Recordando a Gene Colan

No puedo tener un recuerdo nítido de Gene Colan. Asocio su arte a una época que, por lo personal y por lo coyuntural, hacen muy difícil llegar a un autor determinado.
Hablamos de la niñez, antes de cumplir los diez años incluso, y un tiempo, los setenta, en que los cómics de Marvel nos llegaban en un formato terrible. Reducido, remontado, retocados los dibujos incluso. En blanco y negro. ¿Sin acreditar? Creo que a tanto no se llegaba, pero claro, a un chiquillo no le entran ni le interesan los nombres propios. Salvo los de los mismos héroes… Spiderman, Superman… Dan Defensor, el nombre más extraño. Otro despropósito (no obstante divertido e ingenioso), un encapuchado que luce doble D en su pecho, llamado Daredevil («Diablo Osado», o así) requiere un nombre que coincida. Pues nos sacamos de la manga uno, y fiesta.
Aquel superhéroe invidente no era, ni mucho menos, de mis lecturas favoritas (yo era de Spider y de los 4 Fantásticos), pero recuerdo perfectamente haber tenido algún «Dan Defensor». Y recuerdo claramente cómo estaba dibujado.
No se parecía en absoluto a la elegancia del trepa paredes (ergo, Romita) ni al extraño y acartonado universo Fantástico (Kirby). Era plástico, plastilinoso, rebosante de energía y movimiento, y con un retrogusto tenebroso inasible. El mismo que le disfruté (aquí con fruición, un solo nº de la edición Vértigo, pero muy, muy querido) de Namor. Lo dicho, difuso, dudo… pero la sensación es que aquel Namor era de Colan, la verdad. También recuerdo momentos Colan en Capitán América…

Colan; la nueva expresividad de la segunda ola dorada de Marvel Comics

Bien, allá quedó Colan, en el niño. El niñato, el teen, se perdió en los autores «hot» de los ochenta, o en la explosión «adulta» de la DC y por supuesto en otras fronteras (Europa, el cómic adulto ochentero…) Pero «La Hª de los cómics de Toutain», en su re-distribución a principios de los noventa (¿o últimos ochenta? da igual, ya con una edad, para descubrir, redescubrir y retener), volvió a recordarme la categoría de Colan. Clavó su nombre en mi memoria como lo que es, uno de los autores principales del medio. Y sobre todo como un fiera, no solo en los aspectos ya mentados, sino, obviamente, en las atmósferas tétricas, de goticismo contemporáneo, que plasmó en «Tumba de Drácula».

Colan y Drácula: XX'th century gothic

En fin, la muerte de Gene Colan supone, sin duda, la de un gran artista del medio. La cara oculta, por supuesto, es que lo fue trabajando y creando personajes («Blade»; el de las pelis) que, por pertenecer por contrato a la compañía Marvel, no le reportaron una jubilación a la altura de un talento como el suyo, capaz de iluminar, con sombras de negro dibujo, la infancia, la adolescencia y cualquier momento de todo aficionado a los cómics.

Más blogs recuerdan a Cole:

Entrecomics

The Watcher and the Tower

Es muy de cómic

Lola Fett

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