LA ENTREVISTA, de Manuele Fior

Rescato una critiquilla que había olvidado colgar en el blog. Originalmente apareció en Faro de Vigo, hace semanas ya

“La entrevista”, el futuro cercano y los OVNIS.

Manuelle Fior plantea una distopía de efectivas tonalidades grises, sobre el mundo que vivirán nuestros hijos.

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El protagonista de La entrevista (Editorial Salamandra) alude en determinado momento a su padre. Comentó el autor, Manuele Fior, que en esa figura (ausente ya de la novela gráfica) el propio autor se piensa más o menos a sí mismo. Estamos por tanto ante un relato de ciencia ficción cercana, la de la próxima generación, y una que plantea las preocupaciones de Fior por el mundo que dejaremos a quienes nos sucedan.
En este cuento de futurismo próximo y contactos con civilizaciones extraterrestres no vamos a encontrar pues atisbo alguno de “space-opera” ni de Nueva Era, sino una especulación sobre personas que viven un momento bisagra, entre el pasado que es nuestro presente y una nueva sociedad. Una que automatiza la vida y esteriliza las emociones. Una que, a su vez, asiste al advenimiento de una nueva juventud liberada de los modos de su tiempo, que vive en comunas de sexualidad, sinceridad y libertad extremadas.
La idea de momento clave es importante en este relato, refleja tanto un futuro incierto como, quizá, nuestro presente en crisis (de economía, de valores) y ahí radica la fuerza del relato, por lo demás, andamiado con ideas muy recurrentes (pareja madura en crisis, irrupción de una jovencita que ofrece la sabiduría de la vida futura, crítica a la sociedad como algo alienante…) y ribeteado con un fuego de artificio, la presencia de entidades extraterrestres sobre los cielos que hace de elemento detonador sin ser nada más que eso, el gatillazo final, algo accesorio en el fondo.
Y si la historia es una mezcla de temas típicos con la mirada personal del autor como su mejor apunte, gráficamente resulta indudablemente un trabajo atractivo y poderosamente esteticista. Los grises, en una paleta amplísima pero siempre de blanquinegros, se apoderan de las páginas, desdibujan las realidades representadas y logran un todo meditativo y otoñal, absolutamente necesario para sumar puntos y convertir la lectura, finalmente, en algo bastante disfrutable, que entretiene por su trama y nos deja pensando en el mundo que vivimos (y en el que viviremos) por sus temas.

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EL FIN DEL MUNDO, de Santiago García y Javier Peinado

findelmundoMenuda mentira nos cuelan Santiago García y Javier Peinado en El Fin del Mundo… desde el semblante biográfico de los autores (al menos el de García, “uno de los muchos seudónimos del crítico de cómics Trajano Bermúdez”) al mensaje de contraportada, pasando por la imagen de saurios antropomórficos (por cierto, al verla no pude evitar acordarme de “Dinosaurios“, aquella teleserie surgida al rebufo de los Simpsons en los noventa). El jugar con la verdad es un concepto medular de este cómic, un cómic que se autodefine como la obra realizada por el protagonista para narrarnos los hechos que estamos leyendo… una matriuska en formato grapa, vamos, o una cinta de moebius, o algo así. Da igual, todo es mentira. O todo es verdad.

Visualmente se retrata la vida cotidiana de un urbanita vulgar, “A day in the life” en una suave caída a submundos de selva asfaltada. Si nos fijamos en la historia que nos muestran las imágenes, se avanza de una normalidad apática de un tipo solitario (despertar, desayunar, visitar a la madre) hacia un fin de jornada de subsuelo, putas feas y hurtos chuscos, con final de vomitona en callejones oscuros incluido. No arroja una imagen demasiado optimista de nuestro entorno, no estoy seguro de si hay lectura de una crisis actual o si directamente el tebeo entra en la pura misantropía atemporal.

Mientras tanto, tenemos la narración en primera persona, que se articula con un recurso potente: en vez de emplear cartelas y separar discursos, García opta por hacer platicar a su antihéroe la perorata en primera persona saltándose en su monólogo su realidad cotidiana (con la cual sin embargo, y mediante el ardid, irremediablemente se imbrica). Mientras pide un café gestualmente y le contesta el camarero con una línea de diálogo (“¡Marchando!”), el personaje sigue con su cháchara, un discurso sobre un apocalipsis ya sucedido que no conviene desvelar. Un discurso/tesis que avanza a su ritmo saltándose las elipsis y la historia visual que nos cuenta el tebeo.

Entonces, ¿si el fin del mundo ya a sido qué está ocurriendo?¿la vida es sueño, rollo Calderón de la Lancha Motorizada? Hay paralelismos con The Sandman (muy concretamente con aquel pequeño desafío al estatus de la realidad que fue “Sueño de un millar de gatos”), pero donde Gaiman puede caer en la delectación del narcisismo, García aplica una idea narrativa potentísima, jugando con expectativas, bordando un ejercicio de lenguaje con el contraste como motor, y llegando a un final que nos retrotrae a una de las más celebradas capacidades del guionista (que practicó con enorme fortuna ya en el primer volumen de El vecino, mano a mano con el dibujante Pepo Pérez): bordar finales “WTF!“. Pero mejor que entonces, con un propósito rupturista de intensidad dramática y que redondea los ejercicios formales que El fin del mundo ha bordado. Porque la última página rompe la línea de lo narrado con una conclusión que el lector puede vincular a la línea argumental de lo vivido gráficamente (en un llanto final de un Juan Nadie desesperado) o al discurso dinosáurico (a lo conspiranoia… ¡el Profesor Doménikus aportaría entonces a la causa, no cabe duda!)

Hay más chicha, como una mirada irónica hacia el ejercicio de autor de cómics que abreva del Daniel Clowes más vitriólico o incluso de Chris Ware, muy dado a repartir estopa contra sí mismo y contra su propio oficio. No es una idea superficial desde el momento que lo que leemos se supone que es el artefacto en forma de cómic que el ciudadano protagonista ha creado, además. De hecho nada es superficial aquí.  Son 24 páginas sin duda bien aprovechadas, cargadas de ideas y juegos formales… en los que no debemos olvidarnos, claro, del ilustrador.

Javier Peinado sencillamente lo borda con un estilo línea clara franco belga de corte realista, que puede recordarnos a Julliard o incluso a Paco Roca (desprovisto del elemento caricatura, tan de Roca, en beneficio de un realismo sucio que da tono a la obra). Y sobre todo con una planificación perfecta del tebeo. Su propuesta es la invisibilidad, opta (optan los dos creadores, vamos) por una  paginación cerrada de seis viñetas (2×3 invariable). Potencia el juego de planos cambiantes: primerísimos, generales, picados, contrapicados (a menudo en viñetas contiguas). Colorea pensando en la narración (aunque me sobran algunos toques relamidos muy puntuales, como un cierto gusto por las texturas) y sobre todo se encariña con los detalles. Me encanta en este sentido cómo en su dibujo realista usa ardides casi cómicos, por ejemplo líneas cinéticas que salen de los cráneos (ya en la segunda página, para expresar esa sensación de despertar malamente), o empleando bocadillos tan incongruentes como hacer que un bote de café emita una interrogación. Y además creo que no es ocioso, es lógico en la narración. Abundan al inicio del relato, predisponiendo al lector a cierta relajación pese a lo tremebundo del mensaje de arranque (pequeño spoiler: el discurso del protagonista se dirige directamente al lector, en un ejercicio muy Grant Morrison de ruptura de la cuarta pared, la quinta y la que haga falta, y nos habla del título del cómic, algo nada “cómico”, claro).

Ya he dicho todo lo bueno que le he visto a este cómic, que es mucho, y lo malo, que es casi nada. Ahora, te lo compras aquí (también Tengo Hambre, del que hablé hace bien poco)

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Yo La Tengo

Estaba yo mirando unos you tubes de una de mis bandas de cabecera, Yo La Tengo, disfrutando sus lives, y me encuentro un primer plano del bajista, James McNew, donde luce un tatuaje que me gusta. Me gusta mucho.

Yo la Tengo Woodring

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TENGO HAMBRE, de Santiago García y Manel Fontdevila

hambreTengo hambe es una historia-bofetón que tiene algo de juego travieso. Tengo hambe es un pixie que encierra un mensaje pesimista y duro. Qué difícil es hablar de este tebeo, porque siendo un objeto consagrado a la concisión, todo en él es materia y “chicha”. Pero es imprescindible enfrentarse a sus 28 pequeñas páginas (cuento con portada y contra) desde la inocencia del que no sabe nada.

¿Qué destacar entonces de esta obra de la que es mejor guardar los datos argumentales para la lectura? En primer lugar, la opción del guionista Santiago García. En la brevedad ya señalada, García crea un relato de denuncia (fobia racial, ruptura del estado de bienestar, deriva grotesca de las clases dominantes -el patrón-), y lo menea que da gusto: arranca con un tono de triller costumbrista, lo lleva al amaneramiento exagerado, lo acelera llevándolo al terror (psicológico, también gore), lo abduce en un ambiente pesadillesco con ribetes de una especie de Berlanga sumido en un mal viaje drogota (ese humor gruesísimo, cafre), y lo remata con aires de la añeja EC.

Es un paseo con mucho cómic, claro. Es un artilugio que evoca el costumbrismo de Carpanta (el hambre insaciable) en su cara oscura, que se mira en la obligada concisión de los relatos conclusivos de revista ochentera (El Vívora más social reverbera aquí) y que juega con su formato, comic-book, con inteligencia.

Pero creo que si bien la historia es potente y muy bien armada, donde hay que quitarse el sombrero es en lo gráfico, ante un Manel Fontdevila inmenso, tremendo y casi hasta inesperado. A ver, esto no es un pulso, evidentemente los logros de un tebeo son los de una inercia, una sinergia y un fluir de ideas y voces. Pero lo de Manel desborda.

Acostumbrados a su varita mágica de parir chistes sociopolíticos, de su mirada cómica al entorno social (La Parejita), a su, en fin, veta coñera sabrosona, ácida y aparentemente sin fin, he alucinado con este cambio tonal. El motetista nos ha entregado una fuga, y es una pieza perfecta. Fontdevila ensaya un tono seco, oscuro y cortante. Lo impregna todo de negritud, llevando sus exploraciones a nuevas cotas, muy expresionistas (de expresionismo alemán pictórico, digo). Además entrega soluciones de puesta de página tan brillantes como variadas, que van de contrapicados radicales a la irrupción pesadillesca del color gris, pasando por dobles páginas que acojonan en el momento preciso, empleo de cartografías… Un ejercicio de maestría y olé.

Ah, y por supuesto, el tebeo tiene una de las portadas del año, maliciosa, oscura y enigmática como un disco de Slint. Je, creo que alguna canción de los de  Louisville podría ser la banda sonora de este tebeo.

 

Y mañana, más Santiago García (un mañana literario… cuando lo escriba, digo, pero lo póximo por este blog), un individuo que en 2013 debió levantarse un día y se dijo, “me arremango y cierro proyectos de una vez” Y vaya si los está cerrando.

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23 FOTOGRAMAS POR SEGUNDO, de Albert Monteys

23_fotogramas_por_segundo___Portada“23 fotogramas por segundo” de Monteys (Ed. ¡Caramba!) es una recopilación de chistes intuyo que bastante “inencontrables”, que ofreció el creador de Calavera Lunar en El 50, el diario del Festival Internacional de Cine de Gijón. Hechas las aburridas presentaciones procedamos con lo divertido, su lectura.
Monteys es un animal del humor, alguien que vive la primera línea del francotiro satírico. Este libro se centra, claro, en el cine. Es un compendio de chistes sobre el séptimo arte que, siempre con un gesto amable, no deja títere con cabeza. Cada página del cuadernillo (que se abre y lee horizontalmente, algo que me recuerda, no sé porqué, a una claqueta) explora una cuestión, responde a una pregunta en una serie de viñetas agudas. La crítica “cinéfala” (que diría Rappel), los trailers, los espectadores… todo es mirado y todo es objeto de chiste.
No hay alardes formales de puesta de págna (delata así con este pragmatismo “ecénico”, quizá, su procedencia original), sino ristras de viñetas bien prietas, de acabado sencillo para hacer la lectura ligera, y cargadas de dibujos simpatiquísimos (el más, su autorretrato, me pierde su autorretrato).
23fNi le pido ni me ofrece una Obra Definitiva que Revoluciona el Panorama, sino que 23 Fotogramas por segundo es lo que es, un refresco para la cabeza del lector sobre un tema lateral en nuestras vidas (a mí los entresijos del cine y sus grietas, vamos, me importan lo justo, que es muy poco), con ironía, guasa y observaciones alrededor de esa mitología kitch contemporánea que es el celuloide. Como tal, refresca más que diez quilos de fantasmikos, así que objetivo cumplido.

 

PD, una chorrada, al guardar imágenes para ilustrar este valiosísimo texto me di cuenta de que, resumiendo, el cómic puede acabar referido como 23 F, tomad parida.

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Sacarlo a pasear, llevarlo a un museo

Ha pasado una semana desde la inauguración de la exposición que he comisariado para el Museo de Pontevedra, “Do cómic á novela gráfica. A banda deseñada en España no s. XXI”, y ayer he ofrecido una visita guiada en tanto que, eso, comisario.

jose domingo
Ha estado bien, una decenita larga de personas se apuntaron a la guía, pero el asunto es que con una semana de vida ya podemos hablar de primeras impresiones.
La expo, me cuentan los subalternos del centro que atienden la entrada del centro, va bien: la gente está visitándola, y lo mejor, repiten. Recuerden mis lectores que en la sala hemos dispuesto los diez libros de los cuales se exponen algunos originales. He ahí el quid de la cuestión: los visitantes se acercan un día, ven, y leen. Y vuelven a seguir leyendo, o a leerse otro.

El museo se ha convertido por arte de magia  en un centro de ocio vinculado al cómic, a la lectura de cómics (bueno… qué coño magia, yo, que he tenido la idea y la expuse, y el Museo de Pontevedra, que me la aceptó sin titubeos, receptivo y encantado). Supongo que quien viene y repite es gente que “entra” al mundo de la novela gráfica por primera vez, porque entiendo que quien visita desde el control del medio estos cómics los conoce de sobra, o la gran mayoría (son autores de primera fila, esto es impepinable: Max, Kim, Miguelanxo Prado, Paco Roca…). En todo caso, sea como sea, la clave, lo importante, es haber encontrado otra forma, humilde, pequeña, de sacar al cómic de sus mentideros. Leer a José Domingo en un museo, riéndote (esto lo vi yo) sentado en tan augusto lugar. Conocer las virtudes gráficas apabullantes de Prado (que asombra con su técnica), asombrarte con la fuerza telúrica que desprende Beowulf

Si la historieta, si el cómic como producto, no trasciende las librerías especializadas, no veo posible evolución. Está claro que una expo de un mes en un museo no es la panacea, pero sí supone una ocurrente alternativa (me echo flores, ea). Llevar a la historieta a lugares que no le son habituales, pero que, como arte que es, le corresponden. Esa es la táctica. El cómic, arte e industria, se ha acomodado desde hace demasiados lustros en generar su propio círculo cerrado de lectores, puntos de venta y mecanismos de publicidad. Esto se rompe en el siglo XXI, gracias al fenómeno de la novela gráfica, y creo sinceramente que iniciativas como la que el Museo de Pontevedra (y la Diputación, la Jefa en todo esto) ha montado solo pueden beneficiarnos a los que estamos en este ajo para que la historieta sea rotundamente  ubicada en un nuevo paradigma: narrativa artística que puede y debe interesar a lectores adultos que no leen cómics. Lo importante es buscar medios de llegar a esos lectores potenciales, y creo que estamos andando ese camino, desde iniciativas como los premios Fnac o el proyecto “Viñetas de vida” de Oxfam Intermon a cositas más modestas pero con su determinado (¿y determinante?) grado de repercusión, como esta expo que, os lo recuerdo, es de visita gratuita y permanecerá abierta hasta el próximo 20 de julio en el Sexto Edificio del museo pontevedrés.

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Novedad editorial: Curiosón

No nos engañemos, Fulgencio Pimentel, como editorial, es un bien de interés general y permanente. En junio sacan “Toreromaus” de Los Bravú, una maravilla recuperada de Beto Herández, y Culto Charles, de José Ja Ja Ja. Todos entrarían en mis recomendaciones y apetencias. Pero por destacar, y como inaugura la línera “Fulgencio Pimentel e hijos” de obras para niños de la casa, hoy me detengo en Curiosón:

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Con su traje de buzo del siglo XIX, Curiosón se zambulle en las profundidades marinas para explorar los secretos y maravillas que allí se esconden. En su fantástico viaje subacuático, nuestro joven protagonista viajará junto a criaturas grandes y pequeñas, adorables ypeligrosas, descubrirá galeones hundidos e incluso antiguas y misteriosas ciudades sumergidas.

Sin utilizar una sola palabra, Matthias Picard desarrolla una sencilla, mágica y exuberante historia fantástica en el escenario de las 20.000 leguas de viaje submarino, un parecido que se intensifica con las artesanales y detalladas ilustraciones a página completa, remedando el estilo de los grabados que ilustraban aquellas historias. Como en el clásico de Verne, aquí la aventura se completa con la contemplación deescenarios fascinantes y el descubrimiento deun nuevo mundo.

Curiosón, un auténtico tributo al libro como objeto, ha sido delicadamente producido con una tecnología de 3-D mucho más rica de lo que auguran las profundidades de tinta china de sus dibujos, convirtiendo la fantasía de sus páginas en decorados casi tangibles. Este álbum de gran formato incluye en su interior dos pares de gafas anaglíficas, para que niño y adulto puedan compartir una y otra vez toda la diversión de su viaje compartido al corazón del océano.

Para lectores de 3 a 10 años. [NdP]

Curiosón. Viaje al corazón del océano, de Matthias Picard. Fulgencio Pimentel. Junio.

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Novedad editorial: Fútbol

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La niña que quiso ser futbolista y acabó triunfando en las máximas categorías profesionales masculinas, los dos amantes que compartían vestuario y terminaron convertidos en máximos rivales sobre la cancha, el misterioso equipo de un pueblo de la sierra que llegó de las estrellas, el chocante episodio del artista contemporáneo que se hizo cargo de un club de Primera División, la verdadera historia del equipo de una localidad de la Costa del Sol dominado por un magnate corrupto… Éstas y otras son las historias que se entrelazan en Fútbol. La novela gráfica, que se plantea como unas Mil y una noches del balompié. [NdP]

FÚTBOL. La novela gráfica, de Santiago García y Pablo Ríos. Astiberri, julio.

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ORGULLO Y SATISFACCIÓN, VVAA

Pocas veces la aparición de un cómic se enmarca en su propia turbulencia y requiere del conocimiento de sus propios antecedentes como Orgullo y satisfacción. Si algún extraterrestre no sabe de lo que estoy hablando, le recomiendo la lectura del artículo de Gerardo Vilches en Entrecomics donde se detalla con precisión el asunto.

Tras la diáspora, el primer panorama personal de los autores que habían decidido abandonar un barco con capitanía censora no dejaba de ser descorazonador. No puede ser fácil pasar de la estabilidad laboral (trabajando en lo que te gusta y donde te gusta) a una enorme “¿“. Pero si algo tenía que pasar, ha pasado lo mejor. Porque hablamos de un grupo de creadores, gente inquieta y con talento para arremangarse y dar su propio puñetazo en la mesa. Si RBA aporreó para censurarnos, nosotros lo haremos para gritar más alto. Sin cadenas, con libertad y apostando por la red de redes. Orgullo y satisfacción es la respuesta a todo lo que está pasando, dentro (censura, ética y futuro) y fuera (la coronación, el referendum que no veremos, las instituciones y los medios ante la realeza española…). Y ha sido, ya, un éxito editorial sin precedentes: a las 20’20 del 19 de junio, tras unas pocas horas de estar disponible en descarga al precio de 1’50 € mínimo, ya se habían vendido 25.000 ejemplares. Virtuales, por supuesto, porque para salir en fecha lógica (ya, ahora, antes de la coronación) no procedía pensar en papel, distribución y puntos de venta.

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La importancia de todos estos hechos es enorme, opino: cierto que es un caso de singularidad evidente, pero solo podemos asombrarnos (y celebrar) el exito sin precedentes ante una propuesta de historieta como esta. Un grupo de autores aprovecha las muy adversas circunstancias de su entorno, las convierte en combustible para alimentar una necesidad creativa, la autogestionan (do it yourself, o con ¡Caramba!, que es decir más o menos con Manuel Bartual, parte por tanto de los autores que se han ido del El Jueves), la miman desde una turmix de sentimientos a flor de piel y a través del talento particular de cada autor la ponen en la calle… y la experiencia barre brutalmente con todo, y vende lo que no está escrito.

Se puede matizar, un agorero fúnebre podrá decir que es una supernova  precediendo a la muerte del universo todo, o que es un caso absolutamente aislable, o que…

Mirad, cuando pienso en Bernardo Vergara, Manel Fontdevila, Manuel Bartual o Paco Alcázar pasando de la sensación de horror vacui tras dejar El Jueves a este momento, un hoy que los señala como ejemplo de ética que Puede (lo de que podemos… era esto, ¿verdad?) tosdos los matices me sobran. Porque creo que estos artistas han tenido un valor asombroso, una inhumana capacidad de recuperación, una capacidad de aguantar con todo y tirar hacia adelante que, jalonada con 25.000 ventas, me parecen una lección. Tomad nota. Tomémosla.

Además tenemos un cómic, Orgullo y satisfacción, que os aseguro que no es que sea una lectura muy compatible con las tablets (no digo de la panttalla del pc, la leí en mi tableta) sino que estas páginas hacen el amor a la luz de la luna con el dispositivo. Orgullo y satisfacción es un archivo y está pensado como tal, para lectura en pantalla. Y repito, ha triunfado. ¿Cambio de paradigma? insisto en la singularidad de este cómic, pero una cosa es vender 20 mil copias en un mes y otra rebasar esa cifra en unas pocas horas, por mucho que sea El Momento. Será interesante ver si al efecto “arrancada en el momento justo” le sigue un número de ventas interesante.

Y bien, no estoy hablando del tebeo, ¿eh? No, ni lo haré demasiado, por 1’50 (un café, joder) puedes leerlo ya sin esperar a que yo te diga que está muy bien. ¡Compra aquí y conoce al Semi dios!!!!…

la foto

Sí quiero señalar, no obstante, que se ve toda la carne en el asador en cada viñeta, que hay chistes de los que te sacan carcajadas, que no es un material escatológico o hiriente sino crítico, punzante y reflexivo a la vez que muy cachondo. Y que Manel Fontdevila merece una calle a su nombre (que podría inaugurar Felipe VI, je) porque siempre supera mis expectativas, que Monteys propone un elefante mágico desternillante, y que Luis Bustos ha creado con su Semidios (ver foto arriba) una miniatura que justifica por sí sola esta aventura delirante, positiva, emocionante y sí, histórica.

 

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Montando una exposición.

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