Celtismo en estado puro
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Cuando uno sale de Pirámides camino del Calderón minutos antes del fútbol tiene la impresión de que son las tantas de la madrugada y el personal está a punto de meterse en una discoteca. Cientos y cientos personas hacen su particular botellón en los parques, a 300 metros del campo o colapsa los bares cercanos. Así demuestran que al fútbol no se puede entrar con sed. ¿Destino? Fondo Norte. Segundo Anfiteatro. Sector 508.
Allí se van a instalar los aficionados celestes procedentes de Vigo en varios autobuses, que han salido por mañana para ver a su equipo. ¡Un jueves! ¡Eso se llama a los colores! Sobre todo, en los tiempos que corren, con el equipo en Segunda y mal clasificado. Pase lo que pase. Ahí están. La vida no se acaba para ellos en el Celta, pero tampoco se entiende sin el Celta.
La puerta 7 reúne a viejos conocidos, amigos o integrantes de la misma fiebre celeste. Suben todos a la grada. Hace un frío tremendo. La perspectiva es buena, porque el diseño del Calderón ayuda. Eso sí, cuando llueve no hay quien se salve. ¿Habría 200 aficionados del Celta en las gradas? Por lo menos.
Los que estaban allí no pararon de cantar, de animar a los suyos, de soltar algún improperio que otro y de llevarse las ganas a cabeza por dos motivos. ¿El primero? Estaban alucinando con el partido de sus jugadores. ¿El segundo? No se creían que aquello pudiese acabar 1-1. A todo esto, Hubo reproches mutuos con algunos aficionados atléticos que estaban cerca y muy aburridos por el partido.
Cuando acabó la fiesta, se vació el estadio. Luego, salieron los turistas vigueses con dirección al autobús. Más de uno tenía que entrar a trabajar a las 8 de la mañana. Eso es afición. Lo demás son tonterías. Una vigilante de seguridad mira a varios aficionados y les dice: "Sois la mejor afición que ha pasado por aquí". La respuesta, instantánea. "¡Sómos muy 'bueniños'!". Muy gallego. Balaídos dictará sentencia. La semifinales están a la vuelta de la esquina.
Publicado el 22 de enero de 2010 a las 10:30.