CECIL Y JORDAN EN NUEVA YORK, de Gabrielle Bell

Memoria, imaginación y aires “indies”.

Gabrielle Bell es natural de Inglaterra pero ha vivido toda su vida en Detroit. Su obra, publicada en editoriales insignia del cómic independiente de los noventa como Fantagraphics o D&Q, participa de esa pulsión propia de lo alternativo. En este sentido “Cecil y Jordan en Nueva York” (ediciones La Cúpula) supone un buen modo para el neófito de acercarse a un cómic de espíritu libre, personal, y concretamente en el caso de Bell, de mirada introspectiva.
El libro recopila diversos trabajos (algunos incluidos en la prestigiosa recopilación MOME, cabecera donde se citan la flor y nata del cómic adulto norteamericano con puntual edición en España por La Cúpula) y resulta un caleidoscopio de historias e incluso de estilos, ya que son obras realizadas a lo largo de tres años, entre 2005 y 2007. Gráficamente vemos trabajos de acabado deslavazado y sucio frente a historietas de trazo refinado y elegante bitono, o con un coloreado que dota de calidez sus pequeñas anécdotas personales. Porque en el fondo todos estos breves cuentos hablan de la propia autora, sus recuerdos, sus angustias vitales, la juventud y la infancia. Y lo hace con una enorme sensibilidad, sobre todo en la medular “Félix”, donde la protagonista establece una relación íntima con su joven alumno de dibujo y el padre de este, un famoso artista neoyorquino. Otros ejemplos pueden ser más toscos, dada la naturaleza de compilación que tiene esta novela gráfica, pero “Félix” no es, desde luego, el único hallazgo de “Cecil y Jordan en Nueva York”. Destacan en este sentido las historias donde lo onírico se manifiesta como extensión narrativa de las angustias personales. Ideas sutiles como esa protagonista del primer relato del libro, donde la transformación de su persona en… una silla… es la metáfora perfecta de su desubicación y estado anímico.
En definitiva, puro cómic alternativo, intimismo abordado desde una frialdad y falsa distancia personal, una obra muy recomendable.

Artículo publicado en Faro de Vigo el 15 de Abril

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