Ahora me voy a hacer abogado ciudadano

(Foto de Quinn Anya)
Se ha puesto muy de moda eso del periodista ciudadano para referirse al hombre o mujer común y corriente que, armado o armada con una cámara digital y una conexión a Internet, emula o emulo a los profesionales de la información. Hay quienes equiparan el periodismo tradicional y el ciudadano e incluso pronostican que el ciudadano acabará engullendo al tradicional.
Estoy de acuerdo en que muchos de estos ciudadanos hacen una buena labor y contribuyen de manera importante al trabajo del periodista, pero en ningún caso lo sustituyen. Los medios desempeñan una función esencial muy concreta que requiere unas habilidades y una preparación, como muchas otras profesiones. Y cuanto más preparados estén los periodistas, más preparada y mejor informada estará una sociedad para tomar las decisiones correctas. Es una responsabilidad demasiado grave como para dejarla en manos de aficionados.
Se puede hablar de una colaboración entre ciudadanos y periodistas, pero no de una sustitución o competencia. Si no sería como decir que la colaboración de los ciudadanos para detener a un criminal prófugo los convierte ipso facto en policías. O como si el que ayuda a apagar un incendio forestal como voluntario se transformase de inmediato en un bombero profesional. O como si yo, comprándome unos cuantos códigos de derecho y viendo todas las temporadas de Law and Order, me hiciera abogado y anduviera defendiendo casos por el mundo. Mmm, ahora que lo pienso, no sería mala idea ser abogado ciudadano.
Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el 



