El método de la canasta
Recuerdo a mi profesor de gimnasia en el colegio como uno de los tipos más duros que he conocido. Se llamaba Ginés y cumplía todos los estereotipos de un profesor de educación física. Alto, robusto, con bigote poblado y un distintivo mechón de pelo blanco que le caía sobre la frente. De pocas palabras. Algunos decían que había sido GEO, pero quizás eso no sea más que una leyenda urbana. Como personaje de cómic, vestía siempre igual: anorak azul y pantalón rojo de chándal, con deportivas blancas. En una mano, casi como un apéndice del cuerpo, llevaba una carpeta donde anotaba todas sus observaciones. “No soy más malo porque no me entreno”, era una de sus frases favoritas. Pero lo mejor era su forma de evaluar los pocos exámenes escritos que nos hacía:
- Revisaré vuestros exámenes, y cuando termine, haré una pelota con cada uno de ellos y la lanzaré a la papelera. Si encesto, tendréis un uno. Si fallo, tendréis un cero.
Desafortunadamente, el baloncesto no era lo suyo.

Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el 



