AYALA Álex

El reportero tartamudo

En octubre conocí por fin en persona a Álex Ayala, el periodista vitoriano que lleva diez años en Bolivia. Es un tipo extremadamente generoso y amable, que me acogió varias noches en su casa de La Paz, con su familia -Karim, Xanon, Maitane: más majos que majos-, y que me dio unos buenos paseos por la ciudad.

Álex fue editor de varios reportajes míos en Pie Izquierdo, una revista fantástica que fundó y dirigió él mismo, que por desgracia desapareció, y en cuya resurrección digital confiamos -algún día, algún día…-.  Y, sobre todas las cosas, es un reportero pistonudo, un cazador de historias raras, curiosas, brillantes, reveladoras. Está a punto de publicar un libro con trece de sus crónicas: aquí podéis haceros una idea, incluso poner unos euritos para ayudar a que se publique y a cambio llevaros un ejemplar y algunos extras.

Un día tuve la suerte de ver a Álex en acción durante un rato. Me invitó a acompañarle a cierto tugurio inquietante de La Paz, en el que debía hacer una visita y una entrevista para un reportaje asombroso que anda preparando. Cuando se ponía a contarme los detalles de esa historia, a mí se me enfriaba la cena en el plato.

Al verle trabajar, hubo algo que me llamó la atención. Álex es tartamudo, y eso me quedó claro desde que vino a recogerme al aeropuerto, obviamente. Es una tartamudez fuerte. Pero cuando observé cómo enredaba en aquel tugurio, cómo paraba a cierto personaje por la calle, cómo preguntaba, cómo pedía una entrevista formal a gente de lo más curiosa, me dio la impresión de que su tartamudez se convertía en un modo de comunicación más hábil que los de otros que hablamos fluido. Me pareció que la tartamudez le daba a Álex alguna habilidad especial para observar, escuchar y para hacerse escuchar. No ignoro las dificultades que le acarrea -como cuando dice que algún amigo se queja de la mala cobertura de su teléfono: “Es que soy tartamudo, hijo de puta”-, pero pensé qué él era capaz de convertirla en ventaja.

Decir que Álex es tan buen reportero gracias, en parte, a su tartamudez, quizá sea mucho decir. Pero a mí, al menos, esa idea se me pasó por la cabeza. No me atreví a comentársela, por ese pudor que tenemos ante los defectos ajenos, y que en realidad revela un defecto nuestro. Pero el otro día encontré este maravilloso texto suyo sobre los tartamudos, en el que habla de los momentos difíciles y desesperantes, pero también de los orgullos y las ventajas de los tartamudos sinvergüenzas,  extrovertidos, que se atrancan con honra y que tienen una percepción más aguda de ciertas cosas, y oye…

Los tartamudos (los amo / los odio).

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Periodismo estupendo

Hay gente haciendo un periodismo estupendo por ahí. Algunos ejemplos de estos últimos días. Merece la pena seguir la pista a sus autores:

-”¿Y si tienen razón? El decrecimiento en Navarra“, de Álvaro Guzmán.

-”Quizá Garzón pretendía ganar fama o hacer carrera con Guantánamo“, de Daniel Burgui (@caravinagre).

-”Trabajo infantil y explotación laboral en el azúcar de Guatemala“, de Alberto Arce (@alberarce).

-’Bangladesh está enladrillado‘, de Zigor Aldama (@zigoraldama).

-”El alma de la revolución siria“, de Mónica G. Prieto (@monicagprieto).

-’Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras de suelo‘, proyecto editorial de Álex Ayala, a puntito. Como adelanto, algunas de sus crónicas.

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Nací en Donostia-San Sebastián en 1976.
Soy periodista satélite.
Kazetari alderraia naiz
(Más sobre mí)







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