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Renace Allendegui (influencias IV)

Como seguramente os habréis dado cuenta, este blog ya no es lo que era. Espero que para mejor. Ha cambiado el diseño, ha cambiado la versión de WordPress y ha cambiado de casa. Ya no vive sólo en un apartamento frío y oscuro sino que se aloja en Gente Digital, bien cobijado, con el calor humano que se irradia cuando se está rodeado de gente. Gracias Leandro por hacer esto posible. Empezamos nueva aventura.

Y la empezamos hoy, no por casualidad, sino en un aniversario icónico, trascendental para la historia de este blog. Hoy hace 64 años nacía en Altura, Castellón, mi mayor influencia literaria. La persona que sembró en mí la semilla del periodismo, que me imbuyó la pasión por escribir y me enseñó a afrontar los gajes de la vida con humor. La persona que me introdujo a algunos de mis autores favoritos, como Larra, Quevedo o Azorín. Que me leía desde mi infancia las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Que me regaló mis primeras antologías de La Codorniz y Hermano Lobo. Que me enseñó a disfrutar de Mingote, Gila, Chummy Chúmez, Forges, Summers y tantos otros. Que alquiló la primera película de Louis de Funes que vi en mi vida…

Hoy mi padre cumple 64. Muchas felicidades y gracias por todo.

PD: Como en toda mudanza, se pierden cosas. En este caso, todos los suscriptores en el Reader de Google, por ejemplo. Así que, si os da pena perderos Allendegui, podéis resuscribiros. Muchas gracias y perdón por la erosión del dedo índice que supondrán estos clicks adicionales.

El iPad mató las revistas

Foto de Eric Drooker
Foto de Eric Drooker

Se termina el año y quién más quién menos (ya no sé si «quién» se debería acentuar o no, con estos cambios ortográficos) hace sus balances de lo que nos ha dejado el 2010. En nuestra profesión, el periodismo, el balance de este año tiene tintes casi apocalípticos. Han pasado muchas cosas que han sacudido los cimientos de este oficio. Creo que habrá un antes y un después de 2010. La explosión de las redes sociales y el llamado periodismo ciudadano, el fenómeno Wikileaks y las tabletas digitales, con el iPad a la cabeza, están transformando el concepto y el modelo de negocio de los medios.

En esta entrada me quiero concentrar en en el iPad porque cabo de tener una epifanía, y es que este dispositivo ha matado las revistas (todavía no me pronuncio sobre los diarios a la espera de lo que anuncien Murdoch y Steve Jobs en unos días con The Daily). Porque, ¿qué es una revista? Mi idea de revista hasta la fecha era: una publicación periódica (semanal, quincenal, mensual), enfocada en un tema, impresa a color y en papel de mayor calidad, y portátil.

Ahora, con las tabletas digitales, el papel de más calidad se borra de la ecuación: es una pantalla de alta resolución. El color ya no es patrimonio exclusivo de las revistas: todas las apps de diarios son en color, con fotografías y vídeos de alta calidad. La periodicidad se diluye ya que el contenido se puede actualizar en cualquier momento; basta con estar conectado a una red inalámbrica o de telefonía móvil. Y la portabilidad también la ha conquistado el iPad. Sólo nos queda el enfoque en un tema, pero este punto también lo comparten con los blogs. ¿Qué será entonces la revista en la era iPad, a medida que el papel pierde papel? ¿Cuáles serán sus señas de identidad? ¿Se quedará en un vestigio del pasado? Cuando leo información en el iPad, se difumina la división entre revista y diario: no siento una gran diferencia entre leer The Economist, Wired o El País y El Norte. Con la «appización» del periodismo, parece que el concepto de revista tiene las horas contadas.

El café, la salvación del periódico de papel

Suena el teléfono. Es una hora extraña para que llamen. Contesto mientras pienso: «seguro que es alguien que me quiere vender algo». Pensamiento acertado.

– Buenas tardes, ¿es usted el señor de la casa?

– Sí, señor.

– Le llamo del Atlanta Journal Constitution, el periódico local, para ofrecerle un descuento único. Las ediciones del jueves, viernes, sábado y domingo por sólo 2,50 dólares. Regalado, señor.

Me quedo pensativo. El vendedor no se imagina todo el debate interno que me genera su llamada: la crisis de la prensa, la transformación del concepto de periodista, Internet, las redes sociales, etcétera. Son demasiadas cosas como para abrumar al infeliz que me ofrece la suscripción al periódico. Por un lado siento la necesidad de apoyar a mi profesión; por otro, el periódico en papel se me hace un concepto trasnochado, antiecológico y cada vez con menos sentido. Me gustaría que alguien me convenciera de lo contrario.

– Le agradezco mucho la llamada, pero es que leo el periódico en Internet, contesto sin piedad. Me duele responderle así, tan crudamente, pero no quiero prolongar inútilmente la llamada.

El vendedor trata de recomponerse y contraataca. Su argumento me desconcierta

– Pero señor, ¿hay algo mejor que leer el periódico con una buena taza de café?

No puedo creer que el individuo al otro lado de la línea se escude en el café para defender el periódico en papel. La cafeína es el dopaje de la prensa, pienso. La substancia que le va a ayudar a derrotar a Internet en la lucha por el lector. No, no creo. Vuelvo a la carga, otra vez con contudencia.

– Oiga, que yo leo el periódico en el iPad y eso no me impide disfrutarlo con una sabrosa taza de café…

Al vendedor se le acaban los argumentos. Se da por vencido y se despide.

– Que tenga una buena tarde.

Cuelgo el teléfono. No puedo creer que hoy día el único argumento para vender un periódico de papel sea una taza de café.

¿Periodista y todavía no le encuentras la gracia a Twitter?

Uno de los gurús del periodismo digital en Estados Unidos, Sree Sreenivasan, recopila seis ideas sobre cómo los periodistas pueden utilizar mejor Twitter. Creo que vale la pena repasarlas.

1. Conoce mejor Twitter: No puedes querer lo que no conoces. Aunque parezca mentira, todavía hay muchos periodistas que no le encuentran la gracia a esta red social y la consideran una pérdida de tiempo. Si todavía no tienes claro el potencial de Twitter en nuestra profesión, lee este artículo de The Guardian y quizás te convenzas.

2. Cuida tu biografía: El pequeño texto de «biografía» en la columna derecha de Twitter es tu tarjeta de presentación. No lo descuides. Asegúrate de incluir al menos tu nombre, tu título, una foto reconocible (es la primera impresión que darás a mucha gente, así que piénsatelo dos veces antes de poner cualquier cosa) y quizás otra información de contacto, como tu correo electrónico.

3. Depura tus listas: Las listas son una herramienta muy útil para seguir las cuentas y temas que te interesan sin llenar tu Timeline. Ayudan a organizar. Cada cierto tiempo es bueno actualizarlas. Es parte de la labor de «curación» que debemos hacer.

4. Piensa bien lo que vas a tuitear: Eres lo que tuiteas. Nunca sabes quién puede llegar a leerte, así que extrema el cuidado. Crea una voz propia. Elige unos pocos temas (dos o tres) y tuitea sobre ellos. Quizás en tu «Bio» puedes especificar cuáles son los temas sobre los que vas a tuitear.

5. Estudia lo que tuitean los demás: Si vas a entrevistar a alguien, o lo vas a utilizar como fuente, o simplemente quieres aprender de otros tuiteros, dedica tiempo a leer sus «feeds», qué escriben, y a quién leen. Para ésto último, quizás te sea útil TwitterforBusyPeople.

6. Sé bueno: Como en todo en la vida, no escribas nada de los demás que no querrías que escribieran de ti. Aprovecho éste último punto para salirme del guión y citar un párrafo que me gusta mucho de «Los cínicos no sirven para este oficio», de Ryszard Kapuściński:

“Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer, buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una bena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias… Existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos, o al menos describirlos”

Soy anacrónico… de verdad

Dibujo de James Woldhuis
Dibujo de James Woldhuis

Hace tan solo un par de años, escribir blogs era una actividad «cool». Todos teníamos uno. Más o menos actualizado, más o menos bonito, más o menos interesante… pero blog a fin de cuentas. Y uno lo recomendaba orgullosamente a los amigos, que lo leían porque… para eso están los amigos.

Pero hoy me he enterado de que los blogs se han pasado de moda, de que ya no son todo lo «cool» que eran y que son un formato obsoleto y anquilosado (dos de mis adjetivos favoritos), caduco y trasnochado (el binomio de adjetivos favorito de José María García), y que hay que empezar a pensar en otras cosas.

Siempre hay uno que te pincha el globo ¿Y quién me ha reventado la ilusión con semejante epifanía? Ha sido Gawker, un conglomerado de blogs que dice estar «aburrido» por la rigidez del formato y que a partir de enero adoptará una aspecto más «arrevistado» para sus productos. El principal argumento es que con el sistema de publicación cronológica de los blogs, se dificulta la jerarquización de los artículos en orden de importancia.

El bloguero del Wall Street Journal y reportero de Político Ben Smith aún va más allá y dice que «escribir un blog se ha convertido en algo muy pasado de moda».

Ahora bien, yo siempre he dejado claro en mi blog que lo que escribo son anacrónicas, así que, supongo, esto no me afecta.

Las redes sociales pueden enredar el periodismo

Hoy da la impresión de que si uno no tuitea, no está en Facebook, no hace «checkins» en Foursquare y no se registra en cada nueva red social que emerge es un don nadie, un misántropo 2.0 que deambula por el mundo sin nada que aportar, un paria de la sociedad globalizada.

En el caso del periodismo, la adopción de estas redes sociales se ha visto como una suerte de tabla de salvación para insuflar aire nuevo a un oficio que va a la deriva, errabundo, y que busca excusas para reinventarse.

Algunos han sabido utilizarlas muy bien para mejorar la labor informativa; otros no han logrado superar la etapa inicial de embelesamiento y las emplean como un mero artificio para demostrar que están a la última… como en el ejemplo del vídeo.

Erradiquemos las noticias genéricas

Foto de Luc de Leeuw

Foto de Luc de Leeuw

Acabo de leer un artículo genial de Jack Shafer en Slate sobre esas noticias que se publican en la prensa una y otra vez, con los mismos titulares y que uno casi podría declamar de memoria porque repiten lo de siempre. No aportan absolutamente nada. Parecen de relleno. Yo me pregunto si alguien se las lee. Entre los ejemplos, cita titulares como: Apple To Announce New, Secret Product (Apple anunciará un nuevo producto secreto), Middle East Peace Process Restarted (Se reanuda el proceso de paz en Medio Oriente) o Heart Drug Found To Cause Heart Attacks (Medicina para el corazón causa infartos).

Por eso, Shafer plantea crear una base de datos con estos titulares para que un software especial los detecte y avise a los editores de un periódico de que están a punto de publicar una de estas historias genéricas y así puedan reescribirlas.

Desde aquí me quiero sumar a esta iniciativa y os pido que en los comentarios incluyáis algunos de esos titulares genéricos que se publican una y otra vez en los medios en español.

¿Periodista en busca de trabajo? Una oferta de empleo salvajemente sincera

Reporteros, tomad nota (foto de Alex Steffler)
Reporteros, tomad nota (foto de Alex Steffler)

Normalmente, las empresas que buscan reclutar gente presentan sus ofertas de empleo de la forma más atractiva posible. Pero parece que en el mundo del periodismo, tal y como marchan las cosas, cada vez es más difícil maquillar la realidad. Así que algunos medios, como el Illinois Valley News de Oregon, optan por la sinceridad. Para que nadie se lleve a engaños. Esta es una de sus ofertas de empleo, que leo en Gawker:

¿Cuán desesperado estás por ser reportero? ¿Lo suficiente como para trabajar noches y fines de semanas? El pobre glotón de castigos (o sea, masoquista) que sea elegido cubrirá el gobierno de la ciudad y del condado. También deportes y reportajes de interés general.

A cambio de las largas horas y de sus esfuerzos incansables, será recompensado con un sueldo bajo y un seguro médico marginal. Envía tu currículum y tres ejemplos de tu trabajo a wonclive@yahoo.com.

Después de esto, ¿quién se animaría a ser reportero? Al menos son sinceros.

¿Periodismo de pago? primero calidad, utilidad y relevancia

Foto de Garry Knight
Foto de Garry Knight

Las empresas periodísticas siguen buscando (y todavía no encuentran) la piedra filosofal que les permita seguir viviendo del negocio de la información en la era de las redes sociales y el llamado periodismo ciudadano. Ayer leía un interesante post de José Luis Orihuela en el que formula los grandes interrogantes que deben responder los medios antes incluso de plantearse la pregunta de «¿cobrar o no cobrar?»

Desde el surgimiento de Internet, los medios, uno tras otro, han ido entrando en el ciberespacio ofreciendo su información gratuitamente, sin plantearse las consecuencias a futuro que eso podría tener, como si fueran lemmings tirándose al precipicio. Por eso ahora el asunto del cobro se ha vuelto tan complicado. Hay demasiados medios que ofrecen demasiados contenidos gratuitamente, por lo que haría falta poco menos que una confabulación internacional de las empresas de comunicación para dar marcha atrás y empezar a cobrar todas a la vez a partir de cierto día, una coordinación y disciplina que sería casi imposible de lograr y, más todavía, mantener.

El único camino por tanto es ofrecer un contenido que sea imprescindible para la audiencia, un contenido útil que satisfaga una necesidad que de otra forma quedaría insatisfecha. En esta línea de pensamiento, los medios generalistas llevan las de perder ya que su contenido es poco diferenciado del resto de sus competidores y es más intercambiable. Aquí es donde tienen sus oportunidades los medios locales y publicaciones especializadas en temas nicho (siempre y cuando el contenido que ofrezcan sea de calidad, claro). Y pondré un ejemplo de cada uno.

El diario El Norte de Monterrey, en su versión digital, funciona con un modelo de pago que ha resultado bastante exitoso gracias a que ofrece un contenido muy localizado (Monterrey y su área metropolitana) y valioso para sus lectores, tanto para los residentes de la ciudad como para los expatriados que viven en Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo. Para esta audiencia, El Norte es la única forma de mantenerse informados sobre lo que ocurre en su ciudad de origen y por ello están dispuestos a pagar lo que sea necesario para recibir ese contenido.

En el caso de las publicaciones nicho, me gusta citar los casos de dos revistas: Cooks Illustrated y Consumer Reports. Ambas son referencia en sus áreas. Y ambas cobran una suscripción. La primera, por sus recetas y sus evaluaciones de utensilios de cocina y alimentos; y la segunda, por sus reseñas de todo tipo de productos de consumo. Las dos proporcionan un contenido que no se encuentra en ninguna otra parte y tienen el aval de una marca de prestigio.

Por eso creo que la receta para poder cobrar por el contenido es calidad, servicio y relevancia. Sólo así se puede diferencia un medio de otro.

Otra de los modelos que suelen debatirse es el de los micropagos, al estilo iTunes. De nuevo, este modelo sólo funciona en la medida en que el contenido que se ofrezca tenga la suficiente calidad y relevancia como para que el usuario se decida a hacer el pago sin conflicto de conciencia. En cualquier caso, veo difícil su aplicación al terreno de las noticias. Quizás más bien para artículos de fondo que agreguen un valor y ayuden a la formación de opiniones.

El nuevo iPod Touch, el arma perfecta del periodista «serie B»


Apple acaba de presentar su nueva versión del iPod Touch. Por sus características y funciones, muchos lo describen como un iPhone sin teléfono. Yo lo veo como la herramienta perfecta del periodista móvil de «serie B». Con este término, que no es despectivo, me refiero al joven periodista móvil que carece de presupuesto (como para comprar una cámara de vídeo, una cámara de fotos, una grabadora de sonido, un ordenador portátil, una editora de vídeo, una editora de sonido, un plan telefónico mensual con acceso a datos), pero que tiene grandes historias que contar y creatividad para usar la tecnología.

El modelo más básico cuesta 229 dólares en Estados Unidos, quizás un gran desembolso para algunos, pero barato si consideramos que en ese dispositivo de menos de 12 centímetros de alto por 6 de ancho, y 100 gramos de peso, está todo lo necesario para hacer una cobertura periodística. Todavía recuerdo las clases de radio en la universidad, en las que cargábamos pesadas máquinas de escribir, la radio, una grabadora, una pila de periódicos. Ahora, sería muy distinto. Veamos:

1. La cámara de 5 megapixeles que incluye permite captar fotos y grabar vídeo, que luego se pueden editar con las distintas aplicaciones disponibles, como el iMovie para iPhone. Incluso se pueden hacer conexiones televisivas en vivo con apps como UStream o Qik.

2. El micrófono permite grabar entrevistas y luego editarlas en aplicaciones de edición de sonido como VC Audio Pro.

3. Conectado al teclado inalámbrico de Apple, el dispositivo se convierte en un ordenador con procesador de texto para escribir textos largos, que luego se pueden enviar a la redacción por correo electrónico o publicar directamente en un blog utilizando las aplicaciones de WordPress, Tumblr, o cualquier otro CMS.

4. La conexión Wi-Fi permite acceder a Internet en cualquier hotspot (una buena excusa también para tomarse un café en Starbucks), o sea, acceder a bases de datos, sitios de Internet, medios de comunicación, cadenas de radio, Twitter, Facebook y otras fuentes de información.

5. Si además tenemos Skype instalado, podemos comunicarnos telefónicamente o por chat con nuestras fuentes, con la redacción.