Me cuentan de un hombre que llegó tan lejos en la vida, que no le dio tiempo a regresar antes de morir para contar sus logros a los que le hubieran envidiado por ellos.
Surrealismo hiperrealista. Perspicaz. La envidia es el deporte nacional, dicen aquí -ya es casi un refrán-. Quizá tambien parte del sabor de la vida sea eso, ser envidiado. Se parece a ser admirado. De todos modos sólo podemos envidiar aquello que imaginamos, una imágen. Luego, nadie nunca es para tanto. Y me lío solo.
Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el Blasillo de Huesca, al ingenio español en Internet. Si quieres, puedes escribirme, o tuitearme si te atreves en @allendegui.