«Swamp Thing»: terror contemporáneo en el viejo pantano

Cuando Alan Moore irrumpió en el mercado americano para encargarse de “La Cosa del Pantano”, consiguió revolucionar el género del terror y renovar al mundo del cómic.

Hay que reconocer que el género del horror no es de los más adecuados para ser transmitido en forma de cómics. Sin el poderoso sentido de realidad que aporta el cine, pero lejos de la cualidad sugestiva que tiene la literatura, las historietas de terror tradicionalmente se amarran al esquema de relato truculento. La EC Cómics fue una editorial que, en los años cincuenta, revolucionó el panorama americano introduciendo en un mercado infantil todo orden de barbaridades. Sus comic-books eran generosos en historias macabras, sanguinolentas y sobrenaturales, pero hay que reconocer que, incluso entendiendo que aquellas “historias desde la cripta” son maravillosas y reivindicables, todos sus golpes de efecto apenas podrían asustar a un infante de su tiempo. Le seguirán todo tipo de publicaciones (¿quién no recuerda nuestro “Creepy” de los años ochenta?), pero el terror apenas evolucionaría a cuentagotas hasta los años ochenta. Hasta un barbudo y joven sajón de nombre Alan Moore.

La historieta de terror precisaba de un talento capaz de condensar una nueva teoría para el cómic de horror, que entendiese el medio y lo que podría ofrecer como vehículo para asustarnos. Y cuando Moore se hizo cargo de “La Cosa del Pantano” en 1984, consiguió precisamente eso renovando una antigua serie de la “DC Cómics”: sin manifiestos, con trabajo y constancia, este tebeo mensual redefinió al género. Porque lo que hizo el guionista británico fue, antes que buscar el susto (vana tarea en viñetas) o la truculencia pura (algo que a la postre resulta más risible que espantoso, en cuadernillos grapados), hurgó en los miedos atávicos y en el subconsciente colectivo.

Sus historias se hundían en los terrores infantiles, en el horror de la pérdida del ‘Yo’ profundo, en los secretos pavorosos que escondemos, sea la fauna insectívora como símbolo del horror, sea la menstruación como algo ajeno pero íntimo al tiempo, o una personificación de la degradación medioambiental con forma de “sin techo”. El miedo es así la angustia más honda y personal que anida en nuestro interior y sólo determinados resortes pueden amplificar. Y esos resortes, claro, son la ficción. Y para Moore, el vehículo idóneo podía ser, cómo no, la historieta.

Todo esto, claro, precisa de un ilustrador muy determinado. Y Stephen Bissette (como dibujante principal) será el hombre ideal. Naturalista pero siempre desdibujando los márgenes de la realidad, puntilloso (sus insectos reptantes son algo que no se olvida), con un diseño de página orgánico, como si cada una fuese el interior de un cuerpo vivo (y templado, viscoso y fluido)… Bissette es un portento como ilustrador de lo terrorífico.

Pero además “La Cosa del Pantano” supone un hermoso cuento (sí, paradoja) sobre un ser, la “Cosa”, aprendiendo que no es un humano, asumiendo su nueva naturaleza como criatura atávica, vegetal, más cerca de bosques y fragas que del mundo de los hombres. Pero enamorado de una mujer. Y ese amor alcanza una imposible y poética carnalidad en el último capítulo del primer tomo (de los tres con que Planeta de Agostini completará la serie) difícil de olvidar.

Artículo publicado en el Faro de Vigo el 4 de Febrero de 2011

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4 Comentarios Dejar comentario

  1. «La cosa del pantano» de Moore es uno de mis tebeos favoritos de siempre. No sólo es espeluznante (esos «imbunches», qué mal rollo), redefine al protagonista desde cero y éste pasa de ser un tópico coyuntural a algo que no se había visto antes (todo esto en un solo número, «Lección de anatomía»), introduce a uno de los mejores personajes de DC Comics de todos los tiempos (John Constantine), amplía los horizontes del género super-heroico (porque, al fin y al cabo, es un comic de terror ambientado en la misma continuidad que Batman y Superman), posee un clímax absolutamente inolvidable (el final de «American Gothic», que replantea con audacia el clásico «bien vs mal») y tiene la mejor escena de sexo que recuerdo en un tebeo (a Moore le gusta mucho dedicar un capítulo de sus colecciones al acto sexual: lo hizo en «Miracleman», lo hizo en «Promethea»; pero nunca tan bien como aquí en «Ritos de primavera»), sino que además sirvió de banco de pruebas para la experimentación para el mi guionista de comics predilecto. Lo mismo que «The Spirit» supuso para Eisner o «Daredevil» para Miller, «La cosa del pantano» lo fue para Moore, que después de «American Gothic» se dedicó a estirar, apretar, malear y reimaginar los límites del comic-book, amalgamando géneros, explorando la enorme mitología de DC (desde Gotham City hasta los Nuevos Dioses pasando por Rann o Deadman, todo encaja como un guante en una misma línea argumental) y dejando por el camino un puñado de historias conmovedoras y emocionantes.

    • octavio #

      bien, poco que añadir. Por mi parte,más allá del artículo, que fue creado para el periódico, decir que lo había leido en los ochenta, y esta relectura confirmó que se trata de una obra monumental. A otros les ves las costuras, con los años, la experiencia y esas cosas (por ejemplo, a Gaiman, que sigue gustándome, pero se las veo), a este Moore, al menos el del tomo 1, sólo le ves talento y más talento.

  2. Juan Carlos #

    Me gustaría saber qué tal está la traducción. Yo tengo la edición de Norma en B/N, pero la preferiría en color, lo único que me mantiene aún en duda es la traducción. Thanks.

    • octavio #

      pues francamente, no tengo ninguna otra edición para comparar, y lo releí bastante rápido para darle salida en fecha, si te soy sincero, con lo que no me paré en esas cuestiones, digamos ‘de detalle’. Del mismo modo, no puedo comentar si el color está «restaurado», por ejemplo (auqneu al respecto diría que me recuerda mucho al original de los ochenta).
      Con todo, una cosa: Swamp Thing fue un cómic EN COLOR, olvídate de lo del «en glorioso blanco y negro»·. Es más, Bissette y Moore cuidaron MUCHO el tema del color, que aporta información, por ejemplo, sobre la naturaleza vegetal y estacionaria del monstruo.
      Yo, si s´çolo tienes lo de Norma a B/N, vamos, ni lo dudaba…