BAJA NAVARRA

Pesados

En la subida a Lepoeder yo he visto a peregrinos doblados bajo mochilas enormes; he visto a coreanos con dos botellas de litro y medio, atadas una a cada lado de la cintura; he visto a una alemana llevando de la correa a su perrito, y al perrito con un chaleco en el que llevaba su propio botellín de agua; no he visto a matrimonios franceses porque iban ocultos bajo su carga titánica, pero he visto sus bastones asomándose y tanteando cada paso y clavándose en el suelo como si temieran hundirse hasta el centro de la Tierra.

El caminante elimina siempre lo superfluo.

Muchos empiezan a caminar en Donibane Garazi / Saint-Jean Pied-de-Port y emprenden la subida a Lepoeder, hacia Roncesvalles, de veinte kilómetros de longitud y 1.300 metros de desnivel. Es el primer día: es el día de los arrepentimientos.

Empiezan a abandonar objetos. En uno de los repechos más duros encontré este libro tántrico en alemán y un libro de oraciones envuelto en esa bolsita de plástico. Leí por ahí que la peregrinación es una plegaria expresada con el cuerpo. Para qué, entonces, los libros de oraciones.

01 Pesado

En el albergue de Roncesvalles había montones de libros abandonados. Abundaban los tochos de Paulo Coelho y Dan Brown y Jorge Bucay y autores llenos de energías y felicidad y luces y cúpulas y los nueve tralarí. Es la prueba objetiva de que esos señores son unos pesados.

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Excursiones por cinco ríos

Os propongo cinco planes para andarines y ciclistas: excursiones por la orilla de los ríos Urumea (de Hernani a Ugaldetxo), Bidasoa (de Sunbilla a Lesaka), Ebro (de Elciego a Lapuebla), Lea (de Mendexa a Munitibar) y Biduze (de Guiche a Bidache). Este último me dejó marcada en los pies una interesante cartografía de ríos y afluentes.

Escribí un reportaje con esas cinco rutas para el número de junio-julio de la revista Euskal Herria, ahora en los quioscos. Las fotos son de Koldo Badillo. El número también trae un reportaje magnífico de Santi Yaniz sobre “Lapurdi, la costa de los corsarios”, otro de Alberto Muro sobre el macizo calcáreo de Itxina… ¡y el fotógrafo Iñaki Mezquita publica unas fascinantes imágenes de cópulas! (de insectos).

Os dejo la entradilla del reportaje sobre las cinco excursiones por ríos:

“Hubo un tiempo en que los ríos fueron las arterias de nuestro país. Por ellos entraron las culturas, el comercio, las ideas. Dieron de beber a las primeras poblaciones y luego a las grandes ciudades. Sus aguas regaron cultivos, ofrecieron pesca, movieron la prosperidad de ferrerías y molinos, sirvieron de vía de transporte para las gabarras y los botes que surcaban los cauces y para los trenes que obedecían sus trazados. Luego los invadimos, los ahogamos, los envenenamos y los sepultamos en la contaminación y el olvido.

Hace dos o tres décadas, con la forzosa readaptación industrial y la nueva conciencia ecológica, los ríos vascos empezaron a revivir. Los cauces y las riberas acogieron de nuevo una abundancia de peces, anfibios, mamíferos, aves, plantas y árboles que  parecían a punto de desaparecer. Y además de esta recuperación de los espacios naturales, empezamos a ver los ríos como espacio de ocio y disfrute. Se rehabilitaron caminos de sirga, senderos y calzadas, se trazaron itinerarios para caminantes con un esfuerzo notable por la divulgación del patrimonio histórico y natural: en estas rutas encontramos ahora parajes deliciosos y huellas de los viejos oficios y las viejas vidas.

Proponemos cinco caminatas fluviales: Biduze, Bidasoa, Urumea, Ebro y Lea. Son paseos llanos y sencillos, descritos para caminantes pero idóneos también para ciclistas, que nos ayudarán a redescubrir el paisaje y la historia de nuestros ríos”.

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Escribir con los pies

Los trabajos del intelecto también tienen riesgos laborales. El viernes, por ejemplo, escribí siete horas seguidas.

Escribí a través de un paisaje transformado hace trescientos años por holandeses -ríos, diques, canales, balsas-; al pie de castillos de señores que fueron, ni navarros ni franceses, soberanos ante cualquier rey; de aldeas que acogieron a judíos fugitivos -con sinagoga y cementerio israelita-. Escribí, acartonado de calor y sed, por las tierras vascas más norteñas: Gixune, Bidaxune y Akamarre.

Caminando solo, las piernas toman un ritmo al que se van acompasando las poleas y los engranajes del cerebro. Con ese golpeo de martinete se van moldeando, clonc-cataclonc, clonc-cataclonc, las ideas. Luego, lo de pasarlo todo por el teclado es ya un trámite.

*

Otra conclusión del viernes: al amor se llega andando.

Foto del interior de mi zapatilla derecha, dedicada a Oskar, el andasolo.

 

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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