Casarejos, Miguel Noguera, Néstor F., Teresa Ferreiro, Natalia Umpiérrez, Martín López, Cynthia Alfonso, Bernal Prieto, Mirena Ossorno, Luis Romero, Berto Fojo, Andrés Magán y Santi Z.

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TAIGA, de varios utores

Sigo leyendo zines pillados en el No tengo mamá.

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Taiga se estrenó hace unos meses aglutinando trabajos de Alejandro Gaudino, Óscar Raña, Cynthia Alfonso y Julia Huete. Juntos amasaron un número cero de un fanzine pontevedrés que deja un poco sin palabras. Por lo del talento que destila, digo.
Tampoco vamos a ser exagerados, Taiga es un trabajo de crecimiento, aunque ojalá muchos creciesen así: pequeñas obras que desarrollan trabajos gráficos muy maduros (a veces con influencias a flor de piel, pero ya bastante bien asimiladas), universos narrativos propios (que se resuelven en anecdóticos tebeos de pocas páginas) y propuestas variopintas.

El nexo común puede ser la ciencia ficción, una aproximación a lo genérico desde la estética, que al final es el motor principal de las cuatro historias: Gaudino (“Surfista kabuki”) escenifica un encuentro en la tercera fase con ecos a Moebius y a Garcés. Cabe la posibilidad de que Gaudino no conozca el trabajo de Garcés, un autor semi olvidado de los ochenta (mal por el olvido) pero su barroquismo extravagante recuerda al del autor de “Ú, la grieta móvil”, lo cual habla del nivel de Alejandro Gaudino.

A Cynthia Alonso la conocía como ilustradora pero no habían caído en mis manos muestras de su obra historietística. “Smoke Town” muestra a la autora más clásica del lote, una dibujante potentísima que destaca antes en la creación de atmósferas que en la diagramación de unas páginas siempre eficaces, pero también ortodoxas. Eso no es malo (aunque a mí me va la marcha, lo admito), si no su camino, que no todo tiene que ser el DK II de Miller ni Shintaro Kago. La autora da lo mejor en un apartado gráfico atmosférico, sugerente y muy virtuoso.

De Óscar Raña ya había leído un split a pachas con Julia Huete, y  me gusta más aquí. hora se aleja (algo) de lo abstracto, define una historia (una,quizá, de descubrimiento de un universo paralelo, o una puerta temporal) y estéticamente se muestra más definido. “Los incapaces”, el citado split, y “Las prisas” aquí, son ediciones de junio del presente, ambas, por lo que no me atrevo a hablar de evolución si no de caminos y elecciones de estilo. “Las prisas” toma cosas del manga experimental, de Gabriel Corbera y sobre todo de los últimos Bravús. Su historia es inquietante y hay páginas muy bien pensadas en este tebeo. Bien.

Y Julia Huete nuevamente comparte aquí espacio con Raña. Ella es, también, de la escuela “lo vas a flipar y no te vas a enterar de casi nada”, y está presente en Taiga con una pequeña historia de mundos oníricos irreales, de argumento anecdótico pero con resultados sugerentes.

Sumad un cuadro central a color creado por los cuatro implicados, una portada de las chulas, y en fin, creo que este es el fanzine gallego colectivo que más me interesa seguir a día de hoy.

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Puedes pedirlo a taigazine@gmail.com

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Bob y amigos 3

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Lecturas de microediciones, fanzines y autoedición. Roberta Vázquez tira millas e insiste en la solidificación de su universo particular con un tercer número autoeditado de las historias de Bob y  demás frikis antropomorfos. Lo hace en lo que parece un acto reflejo: un movimiento natural, conciso, casi despreocupado. Se posa la mosca, la espantas con la mano. Me siento y sigo haciendo mis cómics.

Lo mejor que ofrece “Bob y amigos # 3” es esa involuntaria confianza natural en un universo con, aún, reminiscencias (una historia de las aportadas aquí, “Una noche para recordar”, por momentos parece protagonizada por Búho, el colega loser de Megg y Mogg) pero también con unas ganas de ser ganso desde su propio peso específico: funcionen muy bien, como hayku-paridas “Cejas de pitonisa”, “La última croqueta” (como un chiste de exagerado anticlímax) o, muy especialmente, “Pimpinela”, que parece algo así como una coña marinera autoconsciente, muy chiste de cubata a altas horas.

Cuando se es tan joven como autor (muy poco editado fuera del circuito do it yourshelf) pero ya manejas un concepto, personajes y una capacidad de desarrollo como el de Roberta Vázquez solo cabe felicitarnos del momento presente, donde de la nada, con trabajo y ganas, puedes forjar un mundillo propio en un puñado de papeles.

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Cultura e instituciones

Hace unos día participé en una mesa redonda sobre autoedición en la que saltó un tema sin duda interesante: las relaciones entre los estamentos oficiales culturales y la acción cultural independiente (¿independiente de qué? Fácil: sobre todo, de esponsorizaciones estamentales o comerciales). Cuestión planteada en el marco de No Tengo Mamá,  festival de artes visuales, un evento independiente ubicado en las calles que circundan un museo de arte contemporáneo vigués. Un museo que ha vencido la crisis de algún eventual cierre y que de cobrar entrada ha pasado, para “permeabilizarse” con la ciudadanía viguesa, a permitir el acceso gratuito a sus exposiciones. Nuevas crisis han dependido, claro, del apoyo institucional, que en algún momento también han casi-precipitado el cierre del centro. Su supervivencia durante años, entiendo, ha dependido por tanto hasta ahora del Ayuntamiento de Vigo dado que Diputación Provincial no gastaba un colín en dicho museo . Insisto en el tiempo verbal, pues el cambio de gobierno en Diputación en las últimas elecciones (antes, PP, ahora, BNG en acuerdo con el PSOE) ha traído este agosto nuevas al respecto.
Ved que no he hablado de contenidos del museo, ¡parece que son lo de menos!.
El MARCO de Vigo supone un paradigma de cultura dirigida por el estamento político clásico, una telaraña de tejemanejes donde su sostenimiento (apoyo institucional a un organismo cultural) depende de la visibilidad que proporciona el organismo y la renta a corto plazo, esto es, entendido como arma de debate en la próxima campaña electoral. También depende de las batallas por el desgaste político: si quien debe derivar pasta es del partido A pero el centro se ubica en un ayuntamiento gobernado por B, pues ya te imaginas… La realidad de un museo semejante en pleno centro de la ciudad convierte a este edificio (y tantos otros por toda España, claro) en un poderoso argumento político.
Por otro lado es indiscutible la necesidad de centros de esta índole, más o menos estamentales (como organismos externos mejor). Vamos, que no estoy en contra de una cultura sostenida políticamente, porque ello, bien entendido, supone que la sostenemos todos nosotros. Y la cultura es muy importante en una sociedad, es evidente. El problema es que no es así, si no “asá”. Y que además el hecho de que un centro de arte sea “gubernamental”, en la práctica puede separarlo de la acción popular. “Todo para el pueblo pero sin en pueblo”, decía el despotismo ilustrado. Y sí, en ocasiones parece que la cultura institucionalizada vive al margen de los movimientos culturales de base, los que se mueven sin ataduras (y mucho menos, ataduras políticas), y que solemos identificar con la autogestión cultural. Cualquier paseante por el festival de autoedición y artes visuales No tengo Mamá, en unas jornadas al aire libre y amenazadas por la lluvia, podía preguntarse de un modo natural porqué el museo de arte contemporáneo que la feria circunda no abría sus puertas y cedía espacios a un evento que podría ser hermano (muy pequeño, pero hermano) del propio museo, en tanto que evento artístico y contemporáneo. Tengo la impresión de que el espíritu de colaboración del MARCO con el “Mamá” se resume en un permiso para apostarse en sus alrededores y poco más. El año pasado asistí a Graf Madrid. Un evento autogestionado también, de creación, cómic de autor y fanzines, que se celebró en el marco del Museo ABC, donde además exponían Javier Olivares y Santiago García su trabajo para la novela gráfica Las meninas. Exposición que se combinó como parte de la programación de Graf al contar con el propio Olivares para hacer una visita guiada, durante las jornadas del festival. El ABC este 2015 vuelve a repetir colaboración con la organización de Graf, que volverá a celebrarse dentro de los muros del museo. De esto, y su importancia, ya hablé aquí. Es verdad que el Museo ABC es una institución no pública, una iniciativa del diario ABC, pero tiene un peso cultural claro. En Barcelona Graf se celebró el pasado mes de mayo en la Fàbrica de Creació de la Fabra i Coats, con una cesión de espacios a la organización de Graf. La Fabra es una vieja fábrica de los años 10 del siglo pasado, reconvertida en el siglo XXI en un espacio de creación artística gracias al Programa Fábricas de Creación impulsado por el ICUB (Institut de Cultura de Barcelona). Y pienso que aunque la colaboración fuese solo una simple cesión de espacios o un alquiler de los mismos es suficiente, tanto en el caso barcelonés como en el ABC. Porque tiene una significación social y política clave.

Entiendo también que algunos responsables de eventos culturales autogestionados (o personas involucradas en ellos) manifiesten posturas contrarias a la colaboración con este tipo de organismos desde posiciones, digamos, de radical autonomía: no quieren relacionarse más que con entes privados para organizarse (centros culturales alternativos con los que negociar el espacio de las actividades, cafés culturales que ceden su local…). Bien, me parece perfecto. Pero cuando la organización sí cree que una colaboración con un centro público puede convenirle, debería encontrarse una colaboración sincera (se materialice finalmente o no, hablo de actitud) y no reticencias y exigencias o llanamente un cortafuegos del tamaño de El Muro de Poniente.
A veces pienso que Galicia sigue un pasito por detrás, que aún pervive una concepción instrumental del poder que impide la sincera colaboración de órganos estamentales con iniciativas populares, aunque ambos remen teóricamente en pro de la actividad cultural. El utilitarismo es la raíz del mal, claro. Si un estamento político no advierte como rentable políticamente su apertura social más allá de autogestionar en sus instalaciones exposiciones populistas, el estamento no solo no colaborará, si no que obrará “sin el pueblo” (ya no hablamos de la concesión a empresas de servicios y tal).
Pero estas inercias pueden, deben romperse. Y es prioritario que sea cuanto antes. Me llamó la atención saber que durante el Viñetas desde o Atlántico/Autoban, el nuevo alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro, se paseó e interesó (creo que hasta compró cómics en las librerías del Viñetas) por el salón dirigido por Miguelanxo Prado (ni idea de si se acercó a Autobán). Y en la charla en que tuve el gusto de participar en el Autobán estaba en el público Jose Manuel Sande, concejal de cultura coruñés que en twitter alabó públicamente el evento (“Actividade na Semana do Cómic por vía autoxestionaria (…) Parabéns pola iniciativa e a calidade da programación.”, escribió)
Supongo que estamos comenzando el camino de inversión en que nuestros representantes (singulares, órganos) terminen siendo eso, la visibilización del pulso de la calle. Pero mientras ese momento no llega (y si llega) hay que empecinarse en decirlo en todas partes: si la cultura estamental no colabora y sirve (gustosa, además) a la cultura privada seguiremos en una democracia de segunda: “El despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la segunda mitad del siglo XVIII, que se enmarca dentro de las monarquías absolutas y que pertenece a los sistemas de gobierno del Antiguo Régimen Europeo (…) Los monarcas de esta doctrina contribuyeron al enriquecimiento de la cultura de sus países y adoptaron un discurso paternalista. También se le suele llamar despotismo benevolente o absolutismo ilustrado; y a quienes lo ejercen, dictador benevolente.” Lo dice la Wikipedia, no yo, ¿eh?. Pues no caigamos en eso.

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