'El Brujo', un testigo de excepción
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Rafael Álvarez, conocido artísticamente como 'El Brujo' (Lucena, 1950) se convierte hasta el 14 de marzo en 'El Testigo' dentro del Teatro Alcázar (Madrid), donde el público se rinde a los encantos interpretativos de un ser teatral infinito. En esta ocasión, adapta, dirige e interpreta un texto de su amigo gaditano Fernando Quiñones, que gira en torno al supuesto cantaor Miguel Pantalón.
Cuando uno observa a 'El Brujo', existe la posibilidad de sentir un impacto profundo. El de una persona que ha nacido para lo que hace y que disfruta, vive o sufre su trabajo como si fuera el pan de cada día. Vestido con un elegante traje negro que incluye unas rajas blancas, el hombre del bigote blanco sale a un escenario sobrio, compuesto por diversas mesas de madera oscura que emulan un posible tablao flamenco. Los juegos de luces y el sonido de una guitarra española marcan el ritmo de su monólogo dialogado. O el de un diálogo 'monologado'. Porque 'El Brujo' sale, se arranca y habla con el público como si éste le respondiese desde el silencio o la risa cómplice.
En esta ocasión, Rafael Álvarez ejerce de testigo. 'El testigo'. Se dice que un testigo es una persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. Que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo. Al menos, así lo considera la RAE. El testigo constituye un elemento clave en la cadena de la memoria histórica, de la memoria colectiva. Así sucede durante la función. El actor se mete en la piel de un compañero de aventuras y fiestas del tal Pantalón, un personaje que Quiñones utiliza para elevar el flamenco a la categoría del pensamiento. Porque el flamenco no sólo es un arte, sino también una forma de ser, de sentir y de contar las cosas que suceden.
'El Brujo' ha asegurado que el flamenco ha sido, en su caso, un ritual de iniciación al arte. Que a los tonos y gritos del ante les debe mucho como actor. Se nota. 'El Testigo' bebe un vaso de vino tras otro, cambia de postura constantemente sobre la silla y cuenta anécdotas sobre Pantalón de manera que uno le imagina, presente, ausente. 'El Brujo' tira de nervio gitano, de gracejo natural. De repente, detrás del esperento 'pantaloniano' se esconde el relato escénico de la vida, la creación del mito que constituye todo aquella persona a la que admiramos.
Publicado el 10 de febrero de 2010 a las 11:00.