AYALA Álex

Desaparece Altaïr, ay

Cuando estás en tratos con algunos editores, te da la impresión de que has pedido turno para que te atienda el sacamuelas del zoco de Marrakech. Hay otros con quienes firmarías contratos en blanco, con los ojos cerrados y de espaldas: los de Altaïr, por ejemplo.

Si algún compañero escritor o fotógrafo tiene disgustos con un editor, acabamos mencionando y añorando a los de Altaïr. Pepe Verdú y Raimon Portell son brillantes, amables, atentos y honradísimos. Te hacen encargos atractivos, te tratan con una profesionalidad impecable y una amabilidad fina y divertida, te ayudan a mejorar tu trabajo, te preguntan tu opinión para cualquier minucia y sabes que siempre buscarán el trato más justo y ventajoso posible para ti. Son editores que hacen tener fe en el gremio.

Por eso me da una tristeza negra la desaparición de la revista Altaïr. Me da tristeza como escritor y me da tristeza como lector, porque publicaban la mejor revista de viajes, editada con un mimo extraordinario, que muchos coleccionábamos número tras número.

Golpeados por la crisis económica, anuncian el cierre de la revista y su esperanza de volver.  Ojalá, ojalá, ojalá. El 23 de mayo sale a la venta el último número, dedicado a los grandes parques nacionales de Estados Unidos.  En el Cuaderno de Viajes, en la última página del último número, publico una crónica sobre el descacharrante Museo de la Policía en La Paz (Bolivia), que visité de la mano de Álex Ayala: otro personaje al que conocí como editor y al que ahora tengo por muy buen amigo.

Así que nos quedaremos con eso.  Andamos en tiempos de periodismo 0.0.; en lo que a mí me toca, han cerrado o jibarizado varias de las revistas con las que más me gustaba colaborar; pero nos quedaremos con que hay editores magníficos, que ya son amigos, y con la esperanza de que volverán a montar proyectos en los que nos encantará trabajar.

PD: Además de Pepe y Raimon, también echaré de menos a Arabella González, Albert Padrol y Pep Bernadas. Todavía hay amigos que me hablan con entusiasmo de Pep, cinco años después de que cenáramos juntos tras la presentación de Cuidadores de mundos en San Sebastián.

PD2: Altaïr mantiene sus librerías y su magnífica colección Heterodoxos de literatura viajera.

Altair

 

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El reportero tartamudo

En octubre conocí por fin en persona a Álex Ayala, el periodista vitoriano que lleva diez años en Bolivia. Es un tipo extremadamente generoso y amable, que me acogió varias noches en su casa de La Paz, con su familia -Karim, Xanon, Maitane: más majos que majos-, y que me dio unos buenos paseos por la ciudad.

Álex fue editor de varios reportajes míos en Pie Izquierdo, una revista fantástica que fundó y dirigió él mismo, que por desgracia desapareció, y en cuya resurrección digital confiamos -algún día, algún día…-.  Y, sobre todas las cosas, es un reportero pistonudo, un cazador de historias raras, curiosas, brillantes, reveladoras. Está a punto de publicar un libro con trece de sus crónicas: aquí podéis haceros una idea, incluso poner unos euritos para ayudar a que se publique y a cambio llevaros un ejemplar y algunos extras.

Un día tuve la suerte de ver a Álex en acción durante un rato. Me invitó a acompañarle a cierto tugurio inquietante de La Paz, en el que debía hacer una visita y una entrevista para un reportaje asombroso que anda preparando. Cuando se ponía a contarme los detalles de esa historia, a mí se me enfriaba la cena en el plato.

Al verle trabajar, hubo algo que me llamó la atención. Álex es tartamudo, y eso me quedó claro desde que vino a recogerme al aeropuerto, obviamente. Es una tartamudez fuerte. Pero cuando observé cómo enredaba en aquel tugurio, cómo paraba a cierto personaje por la calle, cómo preguntaba, cómo pedía una entrevista formal a gente de lo más curiosa, me dio la impresión de que su tartamudez se convertía en un modo de comunicación más hábil que los de otros que hablamos fluido. Me pareció que la tartamudez le daba a Álex alguna habilidad especial para observar, escuchar y para hacerse escuchar. No ignoro las dificultades que le acarrea -como cuando dice que algún amigo se queja de la mala cobertura de su teléfono: “Es que soy tartamudo, hijo de puta”-, pero pensé qué él era capaz de convertirla en ventaja.

Decir que Álex es tan buen reportero gracias, en parte, a su tartamudez, quizá sea mucho decir. Pero a mí, al menos, esa idea se me pasó por la cabeza. No me atreví a comentársela, por ese pudor que tenemos ante los defectos ajenos, y que en realidad revela un defecto nuestro. Pero el otro día encontré este maravilloso texto suyo sobre los tartamudos, en el que habla de los momentos difíciles y desesperantes, pero también de los orgullos y las ventajas de los tartamudos sinvergüenzas,  extrovertidos, que se atrancan con honra y que tienen una percepción más aguda de ciertas cosas, y oye…

Los tartamudos (los amo / los odio).

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Periodismo estupendo

Hay gente haciendo un periodismo estupendo por ahí. Algunos ejemplos de estos últimos días. Merece la pena seguir la pista a sus autores:

-“¿Y si tienen razón? El decrecimiento en Navarra“, de Álvaro Guzmán.

-“Quizá Garzón pretendía ganar fama o hacer carrera con Guantánamo“, de Daniel Burgui (@caravinagre).

-“Trabajo infantil y explotación laboral en el azúcar de Guatemala“, de Alberto Arce (@alberarce).

-‘Bangladesh está enladrillado‘, de Zigor Aldama (@zigoraldama).

-“El alma de la revolución siria“, de Mónica G. Prieto (@monicagprieto).

-‘Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras de suelo‘, proyecto editorial de Álex Ayala, a puntito. Como adelanto, algunas de sus crónicas.

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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