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Leer razones: el papel de la crítica

He leído recientemente un cómic (fabuloso, ya escribiré algo sobre él) en el que la obra se engalana con un texto escrito par ala presente edición. Es un texto firmado por una de las personas a las que más respeto en esto de escribir sobre cómics. El caso es que este hecho me ha recordado uno de esos clichés recurrentes… lo de la crítica de cómics más o menos vendida al mejor “servidor de prensa” o que no critica negativamente por amiguismos con los autores, como si el ejercicio de crítica consistiese en rellenar un formulario con las opciones Bueno/Malo sin más (así, parece, lo entiende cierto sector del fandom)… ya he tratado el asunto en el pasado, lo sé, me repito. Pero el caso es que leyendo ese texto que da prefacio o epílogo al cómic arriba aludido, podría pensar… ¿Qué valor tiene esto? Frente al texto crítico para una revista o diario, sobre el que todo lo que hay es una duda (objetivamente hablando, todo acaba en eso, una duda sobre la integridad del firmante), el prólogo a un libro es un texto encargado por el propio editor (media contrato incluso), que va a alabar, sí o sí, la obra en la que se incluye, obviamente. O eso o el editor está loco o es idiota.
Esto por extensión sucede en todos los cómics, en toda la historia del medio: desde las ya incontables intros para reediciones de Marvel al prólogo firmado en su día por Carlos Saura para el Mara de Sió.

¿Pierden esos textos laudatorios su valor por concepto, pre-concepto? Yo creo que no, aunque en determinados contextos es evidente que nace con unas cuantas cartas marcadas (venimos a hablarte de las bondades de esta obra que has comprado). Así al abrir mi lectura y comprobar que incluía ese texto lo que pasó fue que me alegré, porque conociendo la trayectoria del crítico/divulgador, pensé y pensé bien, que su prólogo/epílogo va a introducir ideas interesantes, conceptos que aportan luz (incluso para discurtirlos, toda crítica dialoga con el lector, no pontifica, o no debería) y además que lo hará con un estilo impecable.

Pero es obvio que no es un texto libre, sino un encargo. Así, preguntaría a quienes devalúan el papel del crítico por supuestos amiguismos (supuestos, mientras que en el prologuismo no hay suposición que valga, el encargo es lo que es) ¿eliminamos de la edición de cómics todo elemento externo a la obra, o podemos pensar que un prólogo de, por decir, Álvaro Pons, Pepo Pérez, Gerardo Vilches, Alberto García (aquel Tío Berni), Bambf! o cualquier divulgador que quieras ponerme de ejemplo… puede aportar un enriquecimiento determinado previo o posterior a la obra, incluso si incluye argumentos valorativos y (obviamente, no queda otra) elogiosos?
Pues eso. Lo importante es el contenido, esto no es Twitter, la crítica es pensamiento pausado alrededor de una obra. Disfrútala.

La crítica de cómics hoy.

Vía el muro de David Rubín y su hilo de comentarios descubro esta crítica digna de un amateurismo en crítica de cómic evidente. Se habla de un texto sobre un tebeo que en principio dibujaría Evan ‘Doc’ Shaner al completo y que finalmente es dibujado a pachas por Shanner y… otro autor. Y dice el autor de la crítica:

No me quito el mal trago de que DC vuelva a hacer otra vez de las suyas. A que vuelva a desaprovechar la oportunidad de sacar un número 1 brillante por no haber tenido la planificación adecuada. ¿No era mejor haber sacado un cómic de menos páginas? ¿Os imagináis que el Star Wars #1 de Marvel hubiese salido con 10 páginas dibujadas por otro que no fuera Cassaday? Después de anunciar a bombo y platillo una cosa, queda mal y feo que hagan algo diferente y que, además, desluzca el resultado de un dibujante brillante como Shaner con otro que, sin ser malo, no le alcanza el nivel a pesar de intentar imitarlo.

No enlazo, no se trata de eso, no buscamos quién o dónde, si no que pretendo analizar el hecho. Sí diré que no hablamos de un blog personal o algo así.

El “imitador”, el “sustituto” de Shanner (dibujante en activo desde el siglo XXI y del que conste, no estoy opinando aquí, en absoluto) es… Steve Rude.

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“Nexus”, personaje y colección creados por Steve Rude y Mike Baron en 1981.

La sensación que me ha transmitido el texto es la de un fanboy que desconoce la historia del medio y que además no se ha molestado en contrastar datos. Es facilísimo sacar cuatro conclusiones de la categoría histórica de Rude (no hablo de su calidad, de si gusta o no, hablo de datos, historia, carrera, premios… cuestiones objetivas) paseando diez minutos por la Wikipedia o Lambiek, por citar lugares de consulta sencillos y al alcance de cualquier crítico de cómics.
Personalmente creo que un serio problema en la crítica de historieta actual es la falta de filtros, y el acomodo al método “personal blogger”, que desde luego NO debería ser patrón en una crítica rigurosa.
Todo esto no pretende ser un ataque personal ni al firmante del texto ni al medio que lo ha alojado, pero sí un punto de reflexión, ojalá de inflexión también: creo sinceramente que el “mercado” de medios de crítica se está retrayendo y relajando. Al cierre por agotamiento (Entrecomics) podemos unir la relajación de otros que permiten párrafos como el arriba señalado. No quiero resultar incendiario ni, repito, personalizo en nadie pese a partir de un ejemplo (llamativo), si no dar un toque de atención al respecto de esta sensación, que es mía pero que, apuesto, comparto con algunos colegas. No imagino Dirigido o Rockdelux aceptando un texto tan indocumentado, ni a un colaborador de esos medios escribiendo con piloto automático y sin el sentido de la responsabilidad que debería darnos escribir crítica en medios públicos de información y divulgación.

El oficio de la crítica de cómics

Últimamente ando yo pensando sobre el oficio de crítico de cómic. O la disciplina, vamos. Me he leído unos artículos escritos para Dolmen hace años, y a mayores he tenido dos encuentros de esos que te hacen pensar, uno una crítica realmente espantosa, otro, un lector de este blog que ante la crítica severa a “Ardalén” me acusa de estar untado por la editorial Astiberri y por eso meto caña a Prado.

El caso es que, chorradas al margen, todo esto (y la recuperación de unos viejísimos artículos de Pepo Pérez) me han llevado a recapacitar sobre el asunto.

La crítica de cómics. Algún día he de buscar un buen libro sobre el oficio crítico en el arte, literatura, cine… dudo que encuentre algo directamente relacionado con historieta.

Bruno Kolin, el crítico de cómics de “Infame”; por Nestor F.

El equilibrismo del crítico de cómics, “profesión” en el fondo socialmente insignificante, es peliagudo, como el de todo crítico, pero al estar en un pequeño mundo donde, en teoría, todos se conocen al menos virtualmente, puede provocar un miedo escénico absurdo. Puede llevar a omitir todo pronunciamiento sobre lecturas desafortunadas, o a usar sordina. Dar por pasable lo que a nuestro juicio no lo es, o apoyarnos en el “hay un lector para cada obra” , máxima demasiado benevolente que no por cierta es menos tramposa en boca de un crítico. Un buen crítico es una persona cuyos lectores atienden porque,  a lo largo de una carrera, ha demostrado un determinado gusto personal afín con el del lector. “Te puedes fiar de”. Esto es una verdad a matizar. Lo mejor es que la crítica sea constructiva (positiva o negativa), que tenga su parte de descripción, de modo que se potencia la autonomía del lector, se refleja lo que es la obra en sí, su escuela, sus antecedentes. Pero yo no busco un crítico acrítico tampoco, así que necesariamente quiero (y pretendo, como crítico) tener una capacidad de veredicto que lleve a aconsejar o desaconsejar una obra. Toda o en parte. Matizar, señalar las debilidades o advertir los golpes de genio, de haberlos.

La debilidad del asunto está en determinar si se puede categorizar sobre una obra, sea de cómic o de literatura o pintura. Decir que algo es buenísimo o penoso siempre parece lastrado por lo opinativo, lo subjetivo. Si a mí me gusta y a ti no, al final lo que sucede es que tú no te enteras. Es una corriente de pensamiento en el lector de crítica de cómic contra la que hay que luchar. Lo que es, es. Lo creo, pero es difícil llegar a ese “ser”. Al hablar de algo sometible al gusto personal parece que cualquier obra pueda ser cualquier cosa, buena o mala. Labor de buen crítico será establecer con su discurso que esto no es así. Quien opine que Miguel Ángel es un artista mediocre, que Borges no vale un patacón o que George Herriman está sobrevalorado (O Chris Ware, más interesante al no tener ese aura “viejos maestros”, tiempos pasados de gloria” y demás memeces), sencillamente no se entera. Respeto que no te guste el autor de la Sixtina, pero no que no lo valores.

Está claro que el tiempo nos da valores totalmente objetivos innegociables. También en el cómic, y eso sería lo primero que, creo, debe tener claro un crítico. Porque además no son valores absolutos. La calidad de Moebius puede ser cuestionada, claro que sí. Pero no a hachazos tipo twitter. Eso no es ejecrcicio crítico. Para bailar en la cuerda de la crítica creo que hay que tener unas nociones claras de historia del medio, de su gramática y del oficio. A ver, no necesitas saber tallar el mármol para criticar una obra de Bernini. Del mismo modo, no hace falta un dominio de técnicas del coloreado infográfico para apreciar las bondades de Paco Roca. Sí que es preciso, claro, comprender la teoría del color. Sí, también, la del cómic como medio narrativo. Qué es un buen diseño de página y qué una página  formularia en su diseño. Qué significa “buen dibujo” en historieta. Y creo, la verdad, que hay que conocer algo de sociología del arte, para comprender la del cómic, y sus importantísimos cambios. Con todos estos aprendizajes podrás valorar el ayer y el hoy de la historieta.

Otra virtud que debe tener el crítico es su estilo. Saber escribir. Qué gustazo leer una crítica bien escrita. Qué anodino hacer lo propio con un texto romo.

Y por último, luchemos porque desaparezca de la faz de la tierra todo “Egoritico”. Esto es, el plumilla que solo escribe, habla o critica desde su propio y muy inflado Ego. “A mí…” “Creo que este autor…”, “yo Yo YO YO…”. Carlos Boyero es el caso paradigma, tipos que adquieren notoriedad y se convierten en gurús por la gracia de su ombligo. Los aúpan grupos mediáticos (Prisa, en el caso) cuando su mérito, al menos hoy por hoy, es nulo.

Así que, enumerando, el crítico en mi opinión debería

  • Conocer el medio que critica: historia, obras, fundamentos. Esto incluye la comprensión del presente. Si te escondes en el pasado como halo de prestigio no eres buen crítico porque no comprendes el medio. Hoy es el pasado de 2012, míralo así.
  • Ser objetivo para llegar a valorar desde lo subjetivo: indudablemente al criticar llegamos al “es bueno/malo” donde lo personal inevitablemente interfiere. Pero debe interferir poco.
  • Tener estilo literario. En el grado preciso, no hablamos de ser un Cela.
  • Escapa del “egocritiquismo”. Por tus muelas…

El crítico de cómics de “Ice Haven”, Daniel Clowes

Yo creo que con todo esto podemos entender que el crítico es bueno. Conozoco alguno que se ajusta al esquema.

Y creo que todo autor, editor y lector sensato debe valorar positivamente la crítica leída si se ajusta a esos parámetros, aunque no se esté en la misma línea de gusto personal del crítico. Recuerdo aún cómo me revolvió la paliza que le mandó en “U” Santiago García al arco “Las benévolas” de “The Sandman” (Gaiman, Kristiansen y Hempel, con algún dibujante más). Pero no por poner mal la obra, sino por lo sólido de su argumentario. Como estoy releyendo la saga, algún día llegaré a ese arco argumental, ya veré cómo veo, veinte años más tarde, la traca final de la serie de Neil Gaiman. El caso es que en los equilibrios del crítico no es uno menor el aguante. Porque como dije, es un mundo pequeño donde todo se magnifica. Como en la casa de GH. En su día pude haber contestado por carta a la revista. Hoy te inundan el blog con un mero clik. Y hoy, el crítico conoce al editor de The Sandman (no diré al Gaiman, pero si hablamos de Max o Prado, ahí muchas veces sí, se conocen).  Si pongo a caldo a Paco Roca (no ha sucedido, siempre me ha gustado) pueden pasar tres cosas feas. No malas, pero feas, que no son plato de gusto. Que se cabrea Roca. Que lo haga su editor Astiberri. Que un lector te acuse de sobronado para poner a caldo a Roca. Lo 3º es lo más común en la red de redes. Siempre desde el anonimato. No tiene importancia, pero es lo que más se ve. La visibilidad de las máscaras, buen subtítulo para los blogs.

Diré que en mi experiencia, realmente un autor o un editor no se “ofenden” por una crítica negativa. En mi caso (que soy poco dado a dar cera, además) cuando ha sucedido se me ha agradecido. Recuerdo a bote pronto que Laura Pacheco agradeció que la mía fuese una primera crítica que apuntaba “peros” a su ópera prima. Y El Patito Editorial agradeció la crítica razonada y respetuosa que escribí sobre “Ardalén”.

Frente al troll común, individuo que manifiesta debilidad al ofenderse sobremanera porque a mí no me guste su cómic favorito, la realidad es que como crítico, la respuesta que debes esperar de lectores, autores y editores ante una crítica severa (no faltona, no revanchista) es el agradecimiento. Mi primera nota en carrera universitaria fue un 4’5. Acudí a ver mi examen, a ver porqué, y el profesor me dijo que le interesaba mucho hablar conmigo. Porque entre incorrecciones que impedían el aporbado, colaba ideas y enfoques con los que él mismo  había “aprendido”. Me reí e insistió en que era así, que había ideas potentísimas en ese examen. Y que insistiese en el estudio, no habría problemas. La moraleja es que si tú propones ideas, quien las lee puede valorarlas. Volviendo al crítico, si esas ideas son críticas pero constructivas quién sabe si el autor o el editor aprecian tu punto de vista como algo no contemplado antes. Aunque ese punto se esté cagando en la obra.

Así que otro punto claro, y que debería ser obvio, es olvidar el entorno, o mejor, pensar que escribes para mejorarlo incluso cuando estás dando caña. De lo contrario puedes caer en una espiral benevolente, por miedo, por coleguismo con autores, porque te pienses que la editorial se cabreará y es mejor tenerlas contentas. Poque lo fácil es no hacer ruido, seguir tranqulamente con tus lecturas, tus compras y tu servicio de prensa dando algodón de azucar a todos. Pues no. Ese no es el camino. Eso te ahoga porque es cobarde. Y repito, lo digo yo, que me considero tirando a benévolo.

En fin, sería el último punto:

  • Escribe sin miedo, pero con respeto. Te hará un crítico libre. Acusaciones necias no tienen efectos y revelan estupides, nunca verdad. Autores que se enfadan no merecen tu consideración. Editores revanchistas no merecen la pena.

Por cierto, la asignatura aquella, la aprobé sobradamente. Conste. Era “Teoría de la historieta” (chiste, falso).

Zona Cómic, crítica en papel

Es una buenísima noticia. “Zona cómic” sale en una semana, en las librerías especializadas, con intención tácita de reverdecer el espíriut de la llorada “Trama”. Parte de uno de los responsables de aquella (Koldo Azpitarte), y de la asociación de librerías del mismo nombre.

Para su primer número (como aquella, un nº 0) anuncian entrevista con la gallega Emma Ríos (que dibuja para los colonizados norteamericanos, ¡galician powerfull!), y artículos dedicados a Moebius, Rabagliati, Taniguchi, el “Pepe” de Giménez y All Star Superman de Morrison y Quitely.

nº 0 de Zona Cómic. Las portadas serán siempre originales como este de E. Ríos

Superhéroes, novela gráfica, manga, europeo, clásicos nacionales muy actuales… eclecticismo y gusto ¿lo ven como apetece?

Pinta divulgativo, ligero (en el buen sentido) y bien cocinado, y uno echaba de menos una apuesta así,  ya lo saben mis lectores.

Ilusión y proyectos moviéndose para apoyar a los tebeos. Las cosas que se mueven, las ganas y el mundillo que nos gusta están en esta iniciativa. Mi apoyo al 100%.

Loveletter hacia la crítica de cómics

Estos días se vive la enésima y triste polémica entre críticos de cómics, una profesión que no existe, que es mayormente altruista, que tiene una única base: querer al medio, a la historieta. La última, que me niego a enlazar o hacer referencias concretas, alcanza tal grado de bronquedad, tanta bilis, que uno se pregunta si intentos como el loable apunte de Jose A. Serrano para constituirnos en Asociación, no es algo poco menos que un gesto destinado al fracaso.

Bien, yo, que a estas alturas más de uno y más de dos me citan como crítico (y empiezo a aceptarlo) nunca me he visto como tal en tanto que bloguero (ya hoy, claro, publicando en prensa y eso, pues negar la naturaleza del asunto sería falsa modestia). Sí me creo un lector con mucho bagaje (toda mi vida leyendo tebeos) y, en fin, espero tener unos buenos muebles en la cabeza, que me vistan de (algunas) razones cuando escribo. Y pienso que no escribo mal del todo, que en mi estilo hay quien puede encontrar una causa para leerme… bueno, con todo, pertenezco a la tranquila zona minoritaria, no creo que tenga demasiados seguidores ni nada así. Mejor, mejor 🙂

Pero brindo por la crítica, sea yo parte o no de ella, y lo hago como lector, porque desde la tardo-adolescencia ha sido para mí un referente. Y desde que descubrí “Krazy Komics” en el 89, entró en mi vida como un glorioso rompimiento de gloria el ejercicio de la crítica de cómics. Gracias a los críticos, a las revistas sobre historieta, aprendí a ser un lector hererogéneo, que cualquier tipo de cómic, por estilo, tema, latitud que ostente, puede ser interesante. Comprendí leyendo críticas que el entendimiento del cómic debe sostenerse en el conocimiento general (esto atenta contra el espíritu fandom o freak: la cultura es general, global, y alimenta al lector). En todos estos años he leído varias revistas sobre cómic (muchas las conservo, por cierto), y atesoro en el recuerdo muchísimas reseñas y estudios, frases sueltas incluso, que me han hecho pensar y de las que he aprendido.

Dylan Horroks inventó un mundo idílico para el cómic y la crítica de cómics (Hicksville, quizá algún día...)

No supongan mis lectores en esta arenga una entrega cuasi religiosa al mundo de la crítica periodística, sino la capacidad de comprender que puedo aprender algo leyendo a otros que escriban sobre cómics, que dos ven mejor que uno, que la historia secular (y más) del cómic siempre tiene huecos y que otros pueden cubrirlos. Que una mirada lúcida puede revelarme las bondades que se me ocultaban o las debilidades de una obra. Que la crítica es un colchón y un somier en los que siempre es bueno recostarse (pero no hundirse) para salir más sabio cimentando el propio criterio de cada cual. Por supuesto que no todas las plumas son garantes de calidad. Por supuesto. Labor de cada cual será entonces elegir fuentes: yo he desterrado de mi ‘reader’ numerosos blogs que he ido tanteando, por malos. Malos para mí. Y hay revistas que ni me molesto en ojear en la librería, es normal…

En fin, creo que queda clara mi carta de amor a la crítica, escrita en unos tiempos en que agrias polémicas parecen enturbiar este panorama, con un espectáculo de ofendidos y ofensores, chanzas internas, egos, chascarrillos, insultos, desprecios, enfrentamientos directos… los críticos son humanos, claro que sí, y el roce es consustancial a la humanidad. Y el indignarse, claro, también… pero los humanos sólo creceremos aceptando nuestros fallos, recomponiendo las cosas y mirando al futuro. El pozo de mierda que, tristemente, hemos aguantado estos días, las puñaladas directas o traperas, no me interesan.

Así que marcho con un consejo para quien lo quiera (es gratis y bienintencionado): si no hay difamación (por ejemplo, cuando te acusan falsamente de mentir o de estar vendido a una editorial, cosas así) no merece la pena desviarnos de nuestro trabajo, la noble promoción de aquello que algunos consideramos un arte y todos un maravilloso medio de expresión, con una capacidad para entretener y apasionar fuera de toda duda. Mantengamos un panorama crítico respetable, seamos un colectivo digno, cohesionado en lo que debe estarlo (la defensa del medio, el análisis de su actualidad sin personalismos) y sobrevolemos inteligente y elegantemente todo lo demás. Aceptemos la crítica personal como parte del juego, minimicemos su importancia, miremos meollos, contenidos y reflexiones, olvidemos el resto. Los que estamos por el oficio, en fin, hagamos la profesión más digna posible. Porque la meta, nuestra meta, es más noble que cuestiones personales.

Ala, me he quedao tan a gustito.

La independencia

Hace poco escuché al responsable de un medio de divulgación digamos cultural hinchar el buche alegando su independencia por no aceptar servicios de prensa (a partir de aquí, SdP). No era un medio de cómics. No era, tampoco,  un medio profesional.

Me parece un pésimo enfoque, debería entenderse que el SdP, como el “pase de prensa” en otras disciplinas, supone sencillamente la profesionalización de los medios en su relación con los mass media. De los medios, no digo siquiera de la crítica.
En el sector de la historieta es muy habitual leer que los cómics gratis son algo así como la prueba irrefutable de la falta de crítica. Esta postura me parece cuanto menos poco cabal. Es similar a decir que la crítica que se emita sobre las películas de estreno en el festival de Cannes por toda la prensa especializada no sirve de nada, porque la hacen señores que no solo no pagan por su entrada, sino que le proporcionan entradas vip y aún encima cobran por todo esto. O que un crítico de música carece de independencia crítica por el hecho de que los discos y los festivales le son proporcionados sin coste alguno, y no paga por su consumo. ¡En realidad, solo faltaría!
Yo francamente pienso que el vínculo es necesario, y es más, el editor no debe reclamar… no diré la crítica positiva: no debe reclamar ni la propia crítica explícita de la obra servida en SdP. Que el crítico profesional esté informado del modo más global sirve para numerosas cosas, algunas directas (cuando sí se critica ese cómic concreto que llega por SdP) y otras más indirectas. Por así decirlo, ese montante es el plancton de conocimiento global del mercado, también para acciones indirectas como votaciones en medios/festivales como jurado (se me ocurre en caliente), textos de encargo que a veces pueden girar alrededor de un tema, un género etc. Y sirve en definitiva para tener una panorámica lo más amplia del sector. Esto es: que el editor cuide y dé la importancia justa a dar el acceso debido a la obra editada, permite una crítica más global y otorga mejor perspectiva general al crítico profesional. Será entonces labor del editor (y/o del autor) ponderar qué críticos y medios incluir en su lista de SdP (según los medios para los que el crítico escriba, o sencillamente porque considera la calidad de su trabajo óptima). Y pienso que ese el el único camino para la objetividad real, el conocimiento profundo del medio sobre el que se trabaja. Un conocimiento que no se ciñe evidentemente a los servicios de prensa, pero que estos no emborronan, sino todo lo contrario, ayudan a enfocar el panorama (al menos, el panorama nacional).

Otro tema es el amiguismo, el círculo estrecho que evidentemente existe en un sector tan pequeño como el del cómic, entre periodistas, críticos, editores y autores. Existe esa cercanía y cordialidad (y punto, no nos pasemos, no nos vamos de despedida de soltero a Las Vegas) y negarlo es falsear el panorama. Pero de ahí a sacar el silogismo de que el roce hace el cariño y nubla la crítica negativa para evitar encontronazos, media un abismo. Para empezar creo que la crítica negativa no se tiene que dar en cualquier medio, sino en el medio especializado (o en un medio cultural en el que cabe una sección fija con batería de reseñas, cuanto menos). Máxime cuando estamos, dicen, en una tormenta perfecta. Personalmente escribo en prensa generalista para apoyar, para animar a la compra de obras que me parecen interesantes, defendibles. No veo útil dedicar 900 palabras a poner a caldo el último cómic de nadie en un diario. Eso lo concibo para la revista especializada periódica.

De todos modos, la crítica y la cercanía del crítico con el autor son dos espacios en los que la intersección, si somos cabales y maduros, no debería darse. Uno puede llevarse bien con autores o/y editores. Y recibir de todos ellos obras “por la cara” (no, por la cara no, escribir una reseña para un medio no es hacerse una manuela: da trabajo, consume tiempo, horas, requiere destreza, conocimiento del medio que abonas con lecturas teóricas, no solo con lectura directa de cómics). Ese roce es bueno, fiabiliza el criterio del crítico al aportarle más “armas” para su labor, al margen de sus compras personales, sus filias y sus gustos subjetivos. Incluso el crítico tiene con esta cercanía la oportunidad de saber de primera mano cuestiones de la obra que se va a reseñar y que por otros medios no están al alcance del crítico. Así su trabajo será mejor, más exacto. Pero la idea, muy extendida, de que por proximidad con autores y editores se pierde perspectiva y objetividad “por roce” me parece errónea. El criterio se demuestra en el ejercicio de la crítica, en el texto que el crítico entrega/publica. En el análisis. Que además no es palabra de Dios te adoramos Señor: cuando uno analiza está siendo testigo de su propio momento. Uno, tiempo más tarde, puede variar su análisis a la luz de nuevas reflexiones, datos… ¡no pasa nada, solo es una crítica! Alguien me dijo hace tiempo que la crítica es un acto de valentía porque te expone. No le quito razón. Expone un momento personal, tu estado, tu capacidad y tu manera de ver el mundo en un momento concreto. Te exhibe en ese sentido, y es muy normal que todos los críticos sintamos pudor al releer nuestro trabajo de hace años. No porque seas amigo o enemigo del autor o porque ese libro se te lo cediese el editor en SdP. Sentimos pudor porque nos recordamos y hemos cambiado -adquiriendo más conocimientos o destrezas, sería lo deseable.

Lo importante en la crítica, por tanto, es el fundamento, la chicha vertida.
Hoy es muy habitual ver a youtubbers deshaciéndose en elogios con total ausencia de análisis. “Es increíble, es una maravilla, me encanta su dibujo, una pasada, es el/la mejor, ¡un clásico!…”. Eso es lo que la crítica debe evitar: sea positiva, negativa o intermedia (porque a veces, ¡oh! una obra ofrece bondades y también cartilla de haberes, así es el arte), un buen texto crítico debe aportar un análisis que expone nuestra mirada en tiempo presente. Análisis más o menos profundo dependiendo del medio y la extensión y el target para el que escriba su texto -esto también es importante, el c´ritico escribe para un lector, no siempre universal y abstracto: no e slo mismo escribir para CuCo que para Magnet, para entendernos, tiuenes que variar el tono y el objetivo.
Solo en este término sirve de algo -o no- un texto crítico: si un autor es mi mejor amigo de infancia y me salvó la vida tres veces da lo mismo, importa tan poco como si he tenido mil cristos con él. Lo que importa está en el análisis que hago de su obra. En los razonamientos expuestos que llevan al “veredicto”. ¿Qué importa si en el fondo me gusta o no una obra? Lo interesante será comprender el camino, las razones y el análisis que llevaron a esa conclusión. Si alabo una obra, ¿importa el grado de amistad o el servicio de prensa recibido, o lo fundamental está en el análisis, la propia crítica que os brindo, sus fundamentos? Es más, ¿alguien puede decirme qué libros he criticado con SdP y cuáles comprando yo el ejemplar en mi librería? Mil euros si aciertas diez casos.
Por tanto y volviendo al principio: que un medio se jacte de independiente por rechazar o no recibir servicio de prensa no va a afectar para nada mi mirada hacia el medio. Lo hace lo que diga, cómo razona, cómo se explica. Sea para elevar a los cielos o sea para derrumbar hasta el subsuelo. Cómo, porqué. La labor del crítico, por supuesto, debe ser enjuiciada, para eso se escribe (entre otras cosas), pero debe hacerse con los parámetros adecuados y de justicia. Enjuiciar un portal de crítica porque recibe o no SdP no es el baremo. Opino.

Cómics nuevos.

Nuevo cómic, siempre hay nuevo cómic, desde que hay cómics.

Por una cuestión de maquetación (han dado una pátina nueva al suplemento y se quiere potenciar lo visual), el diario ha optado por ilustrar, con gran efectismo por cierto, mediante una imagen de la obra que abre el texto, aunque en propiedad es eso, el portal a tres obras más (y alunas citas finales). Los tres trabajos en los que mi crítica se detiene son:
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Y el artículo de Faro es este, aunque han cambiado mi título original este tiene su gracia y cierto sentido con lo propuesto:

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Anuarios del cómic (Jot Down y hace muchos años)

Ya se puede gestionar la adquisición, en “precompra” del anuario Cómics esenciales editado Jot Down. La información sobre el tomo la tienes toda aquí. Se trata libro creado por esta cabecera de prensa cultural y con la colaboración de la ACDCómic (sí, colaboro con dos artículos-crítica, que aunque sea participar bajo mínimos cuantitativos, ha sido poniendo toda la carne en el asador en cada crítica, dos tebeos y autores que me ha encantado abordar, con especial ilusión para un proyecto como este).
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La cuestión es que desde que me anunciaron el proyecto, doy vueltas sobre un recuerdo al que guardo enorme cariño: en 1994 la editorial Glenat publicaba 1993. Un año de tebeos, editado por Tino Regueira y con colaboradores como Jordi Sánchez, Pepe Gálvez, Juan Carlos Gómez, Toni Guiral, Josep Rom, Ana Mª Meca, Felipe Hernández Cava, Alfredo Arias, Trajano Bermúdez, Jordi Costa, Juanvi Chuliá, Lorenzo Díaz, Yexus, Andrés Hispano, Alfons Moliné, Francisco Naranjo, Jesús Palacios, Agustín Oliver, Francisco Pérez Navarro, Jesús Palacios, Alvaro Pérez, Carlos Portela, Alex Samaranch, AntonioTrashorras y Enrique Vela.
1993-Un-Año-de-Tebeos
Sus 98 páginas incluían textos genéricos y sectoriales (sobre manga, sobre Ediciones B o sobre el cómic adulto), entrevistas y una selección de cómics destacados del año 1993, cada uno con su correspondiente crítica. Os incluyo capturas fotográficas de un vendedor del libro en Todocolección.
1993 2 1993 1
Y me ha dado por reflexionar en cuánto han cambiado las cosas.
A nivel formato (claramente este anuario emulaba a modo de gancho el formato del álbum europeo), maquetación (bastante austera, por decirlo con suavidad) y recursos (en blanco y negro, supongo que para abaratar el precio final del libro), todo en este libro huele formalmente a crisis de los noventa. El propio Joan Navarro recordaba en un post de su blog en 2012 “Otro maravilloso fracaso de ventas, de estos que trata de ponerte en tu sitio, ante la realidad de nuestro patético mercado”. La intención inicial era crear un anuario “de verdad”, hacer el año de tebeos 1994, 95… hasta el infinito y más allá. ¿Cuántos ejemplares vendió aquel primer eslabón de una cadena que nunca llegó a ser? Pues pocos, tan pocos que la cosa quedó en aquella circunstancial y elogiable iniciativa.
Hace mucho que no vuelvo a sus páginas, pero mi recuerdo del libro es muy grato, visto en su día como iniciativa necesaria y repleta de las firmas que yo por entonces leía con fruición, en lo que a crítica se refiere. Pero el proyecto se estrelló contra una realidad: en 1994 no existía un tejido capaz de soportar esa propuesta. En plata, había muy pocos lectores de cómics, el famoso boom de los ochenta se había desvanecido y quien atendía a la historieta era un lector “experto”, coleccionistas sectoriales (superhéroes, clásicos -los pocos que se publicaban-, europeo etc) a los que empezaba a unirse un nuevo pulmón, los lectores de manga (Dragon Ball se empezó a editar en cuadernillos por Planeta en 1992, para hacernos una idea). Circuitos eléctricos cerrados formados por electrones expertos y coleccionistas, antes de la socialización del término (despectivo o no, pero sociológicamente significativo) de frikis. Esto es, los consumidores de historieta en 1994 eran aficionados acérrimos de visibilidad mediática bajo cero, cuatro gatos que, de lo que consumían, sabían hasta el nombre de las mascotas de los autores y no sentían la necesidad de comprar un tomo orientativo.
En este contexto un anuario comercial y profesional (sin ánimo de ser un voluntarioso fanzine, en definitiva, sino de proporcionar un producto rentable al catálogo general de su editor), con un formato tradicionalmente reservado al cómic, y editado por un editor de cómics fue un suicidio en términos de producto vendible. Tampoco 1994 era un año en que los puntos de venta se hubieran diversificado; las librerías generalistas no eran el de los editores de cómics, que navegaban las aguas cada vez menos plácidas de la librería especializada. Esto es, un artefacto como Un año de tebeos, con una aspiración proselitista, estaba restringido a la pequeña librería especializada, en la que se le reservaba un puesto más o menos secundario en medio del aluvión de novedades mensuales, comic-books sobre todo: recordemos que hablamos de la época de saturaciòn del mercado por parte de Planeta con sus licencias de Marvel y manga, cuestión que el propio anuario hacía visible en sus estadísticas.
Veinte años y pico más tarde las cosas han cambiado. El cómic no campa a sus industriales y capitalistas anchas como el estos días centenario TBO, eso no es el horizonte del medio ya. Pero que un medio diversificación interesante que, al margen de su futuro a medio o largo plazo (sí, la tormenta perfecta llegará, todo es cíclico), se advierte hoy desde el consumo cultural como un producto más, del mismo nivel que la literatura o el cine, o cualquier medio narrativo. No sacaré de nuevo los clichés que creo son grandes verdades, lo que supuso la novela gráfica y el Premio Nacional y todo eso, pero si alguien duda de que el cómic como medio hoy de una visibilidad y un reconocimiento mucho más amplio que el que tenía en los noventa, pensaré que está ciego y sordo, o que quiere mirar a otro lado y considera otro proyecto para el medio, diferente al que hoy vive.
Pues aquí estamos, y en 2017 surge, para mi alegría (independientemente de mi vinculación, modesta pero entusiasta), una nueva iniciativa de formalizar un anuario con intención de continuidad, de primer eslabón de la cadena. Me recuerda mucho al espíritu de aquel “año de tebeos”, un montante de reseñas de obras editadas el año pasado, acompañadas de entrevistas y textos de fondo sobre determinados aspectos generales del sector. Pero todo cambia. Esta vez se presenta en un formato de libro (de 19×26 cm.) de 240 páginas a color, y editado por un medio ajeno a la edición de cómics, una revista cultural que se acerca al medio “desde fuera”. No es la primera vez, por descontado, que lo hace, no es un “extraño en el paraíso” sino un medio cultural generalista que, por tanto, ocasionalmente atiende a la historieta, y esto me parece que no es excepcional, sino signo de los tiempos y de la “externalización” del cómic.

Las solapas del libro de Glenat abrían con un texto firmado por Joan Navarro que comenzaba sin rodeos: “El mundo de los tebeos no suele tomarse en serio a sí mismo. Y en general nadie nos hace caso”. 1993. ¿Abriría hoy alguna introducción al medio con una frase semejante?
En cierto modo han sido necesarios casi cinco lustros para que el panorama cultural y editorial pueda asumir un anuario como este, destinado a lectores de cómic, sí, pero también a lectores circunstanciales de novela gráfica, por ejemplo. Todo ha cambiado en veinte primaveras: el target, los editores, los puntos de venta (el anuario se puede reservar ya on line, por supuesto) y hasta la reverberación de un artefacto como este en la prensa diaria.
Viva y bravo.

Dios ha muerto, de Irkus (M) Zeberio.

Del pelotón de autores abonados a este excitante caldo de cultivo de firmas de la vanguardia, que aglutina a nombres como Begoña García-Alén, Gabriel Corbera, Julia Huete, Martín López Lam o José Ja Ja Ja, ha destacado en 2016 uno: Irkus (M) Zeberio. Más que nada por la osadía, la extensión y el formato de su última propuesta.

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Frente al océano inabarcable de minicómics, autoediciones y micro editoriales que abona la actual catarsis de historieta de vanguardia, Dios ha muerto es un grueso libro en tapa dura (edita Bang), 208 páginas para destilar ideas provocadas por la lectura de Así habló Zaratrusta en el autor. Combinando historieta silente de regusto risográfico con textos escogidos de Friedrich Nietzsche, este cómic marca el punto de inflexión en que debería mirarse “el mundillo” (sé que a todos os gusta esa palabra). Porque no abundan artefactos de este palo más allá de la voluntad de las firmas más consolidadas de la novela gráfica. Y dentro de esa novela gráfica sí que hemos visto casos de obras extensas y ambiciosas. Nadar se estrenó con Papel estrujado, se me ocurre en caliente: una novela gráfica, autoral, con un contenido entre el costumbrismo generacional y la crítica social que asombró por su ambición en volumen (casi 400 páginas) y lo sólido de sus resultados. Pero su estética, su temática y sus intenciones sintonizaban con una generación de “novelagrafistas” en la que podríamos meter a Álvaro Ortiz, Pablo Ríos, Paco Roca o Santiago García: crear con libertad un tipo de cómic transgeneracional, una lectura madura que puede atraer a lectores no habituales a esto de “los tebeos”. Zeberio juega otra liga, diferente, que no mejor o peor. Él plantea su trabajo como reto a los límites y a los márgenes del cómic.

Dios ha muerto es la mezcla de ambición y resultados más potente  del momento, un tour de force que mezcla la tradición y la renovación. Un salto sin red que termina entre aplausos y éxito rotundo. Cada párrafo de Nietzche escogido tiene un reflejo, o mejor decir un eco libre, en las páginas dimámicas, aparentemente espontáneas y repletas de sinergia que dibuja Zeberio. No se trata de transcribir contenidos, sino de plasmar el impacto que la obra original supone en el cerebro y el corazón y las tripas de Irkus, creando así un relato de primitivismo cósmico surreal, mántrico como una danza febril y ritualística, libre de ataduras y expresiva como un tam-tam en una invocación bajo la tormenta eléctrica, en un futuro apocalíptico.

Dios ha muerto podría leerse con la última encarnación de los Swans de fondo, uno de esos temas chamánicos y volcánicos que Michael Gira y su banda extienden durante decenas de minutos. La experiencia será duplicada por el apocalipsis sonoro.

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CUADERNOS JAPONESES, de Igort

Una de las novelas gráficas del año, en mi opinión. La verdad, para elaborar este texto toda la parte biográfica me la auto-fusilé de este texto propio, publicado en CuCo, Cuadernos de cómic, la revista que codirijo con Gerardo Vilches y en la que podéis leer más textos míos (y de muchos otros compañeros)
Lo demás en esta crítica, claro, es todo nuevecito, y como suelo hacer para el diario es más introductoria y contextualizadora que severamente analítica.
Clic para leer mi crítica en Faro de Vigo:

_ Visado _ Igort