HAVARTI PARTY, de Roberta Vázquez

Lo poco que conocía de Roberta Vázquez se editó en “Kovra”, el fanzine de Ed. Valientes que sigue siendo un manantial para tragarte nombres nuevos, propuestas libres.
Allí Roberta ya enseñaba un universo antropomórfico tan tradicional como personal, que se extiende por su obra autoeditada, por lo que leo en red, y se consolida ahora con Havarti Party (Ed. Fosfatina), un relato generacional donde conviven pequeñas debilidades formales con una personalidad importante y un universo gráfico sólido.hav part
La historia es bastante mínima: una serie de acontecimientos llevan a una reunión de colegas thirty-something (intuyo) en lo que es un viaje al lugar en que forjaron su amistad, los locos años universitarios.

Aunque en la realización a veces sobran ciertos énfasis innecesarios y varios primeros planos (demasiado) recurrentes, el tebeo perfecciona lo que ya había leído de la autora; vence en el reto de la obra extensa, pues sus 56 páginas son lo más largo de la autora hasta la fecha; es elegante y cuida muy bien el detalle. En este sentido basta observar atentamente la primera viñeta para darnos cuenta del cuidado puesto: imagen panorámica de una habitación. Pocos muebles, solo dos pósters (sin enmarcar) de adorno, pósters de bandas sesenteras (Cream y 13 Floor Elevators). Un banderín de fiesta en un espacio nada festivo. Esto parece la bajona, el día después: comida y revistas por el suelo, un cenicero usado sobre una mesa… y el protagonista (¿un ornitorrinco?) en pose contemplativa.

En una sola imagen Roberta Vázquez transmite toda la información necesaria para adentrarnos en el relato: esto es un cuento de post-algo, esto no es la fiesta, ni el desmadre (la fiesta pretérita la vemos, de hecho, en la portada). La fiesta de Haravarti ya ha pasado, solo queda el vacío del ¿y ahora qué?

Por eso también me sorprende para bien que ante esta idea, que me parece central en un libro(la imposibilidad de recuperar lo que ya no es y de la incapacidad para aceptarlo), el tono sea de humor suave, y de moderado optimismo pese a los perdedores de molde que lo pueblan y a un final en círculo que tampoco arroja demasiada esperanza. Final que además es muy abierto: es curioso cómo la narración evita los acentos y sin embargo, como he dicho, algunas soluciones gráficas abusan de ellos… supongo que lo bueno de todo esto es que Vázquez tiene una larga carrera por delante y que estas bases, bueno, estas bases son cojonudas y cimentada en maestros claros que van de los clásicos (no voy a dar ejemplos, los evidentes, la tradición funny) a los delirios cartoon de un Simon Hanselmann.

PD. Cosas mías: me gusta el resultado full colour de la portada, espero que pronto podamos ver algo de la autora a color, sin desmerecer del fabuloso blanco y negro que ha exhibido en Havarti Party.

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