Dibujines

La anécdota lleva a la disgresión: la semana pasada entrevisté a Carlos Portela, subdirector del salón «Viñetas desde o Atlántico», para el Faro de Vigo, dejando por cuestiones que no vienen al caso la labor de escribir título y entradilla a gente de la redacción. El resultado fue una catástrofe donde bajo la foto de Portela lo identificaron, con letras bien gordas, colo «el dibujante vigués». Portela, en fin, es autor… pero de guiones. No solo de cómic; suya es la mano tras el muy célebre (en Galicia) «Padre Casares» o el éxito de Tele 5 «Piratas».
Pero de la anécdota deviene la reflexión. Yo comenté que era autor sin más, y alguien evidentemente hizo la asociación: «¿autor de cómic? dibujines». Esto deriva de una imagen mental tradicional, al menos en este país, sobre lo que es la historieta. Una imagen muy distorsionada que evalúa al noveno arte de un modo muy parcial y equivocado, a mi entender.

No descubrimos nada si señalamos que en este país la historieta se tiene, aún hoy, como algo muy menor. Marginal en el mejor de los casos. O se tenía, vale, no discutamos eso ahora que no toca. En todo caso, lo que para los entendidos y estudiosos es señalado como modelo de inventiva, picaresca y estilo…

Benejam, el TBO, un clásico

…desde ‘fuera’ apenas se asocia a la propia infancia. Esto distorsiona los elementos valorativos, porque da categoría a algo (los tebeos) con la base subjetiva y nada sólida de la nostalgia personal. Valoro mi infancia, la asocio a leer los tebeos de «El Cachorro» (o del «TBO», ya puestos en el ejemplo de arriba), el tebeo es bueno. Cuando a este tipo de «amante del cómic» (suele ser nuestro padre, una generación nos separa) le ofreces la posibilidad de leer, por ejemplo, «Dublinés» de Zapico (no lo leí aún, por cierto) o «Trazo de Tiza» de Prado, o «Mara» de Sió… el contraste entre lo que le ofertas y su nostalgia mueve directamente a su desinterés. No hay una valoración real del medio, sino de sus propios recuerdos. Es el cómic como máquina del tiempo que retrotrae a lo bueno de la propia niñez. Es un «amor por el medio» que en realidad se desviste de criterio valorativo sólido.

«Los tebeos son para niños», y como mucho los veo como algo bueno de mi infancia. Pero esto hace mucho que ya se ha superado… los sesenta, y ya en España los setenta (acabo de citar a Sió) y sobre todo los ochenta, han traido un nuevo cómic, más adulto. Intentos de hacer una obra personal, más o menos dispersos o pasajeros (la ola fugaz pero poderosa de la revista «Rambla»), ejercicios de estilo que profundizaron en la naturaleza artística del cómic con nuevas escualeas gráficas (línea clara, underground..) y, sobre todo, la adopción de los géneros como vehículo para contar historias adultas. Nadie puede negar que «Taxi», de Alfonso Font,  es un relato adulto y de género, pensado para un lector maduro, con un dibujo que busca un potente naturalismo (desde cierta estilización, pero naturalismo: perspectivas, arquitecturas, gesto corporal, color…).

"Taxi", género nada chico

Los ochenta, desde mi punto ve vista, suponen un punto interesantísimo dentro de la evolución del medio, un momento en el que (entre otras vías, claro) se consolida el tebeo de género que inaugurarían (en décadas anteriores) autores francobelgas como Jaques Martin, Jean Giraud o Françoise Bourgeon. Un cómic que se liga a géneros estándar, los trata de un modo adulto (en el tono, en el argumento, en la sofisticación) y los ‘atrezza’ con un dibujo enormemente virtuoso, en la línea de los grandes autores de prensa norteamericana, los Hoggart, Raymond y Foster. Lo repito para que quede claro; no estoy definiendo una única salida que experimentó la historieta de los últimos setenta y todos los ochenta, por supuesto. Tan solo una de ellas, que tuvo un potente reflejo en los autores españoles con obras como la citada ‘Taxi’, ‘Dieter Lumpen’, ‘Hombre’… y publicaciones casi centradas en este modo, como «Cimoc». Obras donde el estilo gráfico podría variar, con abismos estilísticos como los que separan»Nómadas» de Riondet y Auclair de «Fragmentos de la enciclopedia Délfica» de Miguelanxo Prado, pero donde el virtuosismo gráfico de raíz naturalista es siempre un anlclaje, más o menos claro.

[Nómadas+II.jpg]

Naturalismo prehistórico ('Nómadas')

Naturalismo futurista ("Fragmentos de la enciclopedia délfica")

Y en el fondo de este «buen hacer» gráfico descansa una idea poderosa y que marcó, sin duda, a una generación, la de lectores que en los ochenta se empaparon (o simplemente conocieron y se hicieron eco) de las revistas de la época: «Zona 84», «Cimoc», «Totem»… incluso la estilización artie del «Cairo» o incluso me atrevo a incluir cabeceras aún más osadas como «Madriz» (je, generación a la que pertenezco,claro). El buen y virtuoso dibujante, capaz de ilustrar perfectamente lo que sea, como aval de la calidad del medio cómic:

Bourgeon, lo-que-sea: literalmente

De un modo intuitivo, este «modelo lector», ocasional o generacional, aprecia hoy que el cómic, sí, o ya por fin, es adulto… en un sentido de historia de género bien templado y enfocado ya no a niños (sea el histórico, la aventura, ciencia ficción, costumbrismo, denuncia política…). Pero sobre todo evidencia un virtuosismo gráfico, que equipara el cómic a la pintura «a la clásica». Quien ilustra el barco de ahí arriba, bien puede hacer un cuadro «a la Delacroix», por supuesto:

 

En esta aproximación al mundo de la historieta (rendida, fervorosa, por tanto apreciable en algún grado) tenemos que entender una cierta perversión de la manera de entender al cómic como arte. Sosteniendo la valía del medio mayormente en este portento gráfico (aunque admitiendo que lo contado esté muy bien) estamos entendiendo al cómic de un modo artesanal, donde frente a la primacía del concepto puede la del acabado. Y además, como entendemos por «acabado» el virtuosismo gráfico desde una óptica naturalista (buen dibujante es el que sabe y puede imitar la realidad) se aleja al cómic de toda posible sofisticación conceptual.

Es un modelo que francamente se ha superado. No eliminado ni tenido por malo, claro. Hay muchos ejemplos actuales de cómic «artesanal» (entrecomillo, es una manera de aludir a todo el concepto anterior, una abreviatura) y son magníficos tebeos, pero con el cómic nos encontramos ante un arte, no una artesanía, donde además el dibujo, sea naturalista o naive, tiene una única meta: narrar, ser narrativamente expresivo, conseguir el ritmo, el tono, el «mood» que la historia precisa. Por tanto, no despreciando ese estilo clásico, hay que entender que solo es un camino más, no el «verdadero», ni «el bueno». Autores como Chris Ware han demostrado su dominio del dibujo realista en cuadernos de ilustración, un estilo que como autor de cómics rechaza de plano:

C. Ware abocetando -es broma-, y (siguiente) cómic terminado

Pero muchos otros autores que transitan esa misma senda, digamos la de «El Concepto», no han evidenciado su capacidad como dibujantes… o es más, puede que ni la tengan. Puede que, académicamente, sean dibujantes «menores» y poco aptos para el retrato verista o el bodegón al óleo en su sentido más barroco y «natural». ¿Debe esto importarnos? No. Marjane Satrapi, sin duda el centro de una diana en este sentido, puede ser (lo dudo, pero no importa) una dibujante mediocre en un sentido clasicote, pero con su trazo infantilizado encuentra la expresividad que «Persépolis» pedía a gritos, y sin la que la obra carecería de uno de sus principales componentes discursivos.

Por no hablar de la capacidad de la autora para planificar maravillosas páginas, encuadrar justamente, hacer, en fin, cómic puro sin atarse a servilismos ajenos al medio (el «acabado», el «virtuosismo» más epidérmico…).

"Satrapi no sabe dibujar" (grandes coletillas del siglo XXI)

Quien ha persistido en la lectura de historieta más allá de los ochenta, quien hoy navega por los laberintos de la novela gráfica o el cómic de autor,  no suele caer en el maniqueísmo de identificar, en fin, a un autor con el dibujante a secas. Porque el fallo profundo que percibo en este equívoco (sin importancia, anécdota periodística sin más) es el concebir de un modo artesanal, habilidoso, al artista conceptual que, hoy por hoy más que nunca, es el creador de cómics. Y he dicho «más que nunca», no «por 1ª vez». Conste. La fuerte consideración de un cómic como un acabado visual de poso verista, plasmación de una idea base en la sociología del arte (la de el artista como persona tocada por un don que el espectador considera inalcanzable) debe, pues, vehicularse a otros derroteos, hasta recomponer la naturaleza de la historieta, mucho más mixta, y que por tanto obtiene sus valores de una pluralidad de consideraciones que, como vectores diversos, señalan finalmente a un único objetivo: narrar con imágenes. A partir de aquí, seguro que entender automáticamente «autor de cómic» y «dibujante de cómic» deja de ser tan frecuente.

Y todo ello sin haber entrado en el papel del guionista, ese ente en la sombra que no ilustra nada y por tanto es mucho menos importante… Y un…

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10 Comentarios Dejar comentario

  1. The Watcher #

    totalmente de acuerdo, Octavio. Me ha gustado mucho este post porque vas al grano y expones con bastante precisión los diferentes «tipos» de lector, que tienen necesariamente diferentes percepciones acerca del cómic. El nostálgico, el señor de 50-60 años que colecciona Capitán Trueno, TBO, Tintin o Hazañas Bélicas (hay muchos de éstos, más de los que nos pensamos) no suele valorar el cómic como arte, es como dices tú un ejercicio de vuelta a la infancia, de nostalgia. En muchas ocasiones no saben ni quién son los autores, es da igual. Es un placer culpable, una excentricidad… De hecho me consta que hay quien colecciona y no lee.

    Y luego está el lector que creció con las revistas de los 80, que sí tiene un concepto adulto de la historieta, pero que es verdad que está «encerrado» en unos parámetros artísticos ya muy desfasados. Hay mucho admirador de Beá, Corben o quien queramos que es incapaz de valorar las nuevas tendencias, que asegura que ya no se hace cómic como el de antes…

    Al fresco le faltaría el aficionado de la generación Vértice o incluso de la Forum, fanático de SH, y el muchacho, o ya no tanto, para el que el cómic empieza y acaba en el manga… o mejor dicho en UN tipo de manga :).

    Un saludo.

    • octavio #

      sí, lo sé, faltan, pero sinceramente respondo a una imagen mental a raíz de la anécdota: quien en faro subtitula a Portela «dibujante vigués», no me digas porqué, pero lo veo habiendo, al menos, ojeado de vez en vez el «Zona 84», no Hellblazer, Naruto o Alfa Flight.
      Pero es evidente, no pretendo un artículo exhaustivo o panorámico, sólo…¿sectorial?

      • The Watcher #

        Sí, por supuesto esa queda claro. Definir todos los tipos de lector (o no lector) da para un tochazo de mil páginas!

  2. Yo ya te lo dije: los leía de pequeña, como leía a Twain. Y tu disgresión me recuerda a cuando me preguntan por los autores que me han cambiado la vida y yo nombro a Dumas. Y me espetan que no, que Dumas es entretenido, pero que la vida te la cambia un Kafka. Pues yo le debo más a Dumas que a Kafka, oigan.

    El resto de la gente que no lee cómics, de mi círculo, también piensa que son para niños. Pero no han leído tantas veces como yo el capítulo de La Plaza Real de Veinte Años Después, así que no les hago caso. Tampoco leen a San Juan de la Cruz. Porque es religioso. Tócate los huevos.

    No me importa lo que piense el resto sobre lo que leo o dejo de leer. Y tampoco me importa cómo es el lector tipo de las cosas que a mí me gusta leer. Porque, al final, leer es una cuestión personal e individual. Y lees contra el tiempo. Como ves cine contra el tiempo. Y terminas aguantando cejas enarcadas cuando dices qué quieres o qué te gusta.

    También me han dicho que Twain es para niños. Y me han preguntado cómo es posible que me guste Buffy. O algún comiquero te mira y te dice: «Ah, que tú lees superhéroes. Yo leo cómic europeo». Cómic europeo. Así. A capón. Qué se le va a hacer. La peña tiene un ansia de sentirse intelectualmente superior que no le cabe en el cuerpo. Y a mí eso siempre me ha dado un porculo que no veas.

    Es un «a ver quién la tiene más larga».

    Luego leo cosas de estas: que si Satrapi dibuja mal, que si Spiegelman dibuja mal. Y esto… Jamás se me hubiera ocurrido plantearme que Satrapi o Spiegelman dibujan «mal». Otra vez el asombro.

    Contar una historia. Eso es lo que yo quiero cuando me enfrento a un texto. Que haga lo que todo el mundo hace, a todas horas: contar historias. Pero que sea mucho más divertida y más dura y más violenta y más dulce que el resto de las historias que escucho a diario. Que me interpele y que me interprete. Lo hace Satrapi, lo hace Spiegelman y Alan Moore y Fermín Solís y Claremont (sí, Claremont: qué carajo, esto es como Buffy) y Kirby (no me saquéis otra vez el tema de los herederos) y Crumb y Eisner y Miller y otros.

    Si alguien colecciona cómics o libros como si coleccionara coches, para mirarles el lomo, o las grapas, es su problema. Bastante tengo yo con que el día solo dure 24 horas.

    • octavio #

      mujer, no es que «me importe»… es mera sociología rápida, sociología de blog a raiz de un suceso, una metedura de gamba injertada en mi artículo por un tercero «desde fuera» (o si prefieres, de alguien que no lee cómics), y buscar la lógica, que creo que existe, al hecho de que sin pensarlo dos veces o perder un minuto en Google, el individuo llegase inocentemente a la conclusión de que si es un autor, es dibujante y no otra cosa.
      ¿Importarme qué opine un 3º de mi afición? pues no, me importa un bledo. Me importó muy poco en la adolescencia, que ahí sí que afecta el qué dirán, no te digo ahora que soy padre y como huevos, como dice el refrán 😀

  3. Hummmm aunque sin duda puede haber algo de lo que dices, Octavio, yo creo que hablas de dos cosas distintas: una es la perspectiva de quienes leen tebeos como iniciación a la lectura y luego los abandonan y otra la complejidad narrativa, el virtuosismo gráfico o el alejamiento de convencionalismos. Respecto a esto último, no creo que sea un problema exclusivamente del cómic… para mucha gente Pollock no son más que manchurrones, y cuando les pones un Picasso de la etapa cubista te dicen que prefieren a Rubens por ejemplo. Lo mismo pasa en el cine (que si Godard es lento, que si Lynch se droga, que si Cronenberg ha mejorado en sus últimas películas, que si yo prefiero a Spielberg), en la música (a los que ya miraban mal a Stravinski con Schönberg ya les estalló la cabeza) o en la literatura (que si la complejidad de Cortázar, que si Joyce es ilegible, que si Ballard es un flipado, que si yo prefiero a Dostoievski). Y fíjate que he puesto de ejemplos a Velázquez, Spielberg y Dostoievski totalmente a propósito… autores todos como la copa de un pino.

    Más que en el cómic, el problema está en la educación, en la pedagogía de la cultura y en una mentalidad social muchas veces cerrada (y es una pena, porque la Universidad debería servir para ampliar miras y no sólo para especializarse laboralmente). Vaya, que no le puedes pedir peras al olmo. Igualmente bien es cierto que a veces el Art World se gana a pulso la desconexión con la sociedad… es frecuente que la falta de técnica (no te equivoques con Satrapi porque una elección estética o estilística al no implica desconocimiento técnico) se justifique como deconstrucción, que la incapacidad narrativa se supla con artificio o que la ausencia de contenido se arregle con justificaciones kilométricas. He visto happennings lamentables, ready mades bochornosos e instalaciones de chiste frente a las cuales el posicionamiento crítico es del todo imposible por la vacuidad del lenguaje. Y me cuesta mucho trabajo mirar a gente como Hirst con buenos ojos.

    Dicho esto, estoy totalmente con Olga. La experiencia artística al final no deja de ser al final algo totalmente personal. Tatarkiewicz lo bordó. O en otras palabras: me importa una mierda lo que opine el que tengo al lado. Lo que me llega me llega y, además, tengo herramientas para saber por qué me llega. El mundo en general me importa un comino y no voy a pedirle perdón a nadie.

    • octavio #

      el problema está en la educación

      Pues claro, ahí está. Pero yo aquí no estpy hablando de música, auqnue podría decirte que una vez puse a el Guincho en una reunión familiar y me preguntaban si estaba rallado…¡un mp3, jajaja!, gente que le pirra James Blunt y no puede con James Blake, por hablar de dos james :).
      pero en el mundo del cómic esa «incultura» es tan de base, de raíz, que la mirada generalizada ya no de determinados autores, sino sobre lo que es el propio medio, está totalmente distorsionado. es oomo esa peña, no que critica a Lynch por demasiado raro (en el fondo, lo es, aunque me encanta), sino que alaba una peli por la fotografía, «preciosa», olvidando los recursos que de verdad debe ponderar para encontrar la calidad (o su ausencia) en una película.
      Esto pasa con los cómics porque hay un sector escandalosamente alto de personas que no ha evolucionado su perspectiva sobre lo que es el medio (lógico, ha habido una diáspora a finales de los ochenta), anquilosando su criterio en la mirada sociológica de su propia experiencia, en cómo en un determinado momento, que es el suyo propio, se veía y entendía el cómic. Lo mismo un señor que leía Capitán Trueno que quien lo dejó cuando cerró el Zona. Para asimilar la naturaleza del medio se requiere cierto «medioplacismo». Incluso lo hago extensible a cualquier arte, porque como muy bien comentas, quein no pasó de Manet o, como mucho, Van Gogh, no puede entender las Señoritas de Avignon…

      • «El problema está en la educación».

        Ay, coño, ahí le has dao. Pero para todo. Lo único es… ¿cómo luchamos contra la incultura de la gente? ¿Contra el que te dice «no puedes decir si algo es bueno o malo, solo si te gusta a ti o no» -como si no hubiera cosas buenas que no me gustaran y cosas malas que me flipan-? ¿intentamos convertir al escéptico o que con su pan se lo coman?

        Yo soy de las que con su pan se lo coman. Que hay gente que no merece ser salvada y yo qué culpa tengo. Etc.

        Pero de vez en cuando te encuentras con otra gente. Y oye. Está bien. Eso.

  4. PD. Ah, y choca esos cinco. ¡Viva Buffy! ¡A mí también me encanta!

    • Mi hermano, que es la persona que más sabe de cine de las que conozco, fue el que comenzó a comprarse Buffy. Y el que me la regaló.
      Luego llegó otro amigo, comiquero de pro, traductor y etc. y fue la primera persona con la que pude hablar de Buffy (con mis hermanos sí hablo de series y de libros y de cómics: con el resto del mundo, salvo con alguna amiga, no). Fue casi un alivio, en serio. Como una reunión de alcohólicos anónimos: hola, no estás sola, te queremos.
      Entre otras cosas porque a ese tipo le tengo en muy alta estima intelectual.

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