Las huellas

Me gusta perseguir a los personajes que admiro. En el caso de los que ya han muerto, me conformo con seguir las huellas que dejaron.
Una vez fui tras los pasos de Alfred Hitchock. No de norte a noroeste, como él hubiera preferido, sino de sudeste a oeste. Mi recorrido me llevó a la misión de San Juan Bautista, desde donde Madeleine Elster llevó a Scottie Ferguson hasta el borde de la locura. También pasé por Bahía Bodega, el pueblo donde los pájaros atormentaron a Melanie Daniels, y por el Palacio de la Legión de San Francisco, donde no logré encontrar el retrato de Carlotta Valdés por más que lo busqué.
Conocer esos lugares me ayudó a entender la magia de las películas de Hitchcock, y por qué me cautivan cada vez que las veo, una y mil veces.
Todavía me quedan por conocer muchos sitios de este universo, como el Mount Rushmore, el Royal Albert Hall, Marrakesh o Ambrose Chapel.
Anoche soñé que volvía a Manderley.
Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el 



