El oficio de la crítica de cómics

Últimamente ando yo pensando sobre el oficio de crítico de cómic. O la disciplina, vamos. Me he leído unos artículos escritos para Dolmen hace años, y a mayores he tenido dos encuentros de esos que te hacen pensar, uno una crítica realmente espantosa, otro, un lector de este blog que ante la crítica severa a «Ardalén» me acusa de estar untado por la editorial Astiberri y por eso meto caña a Prado.

El caso es que, chorradas al margen, todo esto (y la recuperación de unos viejísimos artículos de Pepo Pérez) me han llevado a recapacitar sobre el asunto.

La crítica de cómics. Algún día he de buscar un buen libro sobre el oficio crítico en el arte, literatura, cine… dudo que encuentre algo directamente relacionado con historieta.

Bruno Kolin, el crítico de cómics de «Infame»; por Nestor F.

El equilibrismo del crítico de cómics, «profesión» en el fondo socialmente insignificante, es peliagudo, como el de todo crítico, pero al estar en un pequeño mundo donde, en teoría, todos se conocen al menos virtualmente, puede provocar un miedo escénico absurdo. Puede llevar a omitir todo pronunciamiento sobre lecturas desafortunadas, o a usar sordina. Dar por pasable lo que a nuestro juicio no lo es, o apoyarnos en el «hay un lector para cada obra» , máxima demasiado benevolente que no por cierta es menos tramposa en boca de un crítico. Un buen crítico es una persona cuyos lectores atienden porque,  a lo largo de una carrera, ha demostrado un determinado gusto personal afín con el del lector. «Te puedes fiar de». Esto es una verdad a matizar. Lo mejor es que la crítica sea constructiva (positiva o negativa), que tenga su parte de descripción, de modo que se potencia la autonomía del lector, se refleja lo que es la obra en sí, su escuela, sus antecedentes. Pero yo no busco un crítico acrítico tampoco, así que necesariamente quiero (y pretendo, como crítico) tener una capacidad de veredicto que lleve a aconsejar o desaconsejar una obra. Toda o en parte. Matizar, señalar las debilidades o advertir los golpes de genio, de haberlos.

La debilidad del asunto está en determinar si se puede categorizar sobre una obra, sea de cómic o de literatura o pintura. Decir que algo es buenísimo o penoso siempre parece lastrado por lo opinativo, lo subjetivo. Si a mí me gusta y a ti no, al final lo que sucede es que tú no te enteras. Es una corriente de pensamiento en el lector de crítica de cómic contra la que hay que luchar. Lo que es, es. Lo creo, pero es difícil llegar a ese «ser». Al hablar de algo sometible al gusto personal parece que cualquier obra pueda ser cualquier cosa, buena o mala. Labor de buen crítico será establecer con su discurso que esto no es así. Quien opine que Miguel Ángel es un artista mediocre, que Borges no vale un patacón o que George Herriman está sobrevalorado (O Chris Ware, más interesante al no tener ese aura «viejos maestros», tiempos pasados de gloria» y demás memeces), sencillamente no se entera. Respeto que no te guste el autor de la Sixtina, pero no que no lo valores.

Está claro que el tiempo nos da valores totalmente objetivos innegociables. También en el cómic, y eso sería lo primero que, creo, debe tener claro un crítico. Porque además no son valores absolutos. La calidad de Moebius puede ser cuestionada, claro que sí. Pero no a hachazos tipo twitter. Eso no es ejecrcicio crítico. Para bailar en la cuerda de la crítica creo que hay que tener unas nociones claras de historia del medio, de su gramática y del oficio. A ver, no necesitas saber tallar el mármol para criticar una obra de Bernini. Del mismo modo, no hace falta un dominio de técnicas del coloreado infográfico para apreciar las bondades de Paco Roca. Sí que es preciso, claro, comprender la teoría del color. Sí, también, la del cómic como medio narrativo. Qué es un buen diseño de página y qué una página  formularia en su diseño. Qué significa «buen dibujo» en historieta. Y creo, la verdad, que hay que conocer algo de sociología del arte, para comprender la del cómic, y sus importantísimos cambios. Con todos estos aprendizajes podrás valorar el ayer y el hoy de la historieta.

Otra virtud que debe tener el crítico es su estilo. Saber escribir. Qué gustazo leer una crítica bien escrita. Qué anodino hacer lo propio con un texto romo.

Y por último, luchemos porque desaparezca de la faz de la tierra todo «Egoritico». Esto es, el plumilla que solo escribe, habla o critica desde su propio y muy inflado Ego. «A mí…» «Creo que este autor…», «yo Yo YO YO…». Carlos Boyero es el caso paradigma, tipos que adquieren notoriedad y se convierten en gurús por la gracia de su ombligo. Los aúpan grupos mediáticos (Prisa, en el caso) cuando su mérito, al menos hoy por hoy, es nulo.

Así que, enumerando, el crítico en mi opinión debería

  • Conocer el medio que critica: historia, obras, fundamentos. Esto incluye la comprensión del presente. Si te escondes en el pasado como halo de prestigio no eres buen crítico porque no comprendes el medio. Hoy es el pasado de 2012, míralo así.
  • Ser objetivo para llegar a valorar desde lo subjetivo: indudablemente al criticar llegamos al «es bueno/malo» donde lo personal inevitablemente interfiere. Pero debe interferir poco.
  • Tener estilo literario. En el grado preciso, no hablamos de ser un Cela.
  • Escapa del «egocritiquismo». Por tus muelas…

El crítico de cómics de «Ice Haven», Daniel Clowes

Yo creo que con todo esto podemos entender que el crítico es bueno. Conozoco alguno que se ajusta al esquema.

Y creo que todo autor, editor y lector sensato debe valorar positivamente la crítica leída si se ajusta a esos parámetros, aunque no se esté en la misma línea de gusto personal del crítico. Recuerdo aún cómo me revolvió la paliza que le mandó en «U» Santiago García al arco «Las benévolas» de «The Sandman» (Gaiman, Kristiansen y Hempel, con algún dibujante más). Pero no por poner mal la obra, sino por lo sólido de su argumentario. Como estoy releyendo la saga, algún día llegaré a ese arco argumental, ya veré cómo veo, veinte años más tarde, la traca final de la serie de Neil Gaiman. El caso es que en los equilibrios del crítico no es uno menor el aguante. Porque como dije, es un mundo pequeño donde todo se magnifica. Como en la casa de GH. En su día pude haber contestado por carta a la revista. Hoy te inundan el blog con un mero clik. Y hoy, el crítico conoce al editor de The Sandman (no diré al Gaiman, pero si hablamos de Max o Prado, ahí muchas veces sí, se conocen).  Si pongo a caldo a Paco Roca (no ha sucedido, siempre me ha gustado) pueden pasar tres cosas feas. No malas, pero feas, que no son plato de gusto. Que se cabrea Roca. Que lo haga su editor Astiberri. Que un lector te acuse de sobronado para poner a caldo a Roca. Lo 3º es lo más común en la red de redes. Siempre desde el anonimato. No tiene importancia, pero es lo que más se ve. La visibilidad de las máscaras, buen subtítulo para los blogs.

Diré que en mi experiencia, realmente un autor o un editor no se «ofenden» por una crítica negativa. En mi caso (que soy poco dado a dar cera, además) cuando ha sucedido se me ha agradecido. Recuerdo a bote pronto que Laura Pacheco agradeció que la mía fuese una primera crítica que apuntaba «peros» a su ópera prima. Y El Patito Editorial agradeció la crítica razonada y respetuosa que escribí sobre «Ardalén».

Frente al troll común, individuo que manifiesta debilidad al ofenderse sobremanera porque a mí no me guste su cómic favorito, la realidad es que como crítico, la respuesta que debes esperar de lectores, autores y editores ante una crítica severa (no faltona, no revanchista) es el agradecimiento. Mi primera nota en carrera universitaria fue un 4’5. Acudí a ver mi examen, a ver porqué, y el profesor me dijo que le interesaba mucho hablar conmigo. Porque entre incorrecciones que impedían el aporbado, colaba ideas y enfoques con los que él mismo  había «aprendido». Me reí e insistió en que era así, que había ideas potentísimas en ese examen. Y que insistiese en el estudio, no habría problemas. La moraleja es que si tú propones ideas, quien las lee puede valorarlas. Volviendo al crítico, si esas ideas son críticas pero constructivas quién sabe si el autor o el editor aprecian tu punto de vista como algo no contemplado antes. Aunque ese punto se esté cagando en la obra.

Así que otro punto claro, y que debería ser obvio, es olvidar el entorno, o mejor, pensar que escribes para mejorarlo incluso cuando estás dando caña. De lo contrario puedes caer en una espiral benevolente, por miedo, por coleguismo con autores, porque te pienses que la editorial se cabreará y es mejor tenerlas contentas. Poque lo fácil es no hacer ruido, seguir tranqulamente con tus lecturas, tus compras y tu servicio de prensa dando algodón de azucar a todos. Pues no. Ese no es el camino. Eso te ahoga porque es cobarde. Y repito, lo digo yo, que me considero tirando a benévolo.

En fin, sería el último punto:

  • Escribe sin miedo, pero con respeto. Te hará un crítico libre. Acusaciones necias no tienen efectos y revelan estupides, nunca verdad. Autores que se enfadan no merecen tu consideración. Editores revanchistas no merecen la pena.

Por cierto, la asignatura aquella, la aprobé sobradamente. Conste. Era «Teoría de la historieta» (chiste, falso).

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9 Comentarios Dejar comentario

  1. Paco Hernández #

    Me ha encantado y creo que la palabra «respeto» que tal bien recalcas lo resume todo.

    • Octavio B. #

      Muchas gracias Paco

  2. HDM #

    Hombre, a mi y sin pretender crear polémicas, siempre me ha parecido que tanto tú como Pepo Perez, Álvaro Pons, Serrano (guia del cómic) Santiago garcía, Azpitarte etc favorecéis, con vuestros comentarios y reseñas, más a unas editoriales que a otras.

    no medís con igual rasero a todos. Según de que editorial venga algo, o no le perdonáis una ( hasta criticáis el gramaje del papel) o directamente es obra maestra sin importar que tenga un par de páginas pixeladas o se hayan olvidado de rotular en castellano un par de bocadillos.

    Y creo q

    Queráis o no las cosas terminan por verse. Y por saberse. y ojo, que esto no es una crítica que yo sí que no curro para nadie.

    • Octavio B. #

      gracias por el tono de tu comentario, HDM (te sobra la acusación velada final, compadre, yo tampoco curro para nadie, solo para el diario Faro de Vigo y durante un tiempo para Rockdelux).

      Me gustaría que no metas a terceros en la charla, eso sí, por favor, pero acepto el guante respecto a mí mismo.

      Por favor (y lo recalco, no voy de mal rollo, NO me parece mal tu comentario, aunque no lo comparta ;D) dime editoriales que YO, y solo yo (Pepo, Azpitate, Pons, Serrano y García tienen sus respectivos sitios y perfiles de red social para decirles lo que quieras allí, ¿ok?) haya medido con diferente rasero respecto a otras. Porque francamente, si hay una editorial que no me mola de un modo privado dudo que adivines cuál es, porque son cosas mías, y como crítico de cómics no traslucen a mis artículos.

  3. Octavio B. #

    acusó y se fue. ¿Troll?

    • Me ayudarías con algo?
      Podrías definirme qué es la critica por medio del cómic?

  4. Sin nombre+soltar chorradas y acusaciones infundadas+»te doy una hostia, pero de buen rollo, eh»+falta de argumentos+cobardia= TROLL.

  5. Miguel #

    La crítica aséptica no existe ni en los comics ni en nada que tenga componentes subjetivos. Esta claro que hay lineas editoriales que nos gustan más que otras y eso se trasluce en las críticas; evidentemente. Otra cosa es el peloteo descarado o el todo vale para determinados autores; pero sinceramente no me parece el caso de este blog. Lo que es notorio en este blog y en otros citados es que se decantan por la novela gráfica como preferencia en sus análisis y esa opción es tan buena como otra cualquiera.

    • Octavio B. #

      si es de cajón, Miguel 🙂
      en fin, gracias por entrar y zanjada la tontería troll