EL GRAN MUERTO, de Régis Loisel, JB Djian y Mallié,

Artículo publicado en Faro de Vigo el 22 de Junio, ampliado a sanguinolentos hachazos.

Fantasía tópica.

“El Gran Muerto”, con guión de Régis Loisel y JB Djian y dibujo de Mallié, no va a quedar en la memoria como una obra maestra de la historieta. Ni como una del género fantástico, se puede sospechar. Porque no lo es, ni de lejos. Los tres álbumes de esta serie francesa (que Planeta de Agostini agrupa en un tomo de dimensiones más reducidas que las de un típico álbum de cómics en una decisión que tampoco le beneficia) no dejan de ser un cuento más dentro de una tradición muy trillada, la fantasía (no la heroica, sino la más feérica y maravillosa, de Peter Pan a los mundos de Narnia). Y para ello Loisel pergeña, con el apoyo de Djian, una aventura juvenil para que Maillé imite su estilo gráfico del modo más mimético posible.
¿Qué resulta de todo ello? En primer lugar, un dibujo precioso, detallista y virtuoso que no revela a un autor sino, más bien, a un copista. Loisel está en cada plano que ilustra Maillé. No tiene demasiada importancia, salvo para acotar ante qué se encuentra el lector. Esto es un trabajo industrial, impersonal y creado con paciencia artesanal.
La historia es otra más donde la realidad (nuestro presente, hasta la crisis económica aparece) se conecta con un mundo mágico no exento de matices siniestros, pero de impronta maravillosa. Gotas de misterio, unos pocos personajes tópicos que carecen de matices y una paginación ortodoxa, elegante, inmaculada y poco (nada) dada a la excelencia. Profesional.

¿Tiene sentido editar algo con un sabor tan añejo, tan ochentas, en pleno siglo XXI?¿Loisel no es ese autor que supo refrescar el género en «La Búsqueda del pájaro del tiempo» con Le Tendre al guión?¿O de hacer un costumbrismo agradable en «Magasin Général»? (al menos en el primero o los dos primeros de esa serie, no recuerdo cuántos leí, y lo hice hace tiempo ya). Bien, sea como fuere, un autor pudo dar lo mejor de sí hace lustros y ahora polarizarse en empeños más personales (se diría que «Magasin» lo es.. no digo que sea una obra mayor, peor sí personal, mimada) y otros más comerciales. Aunque comercial no es sinónimo de producto anodino, la verdad es que este tebeo falla por todas sus costuras: los intentos de mostrarse como un viaje de lo más trillado del género a una supuesta mirada renovadora caen en el despropósito, lo aburrido, la blandura (ligar un mundo de Narnia cualquiera a la crisis internacional, descrita sin acentos en la definición de caracteres o en el elemento político de fondo, nos devuelve la sensación de que aquí importa más el diseño de elfitos que la crítica social o la intención de revolucionar el género). La ausencia de agarraderas emocionales, de empatía con los caracteres, hace más sosa la lectura. Y bueno, la pulcritud de la realización es estéril porque ni este mundo tiene unas bases que lo conviertan en algo realmente maravilloso, ni ofrecen grandes virtudes o revoluciones en la planificación.

Maravilloso… déjà vu.

Así que debemos ponernos en la piel de los autores y los editores (casi más importantes). ¿Por qué han creado este tebeo? “El Gran Muerto” puede gustar a lectores jóvenes que descubren este medio, poco más. Es una historia sencilla y con un poco de chicha, la justa para un «treceañero» (el mundo, la crisis… lo ya apuntado, vamos, no se piensen que algo más), es bonito de ver (Maillé dibuja con virtuosismo de alfarero mimoso, cierto) y fácil de leer. Pues bueno, si abre camino a nuevos lectores (que cuando crezcan en sus lecturas, olvidarán esta como se olvida un tinto de verano), me parece bien. Pero no busquen más ‘target’. No el lector cuarentón que se quedó en los ochenta, porque hay demasiados ejemplos de este estilo mucho mejores (podríamos confesar que servidor picó, por curiosidad, evocando sus manías lectoras de los últimos 80’s, muy del palo). Tampoco en el lector de novela gráfica, por supuesto, ni en el de superhéroes. Quien se defina como ecléctico, intuyo, tendrá bagaje suficiente para considerar esta obra como algo obviable… el mundo está lleno de nuevas propuestas editoriales para centrarse en esta.  Ni siquiera a lectores de literatura fantástica, ante quien este refrigerio simpático no aguantará ni el primer asalto frente al culebrón de la “Canción de Hielo y Fuego”. Tampoco compite su sentido de la maravilla con el presupuesto infográfico de la Trilogía del Anillo de Peter Jackson, así que queda como una lectura ligera, para chavales y chavalas con ganas de catar los cómics. Si la lectura les entretiene, misión cumplida.

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