LA MUCHACHA SALVAJE 1. NÓMADA, de Mireia Pérez

Uno amarra este cómic con fuerza, se pierde un rato en su deliciosa portada, abre el libro y comienza la lectura. Como ocurre con todos los cómics. Y como con cada cómic, puede ocurrir una cosa, algo que aún hoy día me parece casi mágico: a veces esa lectura te engancha de tal modo que la priorizas, te atrapa y «la devoras». Puede que en tu librería tengas otros tebeos a media lectura, luciendo marcapáginas para recordarte que sigues perdido en su mundo, pero todo queda desdibujado cuando algo nuevo entra fulgurante, cegador, y de un modo nada racional te adhiere a él.

¿Porqué? En el caso de «La Muchacha Salvaje» contestar a tal pregunta se me antoja casi arduo (lo he dicho: «irracional» es la palabra). A priori y si analizo sus partes, Mireia Pérez ofrece un tebeo en esa línea que llamamos nouvelle Bd, deudor sobre todo de Sfar. Nada revolucionario, aunque bien realizado. La página, la composición de las escenas, no pasa de ser totalmente clásica, y gusta de insertar momentos sin palabras en un ardid también reconocible. El color es delicioso pero no revoluciona ni experimenta. No estamos ante «Gus», de Blain. La histoira es una aventura en una perhistoria más mítica que real, cercana al espíritu ya tópico de un cine de serie B que tuvo bastante auge en los cincuenta, sesenta y setenta, e incluso más allá (¿recuerdan «El Cavernícola», de 1981, con Ringo Starr de protagonista, o los best sellers del Oso Cavernario aquel?). Y el argumento tampoco inventa la pólvora. Road movie de antes del invento de la rueda, viaje iniciático, etc etc. Y para colmo, en estos tiempos en que la moda es enladrillar seiscientas páginas en formato libro bien gordito, Mireia nos propone una primera entrega que sabe a poco… porque la devoras.

arte absorbente

Y vuelve así, necesariamente, la pregunta: ¿porqué me ha absorvido así algo que en cierto grado no deja de ser «otro más» en una línea ya consolidada en el panorama de la historieta contemporánea? Y hay que pararse, entonces. O decimos, «porque sí, porque me encantó, porque la «Muchacha» me ha engatusado con sus ojazos que todo lo miran y porque la historia me ha divertido». O reflexionamos críticamente para entender cómo «La muchacja salvaje» es más que la suma de todas aquellas partes, es un ensamblado perfecto, brillante pero intuitivo, vibrante y lleno de vida, de alegría de vivir, crecer y aprender. Es un cómic estimulante, que se siente libre, gozoso de salir de la imaginación y la destreza de su autora, y que resulta maravilloso.

Lo primero que se debe subrayar es la fuerte impornta autoral. Leyendo «La Muchacha» siento que detrás hay una voz, la de la autora, que se reivindica desde lo lúdico, desde una historia que parece sencilla y anecdótica, casi una broma, para trufarla de segundas lecturas, mensajes escondidos (como la importantísima función casi simbólica de la lanza clavada en el tronco que tan bien ha interpretado Santiago García) y si no una lección moral (intuyo que nada más lejos de la voluntad de Mireia Pérez) sí una lección de humanidad y femineidad. Estamos ante una historia que nos habla de una chica que, en la sociedad más falócrata que una autora se pueda imaginar, rechaza ese patrón (el patrón poyastre, podía decir), se marcha para crecer y aprender, y al final de ese viaje decide volver con los suyos. El encuentro, que será futuro y en venideros álbumes, se me antoja jugoso. Por tanto, sí, «La muchacha salvaje» no es un relato evasivo sin más, sino una metáfora, o una parábola que sustituye animales por nuevos iconos simbólicos prestados del kitch y la cultura pop (esa prehistoria imaginada, que jamás fue). Y que a través de esos símbolos nos habla de una sociedad y de la necesidad de mutarla. Y que dicho cambio se hará desde la base, desde la primera persona del singular, desde actos únicos, pequeños y grandiosos. La voluntad de cambio debe nacer en cada uno y para cambiar el mundo, nos dice Mireia, debemos ser valientes, romper con lo establecido y aprender de ese mundo.

complejo "naive"

Es una primera lección y apuesto que en cada nuevo álbum tendremos más ideas para aprender a cambiar la vida y las cosas.

Pero uno puede ser (o intentar ser) profundo y estrellarse artísticamente. Hacer un bodrio gafapasta, que diría mi sobrino en pijama… no sucede aquí, porque este discurso de fondo (secundario si se quiere) tiene andamios de los buenos. Tiene ese dibujo delicioso, naive pero cargado de matices (pocas veces unos ojazos en un personaje enmudecido han expresado tanto como en la Muchacha), un empleo del color delicado, exquisito. Bonito pero también narrativo. Y una capacidad para planificar y diferenciar cada escena brillante, un diseño de cada página equilibrado, y finalmente, tenemos a una ilustradora deliciosa (volvamos a mirar arriba la portada y díganme que no les gusta, atrévanse, cobarrrdes).

Para ilustrar la agudeza de Mireia creo que basta con pararnos en su arranque y analizarlo un poco. Es algo que, como hace siglos que no hago, al escribir para prensa generralista, me permito el lujo de plantear ahora, permítanme el capricho:

Para empezar a ver este talento en bruto no hay más que atender a los cambios de gamas cromáticas en escenarios, y cómo así se transmiten estados de ánimo, algo que se evidencia en el arranque: las cuatro primeras páginas describen cómo la protagonista rechaza las «atenciones» sexuales de un varón de la tribu. La escena se enmarca en una cueva (su entrada y sus intestinos) y de noche. Hay lumbres, pero la oscuridad y los colores fríos o quebrados inundan estas cuatro páginas, de las que la última adquiere tintes dramáticos.

oscuridad paternal

El padre/jefe de la tribu (tribu nómada, claro) reprende y «castiga» a su hija con volver a la recolección (actividad de mujer que, como el coito impuesto, la chiquilla también rechaza). El careo paternofilial, además, potencia en sus viñetas los primeros planos. La acción ya pasó, aquí tenemos las consecuencias, que son castigos, sí, pero sobre todo el dolor de un padre por los actos de su hija, y viceversa. Intensidad elaborada con planificación.

Advierta el lector la cantidad de información que se da en cuatro hojas, tanto del marco general, físico, temporal, social… como de los personajes. Y de un modo casi liviano, sin ‘presionar’ nunca, impregnándose de un modo natural con el loctite del drama y la intensidad de lo narrado.

Es una secuencia que inevitablemente evoca fortísimamente a Sfar, sí (también en la paginación de seis viñetas trazadas a mano alzada, no solo por el dibujo), pero se han trabajado con tanto talento que el momento analítico quedó desbordado. Nos ha abducido la lectura. Victoria.

luz natural

Pero sigamos con lo que estábamos comentando. Porque tras esta secuencia en sombras, el cambio de escena (elipsis temporal a la mañana siguiente) se manifiesta con una viñeta-página que cambia el tono radicalmente. Primero porque rompe con el 2×3 que definió cada página hasta aquí, pero sobre todo porque estalla en una nueva luminocidad. Verdes, azules, ocres, son las tonalidades que perduran en toda la escena, que nos explica cómo ve y siente el mundo la Muchacha, visión e ideal que conducirá al final del día a la decisión de la protagonista de abandonar a su tribu. Es una escena, por tanto, «luminosa», positiva, frente a lo oscuro del arranque. Es pues un inicio clave, tanto como conciso, que nos explica las dos realidades de la protagonista: la primera escena, la que tiene que sufrir por los corsés sociales. La segunda, la que siente, la que desea, la que la rodea pero su entorno le impide alcanzar.

La contraposición no de estilos sino de diseño (de página, de cromatismos) han resultado así efectos narrativos, no elecciones esteticistas o estéticas sin más. La señora Pérez, en este premiado debut largo, se demuestra conocedora de los ardides de su arte, y además los utiliza con un gusto delicioso para crear un todo que podemos llamar, muy jazzsísticamente, un «swing» y un humor narrativo concreto. A algunos esto nos parece más importante, en el cómic, que elaborar un listado de influencias a las que agarrarnos o de fallos de planificación o de ritmo que poner sobre el tapete (tampoco me parece que existan demasiados… Mireia es novata pero no torpe).

Y sí:  Mireia tiene en swing, brotha’!!!

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2 Comentarios Dejar comentario

  1. Gerardo V. #

    Me ha gustado mucho este post, Octavio, por varias razones. Para empezar porque también me encantó La muchacha salvaje. Me parece un debut brillante, que pocas veces se ve. Y segundo porque te centras en aspectos que muchas veces en reseñas no siempre tratamos, y deberíamos. A mí sobre todo lo que me gusta de este cómic es ese tono narrativo que se consigue con un protagonista silenciosa y el giro final, cómo descubre el sexo en sus propios términos y con una mirada feminista que hace falta, en el cómic y en la vida.
    Y luego, un par de reflexiones que me genera tu post:
    Tenemos que intentar que la marea de la actualidad no nos arrastre del todo. Muchas veces, y hablo por mí y por lo que veo, parece que hay obras de las que ya no procede hablar porque son «viejas», pero no lo suficiente como para ser clásicos. Preferimos hablar del tebeo que acaba de salir. Y eso es lógico, y positivo por lo que tiene de información, pero a veces pecamos de exceso. El blog como soporte debería servir para recuperar lecturas con calma, o con una profundidad e investigación que quizás no cabe en una reseña que hacemos con una solo lectura del tebeo. Sé que esto no tiene mucho que ver con tu texto, claro, pero es algo que me ha venido a la cabeza simplemente por el hecho de que estás hablando de una obra que no es de rabiosa actualidad. Deberíamos tener más memoria y no caer en la inmediatez absoluta que exigen medios generales.
    Y la segunda reflexión, mucho más concisa y concreta, es sobre la edad de toda esta generación de autores. Últimamente pienso mucho en esto: ¿qué cómics harán estos autores con 40, con 50 años? ¿Por dónde tirarán? Hablo de memoria, pero creo que Mireia Pérez es del 84, José Domingo es del 82, David Sánchez del 77 o así, David Rubín por ahí también… Quiero decir, que son jovencísimos, y están rayando ya a un nivel espectacular. Alguno lo viene haciendo desde hace tiempo, y tienen un futuro por delante que a mí, como lector, me parece emocionante. Escogimos una gran época para ser lectores de tebeos, Octavio.

    • Octavio B. #

      a mí lo que me ha gustado es decir…»joder, ni periódico, ni actualidad, ni compromiso, ni ná: a lo mío». La Muchacha la pillé en la biblio y tenía que leerla para devolverla, claro, así que «me obligó» a apartar lecturas.
      Y escribir lo que me da la gana, alargando el texto cuanto quiera (fíjate en que generalmente ronda las 550 palabras, si no lo extiendo un poquito para el blog) y parándome en cosas que jamás usaría en prensa…ah, ha sido liberador 😀

      Lo que dices, sí, nos atamos a la actualidad MAL ENTENDIDA, porque fíjate… Mowwiloo Woomiloo ¡casi parece que ha quemado ya su cilco! Esto es ridículo, absurdo y la culpa la tienen las redes sociales. Lo veo así, clarísimo. Si los TT son buenos o no, no lo diré yo, que no soy publicista, pero deberíamos enfriar esto que escondemos bajo nuestras tupidas melenas y darnos cuenta de que no pasa nada por leer y reseñar «La muchacha salvaje» en mayo de 2012. Que vale, no es estrictamente carne de periódico (bueno, finalista del saló) pero tampoco un producto «muerto». Supongo que es un tema, en realidad, que se moldea desde más allá de redes sociales: el signo del capitalismo feroz, claro…

      Sobre la juventud talentosa que nos rodea… lo mejor es que cada vez ese futuro es más alentador, y siento repetirme pero lo es por la dichosa libertad creativa. Porque Cole, por genial que fuera, creció en un medio que imponía un formato y un tono, por lo que su evolución casi no podría ir más allá de una evolución artesanal, de factura. Lo mismo para un, yo qué sé… Wolfman, un guionista de DC o etc etc. Pero claro, Rubín, Mireia, son gente joven que se sienten y quieren ser AUTORES, como lo son un cineasta o un escultor. Y eso, imagino, es algo nuevo y se vincula a la idea real de que el cómic es un arte, que es otra cosa diferente a un artesanato, manufactura hábil o industria del entretenimiento sobre fórmulas codificadas de antemano, disguste a quien disguste. Al menos eso es así desde los artistas románticos, vamos. El cómic vive hoy su siglo XIX pictórico, estamos viendo a nuestros Corot y Millet, macho…

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  • Octavio Beares - cuando no escribo más que para mí, me gusta enrollarme, sí: LA MUCHACHA SALVAJE 1. NÓMADA, de Mireia Pérez -…
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